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Boxeo

Los rescoldos del león

El primer combate de boxeo en silla de ruedas disputado en tierras gallegas no fue una exhibición de coreografías pactadas ni fuegos de artificio. La intensidad del pucelano Alberto Carrión despertó en Simón su viejo espíritu guerrero.

Simón González y Alberto Carrión, durante la pelea.

Simón González y Alberto Carrión, durante la pelea.

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Ha concluido la velada en el pabellón de Os Remedios. El presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, ourensano de pro, se acerca a su paisano, Simón González, al que aún se le agita el pecho de resuello y emoción.

–No pierdes las mañas.

–El que tuvo, retuvo

Simón, trece veces campeón mundial de kickboxing y también boxeador, en silla de ruedas desde el accidente doméstico que le comprimió la médula en 2014, ha protagonizado el primer combate de boxeo adaptado en la historia de Galicia. Su rival, Alberto Carrión, más joven y cuajado en la especialidad, le ha exigido una intensidad que no había anticipado. Superada la sorpresa inicial, la batalla ha reavivado los rescoldos de su ardor. «La verdad es que me he sentido bastante bien», revela.

Simón, afincado desde hace décadas en Vigo, donde posee el gimnasio de su nombre, ha iniciado esta nueva aventura donde se inició la anterior. Se lo había prometido el presidente de la Federación Gallega de Boxeo, Manolo Planas. En abril, en un clinic federativo, había conocido los primeros rudimentos del boxeo rodado.

Ya entonces había hecho guantes con Carrión, pionero en España y que ha redactado el reglamento estatal. Carrión había jugado en la élite del baloncesto en silla; en el Amfiv olívico, entre otras escuadras. Su maniobrabilidad con la silla supera a la de Simón. Este presumía de mayor técnica.

Manolo Planas, en el ring, con ambos púgiles.

Manolo Planas, en el ring, con ambos púgiles. / Cedida

En cualquier caso, el gallego esperaba una exhibición más vistosa que áspera, casi de sombras. De hecho, no se sometió a la disciplina de antaño. Acompañó a los chavales en las peleas previas de categoría promesa. No calentó. Ni siquiera era capaz de encontrar el protector bucal cuando anunciaron su turno. «Al principio estaba perdido. No se puede atender a todas las cosas. Hay que estar un poco centrado», admite.

Una victoria común

Carrión le espantó bien pronto la relajación. Simón dedicó el primer asalto a protegerse. En el segundo tomó la iniciativa. Sintió a Carrión más desfondado en el último. El público de Os Remedios jaleó el intercambio. Simón entiende que sus golpes fueron más precisos que los de su adversario, que tiró muchos por fuera. No hubo resultado oficial. En realidad, los dos ganaron. Así lo consagraron el árbitro y Planas, levantando los brazos de ambos.

«A la gente le gustó mucho. Quieren ver agresividad dentro del cuadrilátero. El espectáculo en sí va en función del espectador. Tienes que desarrollarlo de esa manera. Me parece correcto», admite Simón, viejo león y cachorro ilusionado a sus 60 años. «Estamos iniciando una nueva etapa del boxeo adaptado».

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