Baloncesto | Primera Autonómica Masculina
Vidas cruzadas
Óscar Carbajo comenzó como entrenador en el Seis do Nadal, que coordinó antes de mudarse a ese puesto en Salesianos. Recomendó como sucesor a Sergio González, que había estudiado en Salesianos y que hoy sigue en el cargo. Rivales, colaboradores y amigos, sus séniors masculinos se miden este sábado.

Sergio González y Óscar Carbajo, en Samil. / Pablo Hernández Gamarra

Salesianos y Seis do Nadal se enfrentan este sábado (20:00) en O Berbés. Su primer duelo en 1ª Autonómica Masculina, donde los de Don Bosco se han estrenado. Un derbi vigués sobre el escenario y en la tramoya. Óscar Carbajo y Sergio González, responsables deportivos de ambos clubes, compiten como rivales y se ensalzan como amigos. El baloncesto los ha ido juntando y separando durante décadas, en sus mudanzas. Son las suyas dos vidas cruzadas.
Óscar Carbajo, de entrada, se inició como técnico en el Seis do Nadal. Su hermano Emilio, árbitro, lo convenció de asistir a un curso de nivel 1 en O Porriño, de los que no abundaban entonces. Lo promovía el llorado Horacio Silva. Allí conoció a Carlos Vaqueiro, que regentaba el Seis y lo enroló. «Siendo los dos de Coia, todo fue muy fácil», aclara.

Óscar Carbajo. / Pablo Hernández Gamarra
Carbajo ejerció como uno de los entrenadores del Seis entre 1997 y 2007. «Algunos de mis mejores amigos empezaron ahí: el propio Carlos, Kike Celeira, David Fernández, Jorge Vaqueiro... Fue la etapa más bonita. Éramos una segunda familia. Marcó mi profundo arraigo con el baloncesto y con el club. Nunca pensé que el basket podía ser un trabajo. Ellos me dieron la alternativa».
Cuando Carlos Vaqueiro –hoy en el Oporto– fichó por el Beiramar en 2004, Carbajo ascendió a coordinador, con Pablo Álvarez como director general. Ya entonces se había fijado en un adolescente juncal, «con un afán desmesurado por ser entrenador». Cuando le encomendaron equipos, aquel Sergio González, aunque tierno, los gestionó de maravilla: «Algo impropio de su edad».
Sergio había estudiado en Salesianos de Primaria a 2º de Bachillerato. En aquel patio «tan simbólico» descartó el fútbol, tras algunos devaneos, para engancharse al baloncesto. Carlos Vaqueiro lo captó para el Seis en categoría infantil. «Y ha sido mi casa hasta el día de hoy», compendia.

Carbajo y Sergio, con las selecciones gallegas alevines, en el Nacional de 2007. Junto a ellos, Jonathan Barreiro; abajo, entre las niñas, María Araújo. / Cedida
«Óscar me ayudó en mis primeros pasos. Contó conmigo como delegado en la selección gallega alevín. De alguna manera ha sido el culpable de que yo sea a día de hoy director general del Seis do Nadal», agradece Sergio. Carbajo recuerda su relevo: «En esa época había un presidente poco ortodoxo, hubo muchos desacuerdos en la directiva y yo vivía las reuniones con mucha tensión. Hubo elecciones y preferí buscar otro camino. Antes de irme, tomé una de las decisiones más acertadas; propuse a Sergio para ser mi reemplazo. Y ahí sigue, elevando el nivel cada día».
Recomendación afortunada
Carbajo le reconoce a su heredero «el mérito que tiene pasar tanto tiempo en un club, con el desgaste que supone. Mi etapa fue un puente entre Vaqueiro, que dio un primer impulso, y Sergio, que lo ha llevado a lo más alto del baloncesto gallego». Sergio admira cómo Carbajo se ha asentado en Salesianos, donde está realizando «un trabajazo. Le ha dado un lavado de imagen muy grande al club, que se ha ganado con creces volver a ser uno de los referentes de la ciudad». Revela, además: «Nuestras charlas van más allá de cuadrar horarios o cambiar partidos. Compartimos sensaciones, sentimientos y preocupaciones».
El derbi apenas supondrá un paréntesis en esa concordia. Para el Seis (4 victorias, 1 derrota), «el nuevo sénior masculino nos ilusiona. Hemos rejuvenecido la plantilla, que muestra seriedad y compromiso», ensalza Sergio. Salesianos «le ha ido cogiendo aire a la competición (3 victorias y 2 derrotas). Estar en la misma categoría que Seis y Novobasket nos hace sentir orgullosos», proclama Carbajo. «El patio de Salesianos está abierto y más vivo que nunca, ofreciendo la misma posibilidad que nuestra generación disfrutó de ‘bajar’ a echar unas canastas».

Sergio González. / Pablo Hernández Gamarra
Ambos radiografían el baloncesto olívico desde su experiencia y sabiduría. Los dos, por ejemplo, compartieron cuerpo técnico en el Amfiv en la etapa de Julio Bernárdez y lamentan la desaparición del equipo. «Me da mucha pena», condensa Sergio y Carbajo secunda: «Era un monumento más de nuestra ciudad. Nos hacía peculiares. Hemos perdido algo propio, que distinguía a Vigo». Colaboró también en el Celta, cuyo giro hacia la cantera celebra: «Me alegra que las niñas se asomen tan de verdad al primer equipo».
Un sueño muy lejano
Por contra, ningún equipo masculino vigués cuaja en categorías más altas. No lo logró el VGO en EBA, en la que el Seis militó puntualmente, como últimos asaltos. Atrás quedan otros proyectos desde hace 40 años: Celta, Balon Park, Gestibérica... «Nosotros contamos con buena salud, también en el femenino, que a día de hoy lidera su competición en Primera Nacional. Palpamos proyectos de futuro», comenta Sergio. Carbajo concluye: «Vigo está bien a nivel de chavales, con muchos focos. Clubes como Seis, Novobásket, nosotros mismos y muchos más hacemos una gran labor social. Pero si hablamos de profesionales, estamos muy lejos en masculino. De momento no podemos pensar en otra cosa que ofrecer una actividad de ocio sana».
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