Ciclismo
Philipsen, primer amarillo del Tour, también se viste de líder en la Vuelta
Triunfo incontestable del velocista belga en la llegada masiva a la ciudad piamontesa de Novara en el estreno de la carrera

Philipsen cumple el pronóstico y estrena el maillot rojo /

La Vuelta comenzó este sábado en Italia con el mismo guion del Tour: un esprint e idéntico ganador. Jasper Philipsen se vistió de rojo en Novara, tierra de hockey sobre patines, pabellones vetustos que sirven como oficinas a la carrera. Había hecho igual en Lille, en el estreno de la ronda francesa. Pocas veces se da una circunstancia de este calibre. Y ahora sólo hace falta que la suerte le sonría en la Vuelta. En el Tour, dos días después de su estreno en amarillo, se cayó en la disputa de un esprint especial camino de Dunkerque, se partió la clavícula y adiós, para casa.
El triunfo de Philipsen fue la única lectura de la primera etapa de la Vuelta disputada en territorio italiano, en un Piamonte que se entregó a la carrera, multitudinaria salida a las afueras de Turín y donde un desconocido corredor llamado Victor Langellotti se sintió como protagonista arropado por el príncipe de su país.
Alberto II de Mónaco
Anda estos días Alberto II por el Piamonte. Encabeza la delegación monegasca -el país de Langellotti, el único ciclista profesional que no reside allí por cuestiones tributarias- porque de Mónaco sale el año que viene la Vuelta con una contrarreloj que se celebrará en parte por el famoso circuito de Fórmula Uno.
Langellotti se acercó hasta Alberto de Mónaco para entregarle un ‘maillot’ de su equipo, el Ineos, en la primera visita del príncipe a la ronda española. Él es un habitual del Tour y no esconde su admiración hacia el ciclismo.

Los equipos, entre ellos el Movistar, se colocan estratégicamente en los kilómetros finales. / Movistar Team
Entre Mónaco y Andorra se reparten buena parte de las figuras que dominan el planeta ciclista. En el principado mediterráneo residen corredores como Pogacar o Roglic, mientras que en territorios pirenaicos viven buena parte de los profesionales españoles, colombianos y los nacidos lejos de Europa en países como Australia por citar uno de ellos; más de un centenar de corredores habita entre las montañas de los Pirineos.
Las precauciones de Vingegaard
Jonas Vingegaard, favorito número uno a ganar esta Vuelta -este domingo tendrá la primera oportunidad para vestirse de rojo en la ascensión final a Limone Piamonte- vive en Suiza y en la primera etapa de la carrera confirmó que ha llegado aquí con un equipo de aúpa, un Visma potente que lo impulsó hasta la cabeza de pelotón en los últimos siete kilómetros, cuando se va a más de 50 por hora y cuando aparece el peligro de que se produzca una caída que pueda tumbar los planes y las ilusiones de cualquier corredor.
En Novara hay toques de cuerpos y bicicletas, como suele ocurrir tantas veces en la preparación del esprint, pero pese a algún desequilibro todos se mantienen seguros sobre la bici, entre ellos un Philippsen que ganó en la misma meta que lo había hecho el gran mito de su país, Eddy Merckx, en el Giro de 1968.

El pelotón de la Vuelta, por territorios del Piamonte. / La Vuelta
Cuando el corredor belga cambió el ritmo ya estaba escrita su victoria. Es uno de los mejores velocistas del mundo, que se apuntó a la Vuelta casi por sorpresa y de forma inesperada, en un Alpecin, que viaja por la carrera sin la presencia de Mathieu van der Poel, pero con la evidencia de que siempre suman y nunca restan. En el Tour consiguieron tres etapas y aquí ya llevan una.
El plan del Movistar
Más difícil lo tendrá un Movistar penalizado por las caídas. Ni Enric Mas ni Nairo Quintana han podido disputar la Vuelta. En la salida, por el autobús del Movistar, normalmente de los más visitados, apenas hay curiosos. Situación extraña. “Tenemos un plan establecido y estoy seguro de que nos saldrá”, afirma con optimismo Eusebio Unzué, mánager de la escuadra. Cuentan con Pablo Castrillo, que también corrió el Tour, aunque con perfil bajo, para que repita al menos una de las dos victorias que consiguió el año pasado cuando corría con el uniforme del Kern Pharma, que en esta edición no ha sido invitado a la carrera.
Llegaron todos los corredores en un pelotón unido, sin ataques que reseñar en los últimos 60 kilómetros, calma, aunque a una tremenda velocidad, y para que todo se resumiera en la tensión de la fase final para mayor gloria de un Philipsen imperial, el mejor amigo de Pogacar, y residente en Mónaco para alegrar también el día al Príncipe Alberto en su visita a una Vuelta con sabor italiano.
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