Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Atletismo

Al final del túnel: Manu Estévez, embajador de La21

«Me salvó correr», afirma el vigués, que ha superado leucemia, síndrome de Richter y covid, con parada cardiorrespiratoria

Este domingo volverá a disputar la prueba "más especial" por cuarta vez, la tercera desde su recuperación

Manu Estévez, corriendo por el monte de O Castro

Manu Estévez, corriendo por el monte de O Castro / Marta G. Brea

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Manu Estévez atraviesa los túneles al galope, hacia la meta que los corona igual que hacia la luz que los concluye. Manu volverá a atravesar este domingo los que horadan Beiramar en su vaivén. Celebra, como embajador de La21, los que superó entre 2019 y 2022, en habitaciones de aislamiento y de UCI. Leucemia, linfoma y covid asaetearon su cuerpo. Nunca dejó de correr, sin embargo, siempre que sus penurias se lo permitieron. «Estar activo me mantuvo vivo y cuerdo», sentencia.

Manu, vigués hoy de 42 años, ya era adicto a las carreras populares antes de que sus entrañas se desmadejasen. Había disputado su primera media en Pontevedra un lustro antes de afrontar su primer maratón. La afición se convirtió en salvación inicialmente por evidenciar síntomas. Preparando aquel debut en Oporto, en 2018, se le inflamaron unos ganglios. «Además, entrenaba mucho y no me salían los tiempos». Lo atribuyó a alguna infección. Aunque completó los 42 km por las calles portuenses, con un crono de 4 h 20 min, a la vuelta decidió acudir al médico. La sucesión de pruebas y consultas arrojó un diagnóstico preciso a comienzos de 2019.

–Leucemia linfocítica crónica –pronunciaron las batas blancas.

«Fue complicado. Piensas que igual puedes tener algo, pero la palabra leucemia asusta muchísimo», admite, aunque revela: «De todas formas, me lo dijeron un viernes y ese mismo domingo me fui a correr la Vig-Bay».

Manu Estévez, en el Monumento a los Galeones de Rande en O Castro

Manu Estévez, en el Monumento a los Galeones de Rande en O Castro / Marta G. Brea

Manu había podido preparar esa prueba con normalidad, más allá de la fatiga que lo lastraba. Y esas dos horas de asfalto entre miles, en realidad a solas con sus pensamientos, antes que atormentarlo, le aliviaron la pesadumbre. «Durante todo el proceso de la enfermedad me salvó correr. Mi cabeza estuvo sana porque hacía deporte», sostiene. «Era el momento de salir, de sentirse normal...».

Resignado a un tratamiento de quimioterapia oral que contuviese su dolencia, Manu conservó sus rutinas y normalizó de alguna manera su estado. Fue a finales de ese 2019 cuando disputó su primera La21. La acabó en 1 h 42 min. «Quedé supercontento. Me había salido uno de mis mejores tiempos», recuerda. Aunque la pandemia lo enclaustró poco después como al resto del planeta, pronto se abrieron las puertas para los que trotaban, por ejemplo, por las orillas del Lagares... Y entonces notó que otro ganglio se había hinchado.

–Línfoma de célula grande no Hodgkin tipo B –escuchó esta vez en una letanía amarga.

«Le llaman síndrome de Richter, como el de la escala de los terremotos», bromea, entre el sismólogo Charles Francis y el patólogo Maurice.

–Necesitarás un trasplante de médula –le anticiparon.

«Y fue un auténtico terremoto», conviene. Le siguieron tres meses de desasosiego e incertidumbre, esperando a alguien compatible ya que su hermana no lo era. Manu pertenece hoy a Asotrame, la Asociación Gallega de Personas Transplantadas de Médula Ósea y Enfermedades Oncohematológicas. Imparte charlas en los institutos y participa en acciones que fomentan el incremento de los registros de donantes y el apoyo a los pacientes.

«Me siento superafortunado», reconoce. Encontraron a dos alemanes con médulas viables. Se sometió a quimio, ingresó a finales de 2020, se le efectuó el transplante el 3 de diciembre y el día 22 fue dado de alta. Tras la intervención aislan a los pacientes, mientras se regeneran sus defensas, una media de 30 días. «Yo estuve una semana menos».

Y no decae en su voz esa sensación de buenaventura cuando narra: «En 2021 el proceso de recuperación iba bien. Estaba incluso entrenando. En ningún momento lo había dejado. Entre quimios siempre salía un ratillo a Castrelos, a hacer algo. Pensaba volver a correr en serio. Pero el 3 de enero de 2022 me contagié de covid».

Manue Estévez subiendo por las escaleras del monte de O Castro con la ría de fondo

Manue Estévez subiendo por las escaleras del monte de O Castro con la ría de fondo / Marta G. Brea

Cuatro días en coma

María Díez, miembro de la organización de La21, lo define: «Es un entusiasta vital». Siéndolo, sólo él y sus íntimos saben de sus dudas y desfallecimientos. Los compartió su mujer, Eva. El esmalte azul de sus uñas fue lo primero que contempló, aún intubado, cuando abrió los ojos. El coronavirus había golpeado con fuerza su debilitado sistema inmune. El 12 de enero había ingresado en el Cunqueiro. Sus órganos habían colapsado el 20. Había sufrido fracaso renal agudo, toxicidad neuronal, trombos en femoral y pulmón, sepsis por bacterias hospitalarias... Y una parada cardiorrespiratoria, de la que lo rescataron. Eva lo había estado velando durante sus cuatro días en coma.

«Tuve que volver a empezar en todo. Fue una rehabilitación durilla», advierte Manu. Le costaba expresarse. No era capaz de recitar el abecedario. Cuando lo trasladaron a casa, en silla de ruedas, requería ayuda para ducharse. El simple traslado de la cama a la silla lo extenuaba. Contrató a una entrenadora personal, Chus, que complementase las sesiones adjudicadas por el Sergas. Se empeñó y al fin, en uno de los primeros días otoñales de 2023, salió a airearse.

Eva y sus amigas de entrenamiento, Cris y Vane, lo acompañaron. Aguantó 5 km con buenas sensaciones.

–Caray, qué bien –se dijo.

Al domingo siguiente amplió el recorrido a 10 km, con igual satisfacción. Faltaban tres semanas para La21.

–Ostras, yo estoy para correr.

Participantes en una edición anterior, por los túneles.

Participantes en una edición anterior, por los túneles. / JOSE LORES

«Efectivamente, la corrí», se enorgullece. «Cayeron varios diluvios y fue la más lenta que he hecho (2 h 13 min), pero también la más especial». Siente esta media maratón como propia por viguesa: «La primera vez que entras en los túneles te descoloca el silencio. Estás acostumbrado a ir con tráfico». También como metáfora de sus peripecias: «Se entra en la oscuridad y se sale de ella. Significa mucho para mí».

Sometido a revisiones constantes –«todo va por el camino correcto»– y con el estómago delicado como secuela, sigue abrazándose al atletismo. En 2025 ha participado en la Vig-Bay, la 10K Alfonso Moro y la 15K del Atlántico. Y este domingo estará en la línea de salida de La21, su cuarta en total. Cuando salga de los túneles, su sobrinilla Nora lo estará esperando como un ángel de la guarda para que crucen la meta de As Avenidas de la mano, igual que en 2023 y 2024: «Con ella y embajador de esta carrera... Pocas cosas me pueden hacer más ilusión».

Memoria y solidaridad

La21 Santander Media Maratón de Vigo se celebra este domingo a partir de las 10:00 horas desde O Vao, en el caso del recorrido principal, y las 11:00 desde Samil en lo que respecta a los «10.000 metros de Alejandro Gómez», bautizados así en recuerdo del histórico atleta, fallecido a comienzos de 2021. Se ha activado una fila cero para financiar un tratamiento innovador para Mauri, un niño de 3 años que padece la enfermedad de Alexander.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents