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Kickboxing

Pablo González Izard retiene el título europeo por la vía rápida

Un millar de aficionados aclaman al vigués, que ya piensa en el mundial

Pablo González Izard.

Pablo González Izard.

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Pablo González Izard se escalofría al recordarlo: «¡Qué locura!». Ayer reposaba exhausto pero feliz, desaguando todavía todas las emociones que había vivido escasas horas antes. El vigués, promotor, entrenador y púgil, se siente colmado. Se llenó el pabellón de Chapela en la quinta entrega de La Noche del Barrio. Así ha bautizado las veladas mixtas –boxeo y kickboxing– que organiza porque así, El Barrio, se llama el club que regenta en Teis. Varios de sus pupilos protagonizaron el cartel, igual que dos profesionales olívicos de otras filiaciones, Kike «Rayito» García y Juanca «Diamante» Alonso. Los dos ganaron. Y el propio Izard se encargó de coronar la noche con la magistral defensa de su cinturón europeo de K1 en versión WAKO.

El alivio se incluye en todo ese torrente que lo ha atravesado. Sentía que no podía fallar a ese millar de personas que habían agotado las entradas de pista desde hace diez días y las de grada, 36 horas antes del evento. Un tropel de aficionados que atravesaron las puertas del Manuel González Soto media hora antes del inicio.

Aún pudo Izard contemplar algunas peleas de sus discípulos: perdieron Sergio Casal y Paulo en decisión dividida, Diego ganó por KO, también se impuso Abraham... Ya se había enclaustrado en el vestuario cuando «Diamante» Alonso y «Rayito» García incrementaron su récord profesional, en ambos casos inmaculado (2-0 y 6-0). «En la ciudad sobra talento. Sólo hace falta que la gente siga apoyando», indica.

La gran estrella salió después entre el fervor de la hinchada. «Tenía algo de presión pero diez minutos antes ya me mentalicé», relata Izard. «Hice mis rezos, me tranquilicé y salí centradísimo, con las ideas superclaras».

Iniciativai inicial del aspirante

En el ring lo esperaba Adrián Rebolé, dispuesto a ejercer el papel que le correspondía como aspirante. El navarro tomó la iniciativa y atacó. Izard bailó para que sus golpes muriesen en el aire y bloqueó sus patadas, redirigiendo el daño hacia el propio Rebolé.

El local aplicó entonces la segunda parte de su plan y comenzó a presionar a Rebolé. Un combinación afilada –rodilla en salto para que retrocediese, high kick de derecha y gancho al hígado, cambiando la altura– provocó que su rival echase rodilla al suelo por primera vez.

«Sabía que a la tercera cuenta de protección paraban el combate, pero no me vine arriba. Había mucho en juego. Mantuve la mente fría», analiza Izard. Rebole eludió por despiste arbitral una segunda cuenta, tras otro rodillazo al hígado. Pero otro más, al inicio del segundo asalto, le provocó una brecha en la frente que la médica no pudo restañar. KO técnico, brazos al cielo y éxtasis en Chapela.

Izard, con Daniel Fernández.

Izard, con Daniel Fernández. / Cedida

«Sería imposible competir a este nivel solo. Me he apoyado en muchísimos hombros», agradece. Menciona a su socio, Daniel Fernández; a su novia, al equipo de El Barrio, al público... «Todos hablan de la energía en el pabellón».

Aunque trabajará en el gimnasio lo que queda del año, podrá relajarse un tanto: «Agradeceré no tener que pesarme todos los días». En su primera preparación sin nutricionista logró un rebote perfecto, de casi 7 kilos desde el día del pesaje. «Me sentí superfuerte por la motivación mental». Y desde ese enfoque anuncia la meta que se fija en 2026: «Tengo la mirada puesta en el Campeonato del Mundo. Me siento preparado, muy bien rodeado y con ganas».

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