In memoriam
La primavera es de los soñadores
Fallece a los 86 años Emilio García Bengoechea
Remero del cuatro con timonel del Náutico de Vigo que compitió en Roma 1960
Escribe su elegía Franco Cobas: «Ahora soy yo el último».

Los olímpicos vigueses. Bengoechea, primero por la izquierda. Cobas, primero por la derecha. / Cedida
Franco Cobas
A través de su prima Isabel he conocido la triste noticia del fallecimiento de Emilio García Bengoechea, íntimo amigo e histórico y compañero en el deporte del remo en tantas regatas; incluso en las olímpicas de los Juegos de Roma en 1960.
Emilio ha muerto en Figueras (Girona), donde se asentó y fundó su familia con Carmen, una encantadora amiga a la que conocimos en Banyoles. El día 24 de este mes de noviembre hubiera cumplido 87 años.
El inolvidable Emilio era un personaje maravillosamente especial y siempre amigo, sin complejos ni alardes. Podrías analizar todas las facetas de su peculiar personalidad y siempre te quedarías con él: por su sencillez, su ánimo y su colaboración, contagiándonos sus propias y mutuas ambiciones a los cinco ilusionados cuando la lejana posibilidad de participar en unos Juegos Olímpicos se nos aparecía como un rayo de sol ante nosotros, con luces de ilusión y esperanza.

El equipo vigués. / Cedida
Emilio demostraba su carácter entre la hilaridad y el asombro. Como una vez que quiso tirar un hueso de fruta por una ventana en un restaurante donde comíamos, pero resultó que estaba cerrada. Con el estruendo, a pesar de no haber rotura, todos nos volvimos hacia Emilio, quién con cara compungida y culpable nos contestó: «Oye, qué limpita está esta ventana».
Una vez al terminar una regata José Luis le riñó como se le puede reñir a un niño porque había desayunado chocolate con churros y al finalizar vomitó todo. Aquello fue como «una marea negra» alrededor del barco. Pero para mí la más mayúscula tuvo mucho que ver con todo el equipo, porque gracias a aquella decisión pudimos al fin asistir y competir en los Juegos Olímpicos. Sin duda, eran otros tiempos.
Trabajo o Juegos
Hacía dos o tres meses que Emilio, que había terminado Perito Mercantil en la Facultad de Comercio de Vigo, había empezado a trabajar como contable en una empresa de la calle Urzáiz (antes José Antonio), pero en la empresa no estaban por la labor y se quedó sin permiso para ir a Roma.
Éramos un grupo calificado entre los amigos y compañeros en el Club Náutico, como soñadores intrépidos. Por eso en aquellos años nos llamaban los «cinco magníficos»: Alberto Valtierra, Emilio García Bengoechea, José Luis Méndez y Franco Cobas, con Armando González de timonel y Modesto Chillón de remero reserva. A cada uno de ellos, en su triste y llorada ausencia, los hemos despedido en su viaje a la Eternidad. Ahora soy yo el que espera reunirse con ellos otra vez en las grandes pistas del Cielo.

Homenaje a sus magníficos en el Náutico. / Cedida
La epopeya se había iniciado tres años antes de los Juegos Olímpicos de Roma en 1960. Pletóricos y ambiciosos empezamos a estudiar con fuerza y talento las escasas cartas que teníamos para llegar a tan alta e inasequible meta. La utopía rompía nuestras ilusas aspiraciones en nuestra humildad, pero con férreas voluntades.
Y la hora de los permisos para viajar a Roma se volvieron difíciles e inalcanzables. Se instalaron en el horizonte de las desdichas, como una nueva pesadilla. Directivos del Náutico, amigos y conocidos se aliaron para ayudarnos. Pero al final sucedió lo que puede parecer imposible en estos tiempos y Emilio se quedó en la calle: «O ‘esos juegos’ o el trabajo», le contestaron en su empresa. Y Emilio se enfrentó a la disyuntiva, trabajo o Juegos Olímpicos. La respuesta sarcástica de Emilio a sus empresarios fue valiente, antológica y genial: «Tengo la oportunidad única en mi vida de participar en unos Juegos Olímpicos, algo que ustedes no tendrán nunca. Trabajos se pueden encontrar; unos Juegos, no. Así que ahí se quedan ustedes con su empresa porque yo me voy». Triste y lamentable decisión de los empresarios. Una vez más se demostró que la primavera es sólo para los soñadores.
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