Historias irrepetibles
El corazón de Bolonia
Renato Dall’Ara, un humilde campesino que tuvo fortuna en el mundo textil se convirtió en un legendario presidente del Bolonia hasta el punto de entregar la vida por él.

Renato Dall’Ara, histórico presidente del Bolonia / FDV
Hablar del Bolonia -rival del Celta el próximo jueves en la Europa League- es hacerlo obligatoriamente de Renato Dall’Ara, su inolvidable presidente y la persona que da nombre a su envejecido estadio desde hace más de cuarenta años cuando la ciudad y el club decidieron rendirle un eterno homenaje en agradecimiento a una entrega que, sin pretenderlo, llevó hasta sus últimas consecuencias.
La tranquila vida del club de la Emilia-Romagna saltó por los aires el 4 de marzo de 1964 cuando a la sede de los rossoblu llegó un comunicado de la Federación Italiana en la que le anunciaban la pérdida de tres puntos y la suspensión por 18 meses de su entrenador y de cinco de sus futbolistas (Fogli, Pascutti, Perani, Pavinato y Tumburus) debido al consumo de anfetaminas durante el encuentro que habían ganado semanas antes al Torino por un contundente 4-1. Aquel triunfo suponía el noveno consecutivo del conjunto entrenado por Fulvio Bernardini, el único que a esas alturas de la temporada parecía en condiciones de discutirle el título al poderoso Inter de Helenio Herrera.
La noticia supuso un golpe tremendo para toda la sociedad de Bolonia, pero especialmente para su presidente, Renato Dall´Ara. Este empresario textil, de setenta años, llevaba tres décadas al frente del club y en sus primeros siete años había conquistado cuatro títulos de Liga. Pero ya habían pasado más de veinte años desde el último y el veterano dirigente se había embarcado de un modo aún más intenso en la tarea de devolver al Bolonia a lo más alto del fútbol italiano. Había mucho de orgullo personal en la tarea sobre todo después de que en la ciudad comenzase a crecer un importante apoyo popular hacia la figura de Attilio Monti, un empresario del petróleo que no descartaba pelear por la presidencia del Bolonia y alimentaba esa posibilidad cada vez que se manifestaba en público. Para mucha gente su inmensa fortuna era una tentación irresistible y por eso Dall´Ara intensificó su esfuerzo para que la hinchada entendiese que él era un personaje imprescindible para el Bolonia. Por eso participó como nunca en la confección de la plantilla de aquellas temporadas junto a Fulvio Bernardini, el hombre al que tres años antes había otorgado la dirección técnica. Su implicación llegó al punto de viajar en su propio coche a Alemania, pese a su precario estado de salud y las recomendaciones de los médicos, para convencer personalmente al alemán Helmut Haller, uno de los referentes de la selección alemana de comienzos de los años sesenta, de que fichase por el equipo con el convencimiento de que encajaría como un guante en el fútbol italiano, como así fue. A su regreso sufrió un accidente y cuando los periodistas acudieron al hospital a preguntarle por su estado de salud él les contestó ufano: «Lo único que importa es que el contrato está firmado».
La llegada del alemán cosió el medio del campo de forma inimaginable que comenzó a funcionar de manera magnífica en 1962 y estalló un año después. Formó una pareja con el internacional italiano Giacomino Bulgarelli y juntos desbloquearon al danés Nielsen, que había llegado unos años antes con la etiqueta de gran goleador y sin embargo presentaba unos números discretos. Pero Haller sacó lo mejor de él y en la temporada 1963-64 el Bolonia comenzó a volar en busca del Inter de Helenio Herrera. Un fútbol distinto al que se proponía desde Milán donde el “catenaccio” se había hecho religión. El Bolonia era alegre, atrevido y se lanzaba al ataque sin complejos. Bernardini, su entrenador, en un día de euforia llegó a decir que “así solo se juega en el cielo”.
Cuando a comienzos de marzo llegó el comunicado de la Federación Italiana Bolonia se echó a la calle por lo que ellos entendían una maniobra del poderoso Inter para quitarse de encima un incómodo e inesperado enemigo. Alguien a quien podrían doblegar gracias a sus influencias. Así se vendió la película en el entorno del conjunto «rossoblu». El Bolonia acertó de lleno a la hora de plantear la estrategia de defensa. El reglamento le obligaba a recurrir solo a los estamentos deportivos, una opción que no querían utilizar. Entonces tres abogados de Bolonia acudieron a la justicia ordinaria y presentaron un recurso a título personal por lo que consideraban un atropello al Bolonia y presionaron al límite a la Federación Italiana. A partir de ahí el proceso estuvo lleno de irregularidades. No se pudo hacer el contraanálisis porque los frascos que contenían las muestras habían sido manipulados y nunca quedó muy clara la dosis de estimulantes que encontraron a los futbolistas. Un circo que terminó con un juez dando la razón al Bolonia que recuperó a los jugadores, a su entrenador los puntos del partido con el Torino y pudo continuar la carrera con el Inter hasta la última jornada en la que recibían al Lazio en su estadio.
A esa fecha llegaron ambos equipos igualados. El Bolonia se impuso por 1-0 gracias a un gol del alemán Haller y sus aficionados esperaban ansiosos en el mismo estadio noticias desde Milán donde el Inter jugaba con el Atalanta. En ese momento se produjo una tremenda confusión porque la megafonía anunció «spareggio» -desempate- aunque mucha gente entendió «pareggio» (empate) dando por supuesto que el Inter había tropezado. La tensión y el enredo provocó la indisposición de Dall´Ara que abandonó el estadio junto al médico incapaz de resistir aquella tensión. La cuestión es que ambos equipos finalizaron igualados a puntos y se veían condenados a resolver el título en el desempate que se jugaría el 7 de junio en Roma.
Los médicos desaconsejaron al dirigente del Bolonia acudir a la reunión con el presidente del Inter que se celebraba tres días antes en la sede de la Liga para discutir distintos detalles del partido. Pese a los problemas cardiacos que arrastraba desde hacía tiempo el imparable Dall´Ara acudió para verse las caras con su homólogo Angelo Moratti y como no podía ser de otro modo el supuesto dopaje del Bolonia estuvo presente en el encuentro con cruce de acusaciones entre ambos. La discusión fue muy acalorada y en un momento el presidente del Bolonia se sentó en la silla con sensación de ahogo. Llamaron de inmediato a los médicos, pero el infarto fue casi fulminante. Dall´Ara murió en el despacho de Giorgio Perlasca, presidente de la Federación Italiana, mientras uno de sus grandes rivales trataba de reanimarle.
La noticia supuso una tragedia para Bolonia y un golpe brutal para la plantilla que desde hacía un par de días estaba concentrada en Roma para adaptarse al calor que le esperaba en la capital italiana. Sin embargo, la plantilla se recompuso a tiempo de brindar el mejor homenaje póstumo que se recuerda. Dos días después derrotaron al Inter que diez días antes había ganado la Copa de Europa al Real Madrid en Viena. Lo hicieron fieles a su estilo porque nunca se habrían perdonado traicionarse justo en ese momento. Los goles de Facchetti en propia puerta y Nielsen le dieron el último título de Liga de su historia, el que Renato Dall’Ara quería para convencer a la ciudad de Bolonia que nunca habría un presidente como él. El técnico Bernardini, roto por la emoción, no entró al trapo de las acusaciones de dopaje vertidas por Helenio Herrera. Sus jugadores atribuyeron aquella victoria a la inspiración que recibieron de su presidente fallecido en las horas anteriores al encuentro. Bolonia lloró aquellos días de felicidad y de tristeza como nunca habían hecho.
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