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Entrevista | Fran Soto Presidente del Comité Técnico Arbitral

«Quiero humanizar al árbitro y normalizar el error»

Fran Soto (1980) preside desde julio el Comité Técnico Arbitral. El vigués ha cambiado su posición de socio en Garrigues por uno de los cargos más expuestos del deporte español. Su amor al arbitraje explica la apuesta. Soto atiende a FARO en el Federativo de Coia, donde siendo adolescente conoció esta pasión.

Fran Soto, en el Federativo de Coia.

Fran Soto, en el Federativo de Coia. / José Lores

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

–¿Cómo le comunica Louzán que quiere que presida el CTA?

A través de Garrigues yo estaba haciendo cosas con la Federación Española. Había empezado con la Gallega. Recuperamos parte del IVA. Entablé relación con el secretario general, Álvaro de Miguel, y el director general, Manuel Alinde. Realmente Rafa nunca se tomó en serio plantearme de forma directa esto. No pensó que yo daría el paso. Hablé para todo con Álvaro. Vio que lo que quería Louzán era más bien un gerente, un CEO, más que un presidente. Fueron conversaciones de mes y medio. Al principio lo veía muy lejano. Estaba de maravilla como socio en Garrigues. Pero me fue entrando el gusanillo. «¿Y si sí?». Es una vez en la vida, una posición muy relevante, de mucha responsabilidad, en algo que es casi un hobby para mí.

–¿Caviló mucho?

Me lie la manta a la cabeza. Si le hubiese dado muchas vueltas, no me hubiera ido. Estaba con mi familia, a cinco minutos andando del trabajo, ganando bien, con una posición consolidada… Es una cosa vital. Le pregunté a mi mujer y pensé que me iba a decir que ni de coña. «Bueno, si te hace ilusión…». Cogí ese momento de debilidad familiar y me dije: «Vamos allá».

–Su nombramiento se mantuvo en secreto hasta el anuncio.

Gente de la federación me decía que era la primera decisión tan relevante de la que no se hubiese filtrado nada. Mi nombre, igual alguien me vio, salió cinco minutos antes de mi presentación con un mensaje de Juanfe, de El Chiringuito. Sólo lo sabíamos el director general, el secretario general, Louzán y yo, prácticamente.

–La situación con Medina Cantalejo era tormentosa.

No me quiero meter para nada con lo de atrás. Estoy convencido de que los que estuvieron antes lo hicieron lo mejor que pudieron.No vendo un tiempo mejor, sino un nuevo tiempo. Esto procede de una comisión de reforma entre clubes, árbitros y federación en la que decidieron hacia dónde querían orientar el arbitraje. Se requerían cambios y se estaba esperando a la figura que los comandase. La gente estaba expectante.

–Siempre un exárbitro de Primera presidía el CTA. ¿Cómo se ha recibido un perfil distinto?

Al principio costó un poco. Los árbitros profesionales están acostumbrados a que los dirija un árbitro profesional e internacional. Creo que me los he ido ganando. Han visto cómo trabajo. He nombrado una comisión, con David Fernández Borbalán, que es la dedicada a aspectos técnicos. Yo no me meto en eso y los árbitros lo ven. Estoy en el tema de gestión, de organizar, supervisar y tomar decisiones. Cuando detectaron esa diferenciación, que yo represento una figura que nunca había existido, se han quedado tranquilos. Han visto que esto funciona bien.

 –¿Y en Madrid la llegada de alguien fuera de su radar?

Mi bagaje profesional en Garrigues era un factor positivo. Es el mayor y probablemente el mejor despacho de Europa. Estoy acostumbrado a tratar con altos empresarios. La gente no me ha visto con un ‘don cualquiera’, sino alguien con una experiencia muy potente en el ámbito profesional, jurídico, como asesor fiscal de multinacionales y empresas cotizadas. He superado esa posible reticencia inicial hacia alguien de provincias, como dicen allí. Estoy tratando de tener mucho diálogo con todo el mundo. En el cara a cara ven que soy competente.

–¿Cómo ha quedado su vinculación con Garrigues?

Tuve que vender las participaciones. En su sede, en las torres de Colón, el secretario del consejo de administración me decía que en la historia de Garrigues nunca un socio de 45 años había dejado el despacho. Yo tenía una retribución superior a la de ahora, con una vida clara. Sabía lo que iba a ganar hasta los 60. Lo difícil en Garrigues es llegar a socio. Una vez que lo consigues, estás muy estabilizado social y profesionalmente.

–Es una revolución vital.

No es fácil que pueda volver a Garrigues después de haberme ido vendiendo todo. Es un cambio total. No sé si me dedicaré al mundo jurídico en el futuro o si seguiré dentro de la rueda del fútbol…

–En el arbitraje se sienten familia. Usted ejercerá como padre.

Es lo que me motiva; sentirme parte de una familia que estoy liderando para orientarla a unos principios adecuados. Y es vivir de lo que me gusta. El mundo del Derecho me gustaba pero no dejaba de ser una profesión. Esto me apasiona, aunque también sea un trabajo de 24 horas, siete días a la semana. Estoy en Las Rozas de lunes a viernes y el fin de semana llegan los partidos, las llamadas de directivos, presidentes y árbitros, hay incidencias con las que lidiar… Es estar pensando en arbitraje el 100% del tiempo. A quien más le cuesta es a la familia. Estoy menos con mi hija de 12 años. Mi mujer estaba acostumbrada a verme todos los días. Pero lo han entendido, igual que mis padres.

–¿Le sorprende algo en el CTA cuando aterriza?

Se puede hacer mucho a nivel tecnológico. Muchos procesos son arcaicos. Se ha seguido con lo de atrás. Los propios empleados del CTA contestan: «Es que esto se viene haciendo así siempre». Es la respuesta que no admito. Hay frases por las que me conocen: «Vamos a hacer historia», «vinimos a jugar» y «esto es un lienzo en blanco». Creo realmente que esto va a cambiar el mundo arbitral. No venimos a estar sino a hacer, sin miedo. Y tenemos el poder de hacer los cambios que queramos. Vamos a pensar de forma diferente.

–Combatir inercias y generar una cultura diferente cuesta.

No sólo entro yo. Prácticamente toda la estructura de junta directiva se ha ido. Entra gente nueva, con nuevas ideas y formas de entender el trabajo. El cambio es suficientemente importante como para cambiar mentalidades.

–¿Cómo resume su programa?

Quiero humanizar al árbitro, que se le vea como un deportista más, con su vida privada, su día a día ordinario… ¿Cómo? Tenemos que tratar de ser empáticos.

–Recuperan el nombre de pila.

Se humaniza más llamando a un árbitro por su nombre que por sus dos apellidos. En ninguna otra profesión sucede y es algo que viene de época de Franco, con un matiz extraño. Cuando entré me chocaba no conocer el nombre de pila de muchos árbitros. ¿Cómo voy a dirigirlos así? Saber el nombre nos va a acercar. Y hay que normalizar el error. Espero que la sociedad entienda al árbitro. Hemos sacado lo del «Tiempo de revisión», con los errores que haya sin ningún problema. Otro principio inspirador es la meritocracia. Vengo sin mochilas y no voy a admitir presiones de Territoriales para que suba un árbitro. No sé cómo era antes, que no se vea como una contraposición…

–Los propios árbitros no conocían los criterios de puntuación.

A la meritocracia le unimos transparencia. Hemos sacado una circular y queremos que los árbitros sepan en qué va a basarse su evaluación, los porcentajes de los informes del delegado de partido, la comisión técnica, las pruebas físicas... Nunca se había hecho. También potencio la normalidad, la cercanía y el diálogo. Estoy quedando con clubes en sus sedes, en el CTA, o quedando con presidentes a comer. Tengo mucha relación con LaLiga. Hablo casi a diario con Víctor (Martín Ortega), el segundo de Tebas. Quizá el arbitraje siempre fue un grupo un poco cerrado, un poco endogámico. Estoy tratando de abrirlo al mundo y ser yo la punta de lanza de esa apertura.

Concordia

–La concordia entre Louzán y Tebas le favorece.

Estoy tratando de potenciar ese clima partiendo de la base de una independencia total. Como CTA nunca vamos a permitir que otros nos controlen. En el momento en que sucediese, yo me tendría que ir. Igual LaLiga o clubes proponen ideas y estoy dispuesto a oírlas y reflexionarlas, pero nunca permitiré imposiciones. Escucharé y tomaré mis propias decisiones.

–En Vigo podrían pensar que pronto se cumplirá ese anhelo de tener un árbitro en Primera. Que era su deseo, como delegado.

Me considero muy profesional. De hecho, el otro día reconocí en una entrevista que soy seguidor del Celta. Nunca un presidente del CTA había dicho de qué equipo era. Tenemos que normalizarlo, sumado a la vez a una profesionalidad total. Si me dejase llevar por mis intereses personales y no supiese separarlos de mi labor, no valdría para este puesto. A título personal me gustaría que Vigo tuviese un árbitro en Primera; a título profesional, seré muy estricto. Meritocracia pura y dura.

–Siempre habrá quien sospeche de favores arbitrales al Celta.

Yo lo planteo de la siguiente manera: soy un apasionado del fútbol, nací en Vigo, mis padres son de Vigo, fui toda la vida al fútbol… ¿De quién voy a ser? Si no fuese del Celta, sería un bicho raro. Y claro que soy también del árbitro y los defenderé profesionalmente. Si el Celta tiene que descender por actuaciones arbitrales, descenderá y yo estaré psicológicamente muy tranquilo. Y si hay errores a favor o en contra, para mí serán neutros. Pero tenemos que normalizarlo. Si viví la época de Mostovoi, Karpin, Mazinho, Makelele…

–El caso Negreira parece haber extendido una sombra sobre el arbitraje aunque ningún árbitro haya sido condenado.

Ni condenado ni investigado. Si en un procedimiento judicial están siendo investigadas diferentes personas, clubes e instituciones y no hay un solo árbitro, ¿por qué la sombra sobre ellos? Me cuesta entenderlo. Es algo con lo que por desgracia tengo que convivir. A veces se malinterpreta que diga que lo quiero olvidar. No pretendo borrarlo. Hablo de mi gestión. Quiero que el juez dicte una sentencia y lo que sea, será. Soy abogado. Confío en la justicia.

–¿Cómo enfoca su relación con el Real Madrid?

Mi deseo sería normalizar la situación, sin duda. Sería básico en la gestión. Si llegamos a ese punto, sería un éxito tremendo. Haré todo el esfuerzo para conseguirlo.

–¿Se está encauzando el VAR?

Volvemos al origen, entrar en errores claros, obvios y manifiestos. Y eso es casi una consecuencia de nuestro enfoque. Queremos que los árbitros arbitren como si no hubiese VAR; que sean valientes y tomen decisiones en el campo. A veces daba la sensación de que cómo tenían el paracaídas del VAR... Comparativamente con la temporada pasada, las intervenciones son muy inferiores. Cierto que empezamos con muy pocas y últimamente han aumentado. A ver si somos capaces de ajustarlo. De todas formas, cuando el VAR tiene que entrar, tiene que entrar.

–¿Qué aplicación le ve a la IA?

Se está analizando, junto a LaLiga, que la IA pueda ayudarnos en la evaluación de los árbitros; es decir, crear un sistema donde haya elementos objetivos. Pongo un ejemplo tonto: la distancia del árbitro con el balón. Pero siempre habrá personas detrás. El manejo de partido es muy subjetivo. No deben desaparecer los delegados de partido, el observer que hace un segundo informe por TV, la comisión técnica. El arbitraje no es blanco o negro; hay grises, gestión…

–¿Cómo asimila ser conocido?

De momento aún no detecto que la gente me conozca. No sé cómo lo llevaré cuando sí suceda. No es algo que me preocupe especialmente. El otro día en una entrevista en la radio me sentí cómodo. La exposición pública, de momento, a título personal, no es algo que me afecte mucho. Lo voy llevando.

–¿Teme que su familia pueda sufrir alguna situación desagradable como las que mencionó De Burgos antes de la final de Copa?

Soy de Vigo de siempre, igual que mi familia, y no creo que vaya a suceder por cómo se viven las cosas en Galicia, por nuestra forma de ser. Igual estoy equivocado, pero no lo creo. De hecho, mi hija va a empezar ahora a arbitrar.

–¿Nota el orgullo del fútbol vigués por su nombramiento?

Sí, sí. Yo me siento muy vigués y muy gallego. Es un orgullo y creo que es algo positivo que un vigués pueda estar en posiciones tan altas en un deporte que mueve masas. Noto que a la gente le gusta como a mí me gusta que haya personas de Vigo en puestos relevantes.

–En Coia, viendo a adolescentes pitar, ¿recuerda sus inicios?

Claro. Cuando uno es árbitro muere árbitro. Es un sentimiento difícil de explicar si no lo vives. Cuando sales al campo, te da igual el partido. Tratas de disfrutar...

–Por soñar: algún día se respetará al árbitro en el fútbol español como, y supongo que le ponen muchas veces este ejemplo…

…como el rugby. Confío en que sí. Sabiendo que es muy complicado, igual una utopía, parte de mi actuación se dirige a esa finalidad. La meta de todo lo que he dicho de humanizar el arbitraje y el error es llegar a ese punto; que el árbitro se vea como un actor más del fútbol y las decisiones se asuman con los errores que van implícitos.

–¿Se fija límites temporales?

No. Tengo muchas ideas, como buscar fórmulas para acabar con las agresiones en el fútbol base. Ya hemos solicitado reuniones con el CSD. Debemos ir por la formación y a la vez, que la pena sea lo más gravosa posible. Queremos organizar un gran congreso de arbitraje como nunca se haya hecho en el mundo; unificar los cursos de iniciación en las delegaciones; elaborar algún documental que acerque el arbitraje a la sociedad. Se necesita tiempo. Trataré de que esto sea lo más largo posible para poder hacer todo lo que queremos hacer.

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