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Támara Echegoyen se lanza a otro sueño oceánico

Támara Echegoyen, tras cerrar su etapa olímpica, regresa a la vela oceánica con el intento de conseguir el Trofeo Julio Verne que consiste en batir el récord en dar la vuelta al mundo sin escalas que está en cuarenta días y veintitrés horas. Lo hace en un proyecto francés y junto a una tripulación formada exclusivamente por mujeres de siete países diferentes.

Tamara Echegoyen, segunda por la derecha, junto a sus compañeras de travesía.

Tamara Echegoyen, segunda por la derecha, junto a sus compañeras de travesía. / Famous Project CIC

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

Támara Echegoyen mira el cielo de Brest, repasa partes metereológicos e invoca a las borrascas que traerán los vientos más duros pero también generosos para su inminente travesía. Mientras tanto espera junto a las siete mujeres que en cualquier momento de las próximas dos semanas se subirán a un gigantesco trimarán francés para tratar de conquistar el Trofeo Julio Verne que distingue a quien consigue el récord de la vuelta al mundo a vela sin escalas y que desde 2017 tiene el Idec Sport.

La gallega, en su primera aventura oceánica después de cerrar en París su carrera olímpica, se ha sumado a un equipo internacional formado por regatistas de siete países diferentes (ella es la única española a bordo) con el objetivo de que una tripulación completamente femenina sea capaz de completar por primera vez las 21.638 millas náuticas (40.075 kilómetros) con el extra de intentar hacerlo en menos de 40 días, 23 horas, 30 minutos y 30 segundos que fue el tiempo empleado por el barco francés hace ahora ocho años.

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La tripulación, con Támara segunda por la derecha, en un acto promocional en París / FdV

El desafío tiene muy pocas reglas. Los equipos que lo intentan (han sido unos cuarenta desde 1993) pueden elegir cualquier embarcación a vela y llevar el número de tripulantes que deseen, no hay escalas, está prohibida la ayuda externa y hay que dejar a babor los cabos de Buena Esperanza, Leeuwin en Australia y Cabo de Hornos. Echegoyen llegó al “Famous Project CIC” un poco por casualidad. Hace meses aún estaba considerando opciones tras anunciar que los Juegos de París en 2024 serían los últimos de su carrera olímpica. La vela oceánica, en la que se había estrenado en la Volvo de 2017-18 con el Mapfre, era su destino más probable pero no imaginaba que todo sucedería tan rápido.

La inglesa Dee Caffari, copatrona del barco francés, le envió un mail preguntándole si estaba dispuesta a dar una vuelta al mundo. Parte de la tripulación ya estaba configurada pero aún estaban tratando de añadir calidad y experiencia al equipo. Támara ofrecía ambas cosas. Mails cruzados, conversaciones y finalmente una reunión cara a cara en el mes de mayo en la que la complicidad fue absoluta con la patrona, la francesa Alexia Barrier, y el director del equipo, Jonny Malbon, selló su ingreso. Se acercó al principio porque era bueno para su formación, para su futuro, para el conocimiento de estos trimaranes en los que aún n0 había competido, pero no tardó en dejarse envolver por esta aventura.

Reto como regatista

Para la gallega es un reto como regatista, pero también lo es como mujer: «El nivel del deporte femenino es muy alto y hasta cierto punto a veces lo que nos faltan son posibilidades para demostrar ciertas cosas, aunque es verdad que también necesitamos horas de práctica para llegar a algunos objetivos. Este proyecto aúna ambas cosas.

El equipo no está formado solo por campeonas olímpicas o regatistas con mucha experiencia en Vueltas al Mundo sino por gente joven de mucho nivel que ahora tiene la oportunidad de crecer. Esto es una puerta para seguir creciendo y en unos años ser lo que somos nosotras ahora. Hacerlo además en un equipo internacional también te da una perspectiva diferente porque tienes que adaptar tu forma de trabajar a otros estilos, otras mentalidades...»

La tripulación, con Támara segunda por la derecha, en un acto promocional en París. |  FDV

Las tripulantes, durante un entrenamiento. / FdV

Para intentarlo, el equipo utilizará el mismo barco que consiguió el récord de 2017. Un inmenso trimarán de cien pies (más de treinta metros) y quince toneladas de peso que no tiene los avances tecnológicos de las nuevas generaciones ni «vuela» sobre el agua al carecer del foil que lo levante pero que tiene la mezcla ideal de robustez y velocidad que se necesita para un reto como este. En los últimos años modernos trimaranes capaces de alcanzar velocidades asombrosas han intentado mejorar el récord, pero han fracasado por alguna avería.

En 2017 el Idec Sport (que ha sido rebautizado como «Limosa» en honor al diminuto pájaro que tiene el récord de vuelo migratorio: 13.500 kilómetros entre Alaska y Australia sin parar) fue capaz de completar la vuelta al mundo a una velocidad media de casi 23 nudos llegando algunos días a cubrir ochocientas millas naúticas. «Es un barco que en condiciones difíciles es manejable y se navega con confianza. Ya ha dado tres vueltas al mundo y solo ha tenido pequeños problemas. Alex Pella estuvo en el reto de 2017 y he tenido la oportunidad de hablar con él y lo que transmite es que el barco es perfecto para esta clase de aventura».

Evitar daños graves

El Trofeo Julio Verne es un enorme desafío en el que es preciso ser muy rápido, pero también sobrio porque no hay posibilidades de reparar según qué daños: «La seguridad siempre es importante, más que ninguna otra cosa. Una rotura grande te obliga al abandono cosa que no sucede en la Volvo donde sí puede haber asistencia. Todo se pone en la balanza: el riesgo que quieras correr en función de lo rápido que quieras ir. Esas cosas tienen que estar en la cabeza de las patronas», explica.

Se juega con los vientos, se agradecen y buscan las borrascas, se teme a los anticiclones...el tiempo es la base de todo y manejar esas condiciones durante ese mes y medio es el reto principal al que se enfrenten cuando partan en algún momento de las próximas dos semanas, justo cuando encuentren una de esas «ventanas» que garanticen condiciones óptimas, al menos al principio de la travesía. Támara explica que «el tiempo es predecible hasta un punto. De Brest hasta el Cabo de Buena Esperanza podemos tener una previsión fiable, pero a partir de ahí es todo más incierto aunque hay patrones que se suelen cumplir. Influye algo el factor suerte pero también es importante gestionar lo que te encuentres. Cuando este barco batió el récord en 2017 hizo una primera parte muy mala, estuvieron enganchados casi tres días enteros pero luego se cruzaron el Índico en cinco. Es una barbaridad. Hay que ser pacientes porque subiendo por Brasil hacia el Ecuador puedes tener muy buena suerte o condenarte. En la Volvo de 2018 nos quedamos clavados en un anticiclón y no nos movimos en días. Son muchas variables que afectarán y habrá momentos que iremos rápido y estaremos felices y en otros surgirán los problemas. Habrá momentos hacia arriba o hacia abajo».

Objetivo claro

Para Echegoyen casi tan importante como acertar con la lectura de la metereología o con el manejo del barco es tener claro el objetivo en cada momento y «entender» la situación: «Hay equipos que salen con un único objetivo que es el récord y si ven que no lo van a conseguir paran, se dan la vuelta y piensan en el siguiente intento. El nuestro también tiene el reto de salir y acabar porque nunca un equipo femenino ha sido capaz de completarlo. Hace veinte años del último intento y rompieron durante la travesía. Tener claros los objetivos también es bueno porque en algún momento tendrás que decidir porque para romper un récord hay que empujar al barco y eso sube el nivel del riesgo, de roturas y averías. Manejar esas expectivas también es importante en un reto como éste. Habrá un momento, tal vez, en que sepamos que el récord no se puede batir y se decida seguir para ser las primeras en completar el recorrido. Lo iremos viendo».

Durante los últimos tres meses la tripulación ha estado entrenando sin llevar nunca al límite al barco en travesías que duraban hasta una semana: «Hemos navegado con mucho viento, pero nunca he tenido la impresión de que estuviésemos empujando al barco en exceso. Lo que es curioso es cómo cambian las distancias. Me río y pienso en que hace poco la patrona nos dijo que teníamos cuatro días para entrenar en el agua y que para aprovecharlos íbamos a las Azores y volvíamos. Parece una barbaridad...».

«Reto y Támara siempre van juntas» explica entre risas. Siempre jovial, de buen humor, la regatista nacida en Ourense pero hija de la Galicia náutica vive con relativa tensión estos días. Técnicamente se encuentran en «stanby», la situación de prealerta en la que en cualquier momento anunciarán cuándo quieren partir de esa línea imaginaria que hay entre el faro Créac’h de la isla de Ouessant (Francia) y el de Lizard (Inglaterra). La misma línea que tratarán de cruzar en sentido contrario antes de que se cumpla el día 41 de navegación.

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