Historias irrepetibles
Babe Ruth o la universidad
Eiji Sawamura fue la primera gran estrella que dio el béisbol japonés que saltó a la fama durante la gira que los mejores profesionales de Estados Unidos hicieron por su país y que a él le obligó a tomar una decisión vital.

Babe Ruth posa con Eiji Sawamura / FDV
Eiji Sawamura se crio para ser jugador de béisbol. Su padre, Kenji, lo había practicado años antes cuando el juego se introdujo por primera vez en Japón gracias a marineros estadounidenses que desembarcaron con una pelota y el guante, y transmitió la pasión a su primogénito que resultó tener una habilidad sobrenatural para el lanzamiento. Tras años de práctica con su padre, el pequeño Sawamura, nacido en Ise dentro de la Prefectura de Mie, logro desarrollar un control preciso, una velocidad vertiginosa para su edad y una curva asombrosa.
No era de extrañar que aquel muchacho acabase por convertirse en un acontecimiento nacional. No tardó en correr por Japón la leyenda de un lanzador que hacía diabluras gracias a un brazo único. Su primer logro fue cuando en 1933, con apenas dieciséis años, ingresó en la Escuela Secundaria de Kioto que apenas tenía programa de béisbol ni jugadores de un mínimo nivel que acompañasen a Sawamura. Pero él, sin ayuda de nadie, llevó a la escuela a los cuartos de final del torneo nacional. La prensa más entusiasta lo bautizó como “el equipo de un solo hombre”.
Sin liga profesional en ese momento, en Japón el béisbol giraba alrededor de las universidades que iniciaron una dura competencia por atraer a Sawamura que estaba a punto de terminar sus estudios de secundaria y tenía que elegir. Keio tenía casi todas las papeletas para llevárselo. Pero justo en ese momento Matsutaro Shoriki, presidente del Yomiuri Shimbun , el principal periódico de Japón, estaba poniendo en marcha un plan para crear la primera liga profesional de béisbol de su país. El primer paso era aumentar el interés nacional en el deporte. Para lograrlo, Shoriki, muy bien relacionado en Estados Unidos, convenció a Connie Mack, dueño y mánager de los Philadelphia Athletics, para que llevase de gira a Japón un equipo con las grandes estrellas del béisbol norteamericano. La gira se realizaría en otoño e invierno, tras el final de la temporada de las Grandes Ligas de 1934. Ante lo que sería la reunión de jugadores americanos más destacada que jamás hubiera recorrido la isla, Shoriki necesitaba un equipo japonés que pudiera desafiar a los profesionales y despertar el interés y el orgullo de sus compatriotas. El caldo de cultivo que necesitaba para poner en marcha la liga profesional.
A Tadao Ichioka, responsable de deportes del Yomiuri Shimbun, le encomendaron la tarea de formar al equipo que debía hacer frente a los americanos entre los que ya había confirmado su presencia el legendario Babe Ruth y otras celebridades como Lou Gehring, Jimmie Foxx o Gehringer. Ichioka necesitaba a los mejores del país en el equipo y quería por encima de todo a Sawamura en el equipo. El periódico le pagaría 120 yenes (36 dólares) al mes, una cantidad muy superior a la que ganaban la mayoría de artesanos cualificados como los Sawamura. La familia necesitaba aquellos ingresos adicionales para mantener a los hermanos de Eiji y vieron con muy buenos ojos la invitación, pero la propuesta acarreaba un importante peaje. El Ministerio de Educación de Japón acababa de aprobar un edicto que prohibía a estudiantes de secundaria y universitarios jugar con profesionales. Si Eiji Sawamura se unía al equipo, sería inmediatamente expulsado de la escuela secundaria y perdería la oportunidad de asistir a la Universidad de Keio el semestre siguiente. Fueron días difíciles en casa, pero finalente Eiji decidió aceptar la propuesta de entrar en aquel equipo al que bautizaron como “Dai Nippon” (Todo Japón). Eligió jugar contra Babe Ruth aunque eso anulase sus posibilidades de formarse y de crecer en el béisbol universitario. De todos modos, si la gira tenía éxito y el plan de crear una liga profesional en Japón salía adelante seguramente no tendría problemas para encontrar un hueco en ella y podría ganar dinero para ayudar a su familia y enviar a sus hermanos pequeños a la universidad para disfrutar de lo que él no podría. No había certezas pero sí esperanzas. El propio Shoriki, consciente del dilema al que se enfrentaba, se lo expuso claramente: “Tranquilo. Cuidaré de ti toda la vida”.
La gira fue un paseo para los americanos que se impusieron en los siete partidos, pero fue un éxito gigantesco porque los estadios se abarrotaban para ver a aquella colección de estrellas contra un grupo de voluntariosos japoneses formados por un estudiante de secundaria y un puñado de jugadores que estaban a punto o habían terminado su etapa universitaria. Pero en el tercer partido de aquella serie sucedió algo extraordinario. Eiji Sawamura se subió al montículo y eliminó de forma consecutiva a los cuatro más grandes que formaban parte del equipo: Babe Ruth, Lou Gehring, Jimmie Foxx y Gehringer. Ganaron los americanos por 1-0 pero Japón descubrió ese día a un nuevo ídolo.
Connie Mack, el dueño de los Philadelphia Athletics que tanto empeño puso en la gira, le ofreció irse a Estados Unidos porque sabía que tendría un hueco en las grandes ligas en cuanto puliese un poco aquel talento. Sawamura rechazó la propuesta aunque no tardaría en viajar a Norteamérica dentro de una gira protagonizada por los Gigantes de Tokio que era el nombre con el que Shoriki había rebautizado al equipo que recibió a los americanos y que sería uno de los integrantes de la liga profesional de Japón que vio la luz en 1936.
En 1937 Eiji Sawamura fue llamado de nuevo por su país pero en este caso para formar parte del Ejército Imperial que en ese momento estaba en guerra con China. Compatibizó el béisbol con la formación como soldado de infantería y en 1938 fue enviado al frente integrado en el 33 Regimiento. Aunque suena a broma en Japón le convirtieron en una leyenda militar por el prodigioso lanzamiento que tenía de las granadas que según algunas crónicas dotadas de exceso de patriotismo evitó en ocasiones la muerte de sus compañeros. De su primera experiencia en la guerra regresó con una herida de bala en el brazo izquierdo de la que se recuperó con rapidez para volver al frente.
De vuelta a casa retomó su papel en los Gigantes (la Liga de Japón solo se detuvo en 1945) aunque comenzó a sentir que su brazo ya no era el mismo. Seguía siendo un jugador diferencial, pero su magia parecía haberse quedado en China. Aún así siguió acumulando victorias con su equipo (ganaron seis títulos consecutivos), se casó con su novia de toda la vida y a finales de 1941 volvió a ser llamado a filas para participar en el ataque a Filipinas. Los americanos, hasta hacía poco sus rivales en el campo, eran ahora sus enemigos en el campo de batalla después del ataque a Pearl Harbour. Tardó más de un año en volver a Japón y cuando lo hizo su rendimiento cayó en picado. Ya no podía lanzar igual. La malaria había dejado huella en su cuerpo y a comienzos de 1944 los Gigantes le invitaron a salir del equipo. Aceptó a regañadientes una retirada y nueve meses después tuvo a su primer hijo. Justo entonces fue llamado a filas por tercera vez. Embarcó el 27 de noviembre con sus compañeros en un convoy rumbo a Filipinas. En su travesía se cruzaron con el submarino USS Sea Devil y el teniente Eiji Sawamura se convirtió en uno de los dos mil soldados japoneses que el 1 de diciembre de 1944 se hundieron para siempre en el mar.
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