FÚTBOL Y LITERATURA
Galder Reguera: "Pese a la corrupción o el hipercapitalismo tenemos que reivindicar la parte buena del fútbol"

Galder Reguera, autor de 'Por qué el fútbol' / Elena Blanco

El escritor y filósofo Galder Reguera (Bilbao, 1975) publica el libro 'Por qué el fútbol', una recopilación de artículos con la pelota como denominador común en la que reivindica la dimensión del fútbol más allá del césped. Para Reguera el fútbol es un territorio desde el que afronta otras temas como la memoria, la familia, la paternidad, el arraigo o la comunidad. Una perspectiva poliédrica que cultiva también desde su rol de Director de Estrategia y Operaciones de la Fundación Athletic Club.
—Acudiendo al título del libro que presentas, ¿por qué el fútbol?
-Siempre me pregunto por qué. Creo que cuando buscas tu voz como escritor tiendes a imitar lo que has leído. Yo estudié Filosofía y llegué a la literatura a través de los clásicos rusos y los existencialistas franceses. Cuando empecé a escribir, con veinte años, imitaba eso… Pero en realidad lo que me gustaba era el fútbol. Poco a poco el tema fue saliendo solo, como el agua por las grietas. Por un lado, me daba seguridad porque es un tema que conozco. Pero por otro me daba pena porque con tantas cosas importantes de las que hablar, acababa escribiendo de fútbol. Sin embargo, es un espejo perfecto para mirarme a mí mismo y a la sociedad que me rodea. Es un tema del que intento huir, pero siempre reaparece.
—En tus libros el fútbol se ha convertido en un vehículo narrativo. A veces es un espejo, otras un diván, una excusa para acercarte a tus hijos, una coartada para cartearte con un amigo...
—Sí. Es un campo de juego. Incluso cuando he intentado hacer ficción pura, al final el fútbol siempre termina apareciendo. Es inevitable. Me pasa como a Eduardo Sacheri. Cuando escribió 'El secreto de sus ojos', quería reivindicarse más allá del fútbol. Pero Juan José Campanella, el director de la película, le dijo: "Me encanta la novela, pero le falta fútbol". Y tenía razón. Cada uno acaba regresando a su territorio natural.
—Tus textos reconcilian a la gente con el fútbol en tiempo de capitalismo salvaje, incluso a los que no son futboleros.
—Sabemos que hay corrupción, hipercapitalismo, malos comportamientos, profesionalización precoz… pero tenemos que reivindicar la parte buena del fútbol. El análisis de lo malo está hecho y sabemos cuál es, pero debemos rescatar lo positivo. En la Fundación Athletic Club, por ejemplo, organizamos partidos entre hinchas antes de los partidos de Champions. Hicimos uno en Dortmund, otro en Newcastle… y fue precioso. Jugamos 'walking football', para evitar contacto físico y hacerlo inclusivo. Al final acabamos todos cantando y tomando algo juntos. Esos son los mensajes que hay que multiplicar.
—Un día en Varsovia Antonín Panenka me dijo que "lo mejor que tiene el fútbol es que me devuelve a la niñez cada vez que saltó al campo". Tú también reivindicas en tus libros esa relación entre la infancia y el fútbol.
—Sí, porque me devuelve al niño que fui. En Newcastle éramos 40 adultos con un balón y, por un rato, todos éramos niños otra vez. Esa es la esencia. Cuando escribí 'Hijos del fútbol', en el fondo era un juicio al fútbol para ver si merecía que mi hijo lo amara. Y el libro termina con él diciendo: "Me encanta el fútbol, no hay nada más bonito". Ese veredicto me reconcilió con el juego.
—Sin embargo, eres muy crítico con la educación futbolística actual.
—Mucho. Hay clubes que lo hacen bien, pero la mayoría lo hacen fatal. Se echa a niños de nueve años por "no dar el nivel". Se les separa por categorías cuando deberían jugar todos juntos. Los adultos están jodiendo el fútbol base intentando copiar lo profesional, y encima lo copian mal. El valor del deporte en grupo es que todos somos parte de lo mismo, ganemos o perdamos. No puedes dejar atrás al niño que "no da el nivel". El rugby, en eso, me parece ejemplar. Acoge a todos y todos tienen un sitio.
—¿Quiénes te evocan más, jugadores como Sócrates o escritores como Fontanarrosa?
—Me gusta el fútbol, pero sobre todo me gusta leer sobre fútbol. Fontanarrosa o Soriano me interesan más que una crónica deportiva. Prefiero leer 'El ocho era Moacyr' que mil análisis sobre el gol de Altobelli. Los escritores creamos nuestro propio firmamento de estrellas. La magia es que solo con mencionar nombres como los de Fontanarrosa o Sócrates, ya evocamos momentos, emociones, recuerdos. Eso me fascina.
—Hablando de la evocación, en 'Hijos del fútbol' hablas de tu preferencia por la radio frente a la televisión. ¿Te sigue seduciendo más la radio?
—Me sigue fascinando la palabra. Nosotros somos de una generación que no tenía todas las imágenes. Vivíamos el fútbol a través de lo que nos contaban nuestros padres, hermanos o la radio. En ese espacio entre lo narrado y lo vivido es donde crecen los mitos. Hoy lo tenemos todo grabado, pero lo que se imaginaba antes era más poderoso. A mí me sigue gustando eso: el fútbol como relato oral.
—¿Qué opinión te merece lo de 'Odio eterno al fútbol moderno'?
—Es una mentira romántica. El fútbol actual es mucho mejor en valores. Cuando éramos niños, el fútbol era un espacio de machismo asqueroso, homofobia y violencia normalizada. Quien dice que "el fútbol moderno es una mierda" está idealizando su niñez. Pero siempre pongo un ejemplo con eso. Para todos el mejor Mundial es siempre es el que vio uno con quince años. Pero no es nostalgia del fútbol, es nostalgia de la juventud.
—La aparición de figuras como Alexia o Aitana han dotado al fútbol femenino de un escenario. ¿Para cuándo una literatura sobre fútbol femenino?
—El fútbol femenino ha crecido mucho. La incorporación de las mujeres como público, narradoras y jugadoras ha sido fundamental. Pero la literatura de fútbol femenino aún no existe realmente. En mis libros aparece poco, casi siempre vinculada a personas que conozco y admiro. El problema es que el fútbol femenino compite con el masculino por la atención del espectador. No porque sea menos interesante, sino porque el otro ocupa todo el espacio y el tiempo emocional. Es fútbol contra fútbol. Y creo que debe generar un espacio diferente, un público distinto y debemos proteger ese nuevo contexto.
—Por último, combinas fútbol y literatura en La Cervantina, la selección española de fútbol de escritores. ¿Qué supone para ti esa experiencia?
—Te confieso que es la primera vez que me he sentido parte real de un equipo sin ser el "peor" o el "último". Cuando Pedro Zuazua me llamó para jugar, fui con miedo, pero acabé feliz. La Cervantina es un grupo que te abraza. En un momento en que estaba fatal por la carga de trabajo y la ansiedad, Pedro insistió en que fuera a jugar y fue una experiencia enriquecedora. Ahí entendí que el fútbol, cuando es humano, cura.
—Gracias, Galder. Nos vemos este jueves en Madrid en la presentación de 'Por qué el fútbol', aunque te ha contraprogramado Luis Rubiales con su libro.
—Síiii. Bueno, a las 19:00 horas espero a los amigos que quieran pasarse por el espacio Dyckinson, en Gaztambide 21. Gracias, Fermín por este ratito.
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