Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Artes Marciales

Naoki Komatsu Cabrera, el samurái con ADN vigués

Naoki Komatsu Cabrera se ha proclamado subcampeón de España cadete de kendo. El joven, además de miembro del Fuji Dojo vigués, el único club de esta disciplina en Galicia, se ha instruido durante las visitas a Japón. Su pasión es también un legado. Entre los antepasados de su familia se cuentan samuráis

Naoki, a la derecha, con otros kendokas del Fuji Dojo.

Naoki, a la derecha, con otros kendokas del Fuji Dojo. / José Lores

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Oriente y Occidente se fusionan en su genética y su herencia. Komatsu Naoki al sol naciente. Naoki Komatsu en poniente. Cabrera como apellido materno. Siempre el mismo de envés o revés, el joven vigués se ha proclamado a sus 15 años subcampeón de España cadete en kendo. Esta esgrima japonesa con armas de bambú es más que un deporte o un arte marcial para él. Descendiente de samuráis, el ‘sendero de la espada’ le conecta con sus raíces. «Es una parte importante de quien soy. Me da la vida», proclama.

A Naoki le ha precedido una fascinación improbable; la de aquellos chicos que en el cambio de siglo, queriendo practicar kendo, contactaron con Hiroshi, un japonés que residía en Chapela. A este primer preceptor le siguió otro argentino, Javier, que había practicado en su país. Entre adhesiones y marchas, cambios y mudanzas, la actividad fue cuajando. Las licencias originales, entre 2005 y 2007, se adjudicaban al gimnasio Lanzalía. En ese año se adscriben ya al Club Kendo Vigo.

La selección gallega, en Valladolid.

La selección gallega, en Valladolid. / Cedida

Lo relata Guillermo Briones, uno de aquellos alumnos pioneros, que hoy instruye a otros igual que Diego Fernández, el maestro nacional que los sustenta. El nombre de la entidad se ha alargado a Club Kendo Vigo-Fuji Dojo. El único en Galicia de esta modalidad, que prolifera sobre todo de Madrid hacia Levante, y el único en España con un bautizo apropiado: dojo como lugar de respeto; Fuji por «simpar». Se lo adjudicó el sensei Takizawa Kenji, de visita en la ciudad, cuando los presenció entrenando en Castrelos. «Nunca había visto practicar kendo en un parque», explica Briones.

Ahora se ejercitan lunes, miércoles y viernes en una sala del pabellón de Coia, donde las humedades devoran los tatamis. Alquilan el pabellón de Mondariz algún domingo por practicar sobre suelo firme, más adecuado para las maniobras –la superficie ideal sería de tarima flotante–. Son alrededor de una veintena, de frecuencia fluctuante. «Cada uno tiene su propia historia», resume Briones. Algunos provienen de disciplinas orientales. A otros les atrae la cultura japonesa o les ha envalentonado el anime. «Llegan, ven que se suda mucho y que los golpes pican un poco aunque te pongas armadura... En la tele se ve más bonito, aunque luego te acostumbras».

Entrenamiento en Coia.

Entrenamiento en Coia. / Jose Lores

A Naoki nunca le han importado los escozores. Sus padres, Kazunori y Noelia, habían conocido previamente a Briones. «Vinieron los dos hermanos pero al final se quedó Naoki. Tenía 11 años», recuerda. Noeli revela: «Quisimos que probase el kendo porque es un deporte noble y elegante». Y en cierto modo, en la medida en que traduce a estos tiempos las antiguas tradiciones, por prolongar la estirpe: «Naoki desciende de samuráis por parte de la familia de su abuela paterna. Se dedicaban a adiestrar a otros en equitación y en cómo luchar con la katana mientras iban montados a caballo».

Constante progresión

«Su evolución ha sido meteórica», valoran en su casa y Briones destaca que «es muy fuerte, resistente y rápido». Ahora incide en que progrese en técnica y estrategia, que precisará en el futuro paso a sénior. La constancia le sobra. Los Komatsu mantienen contacto constante con Japón y lo visitan al menos una vez cada dos años. Naoki, que posee la doble nacionalidad, se ha entrenado en varios dojos y este verano se sometió a un cursillo intensivo en un instituto. E incluso en la localidad inglesa de Carshalton, durante el PILI Vigo de septiembre, se pudo enrolar en el Dojo Tsubaki y logró la medalla de bronce en el torneo londinense del Wakaba Kendo Club.

«El kendo es un camino que nunca he dejado de recorrer desde que lo comencé. Me esfuerzo muchísimo. Entreno y vivo con una gran pasión», asegura Naoki. «Cada competición es muy importante para mí y lo hago mucho mejor cada vez. Mi trayectoria es ascendente y la disfruto enormemente». El olívico, cinturón negro de 1° dan desde que aprobó el examen pertinente en Valencia, quedó quinto en sus dos primeras participaciones en el Campeonato de España, en 2022 y 2023. Bronce en 2024, el penúltimo fin de semana de noviembre acudió a Valladolid a seguir mejorando sus registros. Lo logró. Sólo el representante de la potente escuela balear, que dirige el seleccionador nacional, lo frenó en el duelo definitivo. Briones valora especialmente el resultado ante la falta de rivales de su edad y nivel con los que practicar a diario.

Naoki, con su medalla.

Naoki, con su medalla. / Jose Lores

«Me resulta muy frustrante y motivador verla», confiesa Naoki con su plata al cuello y enseguida matiza: «Sobre todo motivador. Mis esfuerzos constantes me han llevado hasta este nivel, pero no me quedaré aquí. Llegaré mucho mucho más alto y está medalla me recuerda que aún tengo muchísimo por hacer».

Quietud y frenesí

Los kendokas se observan en silencio y se acometen a gritos. Combinan quietud y frenesí. Relampaguean y amainan. Su coreografía es tan tajante como sutil, sin filigranas. «Es un combate tremendamente rápido, de todo y nada. No sucede como en la esgrima, que tocas y el cacharro pita», explica Briones. «En kendo hay que golpear con intención de cortar y sólo en sitios concretos, lo que dificulta la competición». Antebrazo, cabeza y parte baja del torso se exponen a los tajos. Una placa bajo el cuello, a las estocadas. El rito es sustancia: «Ese toque tiene que sonar y no puedes cortar desequilibrado; si no, pierdes toda la esencia. Hay una forma de hacer las cosas».

Briones detalla sus beneficios: «A nivel físico, pese a ser un deporte muy asimétrico, tiene una gran importancia la postura corporal. He visto gente que andaba encorvada y tras un par de años entrenando la ves caminando recta, erguida, orgullosa. Son aportaciones importantes».Se trasluce fuera lo que se cultiva en el interior. La calma que precede al golpe. Recuerda Briones que en la cena posterior a un seminario le preguntaron al maestro Takizawa si conocía alguna escuela de meditación zen y éste se echó a reír.–Si practicas kendo ya estás haciendo meditación zen.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents