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Balonmano

Las rosas predilectas: adiós del Valinox a Manu Martínez y Germán Hermida

En el Novás se llora el descenso a Primera Nacional igual que se celebran las siete temporadas de ensueño en Honor Plata. Se llora a Manu Martínez y Germán Hermida en su retirada igual que se celebra haberlos disfrutado. Se llora por las rosas que se marchitan igual que se celebra que hubiesen florecido.

Germán Hermida, Manu Martínez y Iago Flores, héroes del ascenso de 2018, el pasado sábado.

Germán Hermida, Manu Martínez y Iago Flores, héroes del ascenso de 2018, el pasado sábado. / Atlético Novás

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

No volverá a elevarse Manu Martínez sobre la trinchera rival en su vuelo infinito desde nueve metros. Ya no saltará Germán Hermida desde la esquina, dibujando ángulos imposibles con su zurda. Dejan a Iago Flores como único superviviente de la plantilla que en 2018 logró el ascenso a esa Honor Plata recién extraviada. Son dos de los principales protagonistas de la época más gloriosa del Atlético Novás. Los hijos predilectos, uno natural y otro adoptivo, de O Rosal. Esta última tristeza, su única espina, no empaña su leyenda, que inspirará a las generaciones venideras. O Calvario retendrá su eco.

Se hace difícil concebir el Novás sin Manu. Ingresó en el club con 8 años. Se despide con 37. Sólo una temporada se concedió de expatriado, la 13-14, en un Academia Octavio donde conoció a Germán. Fue por jugar precisamente en Honor Plata, como si quisiera catarla para anticipársela al equipo de sus amores. En estas últimas siete campañas, igual que en las anteriores en Primera Nacional, «ha sido importante para todos los entrenadores. Habría podido llegar más arriba si se hubiese dedicado al balonmano en exclusiva o si hubiese buscado una salida», sostiene el actual presidente, Andrés Senra. «Pese a ese gran nivel, sobre todo ha destacado por su corazón. Siempre ha mirado por el bien de la entidad o de sus compañeros antes que por el suyo propio. Nadie podrá decir una mala palabra de él. Es un grande en nuestra historia y lo echaremos de menos».

Manu y Germán, durante un partido.

Manu y Germán, durante un partido. / Atlético Novás

Ya aparecía Manu en los vídeos de celebración del 50 aniversario junto a otros colosos como Manuel Armán. Capitanes eternos, aunque su tiempo en cancha se haya agotado. A Manu lo retira «el desgaste mental de estos dos últimos años», de agonía clasificatoria; la edad, «que te obliga a estar más fino, cuidar la alimentación, más gimnasio...». Pero también el amor que ya intuye por Lía, su primogénita, que nacerá en dos meses. «Con lo que me viene es la mejor decisión para el club y para mí».

Germán llevaba igualmente tiempo meditando la clausura y lo había hablado con Senra. «Ese runrún ya estaba encima de la mesa», confiesa el vigués. Pero aún dudaba hasta que la resonancia, contra la ausencia de síntomas claros y el pronóstico de los médicos, reveló que ante el Burgos, el pasado 22 de marzo, se había roto el cruzado. Se operará pero sin prisa, después del verano.

Camina Germán hacia los 32 y recuerda bien aquel verano en que dejó el fútbol, que había practicado en el Areosa, y descubrió el balonmano en un campus polideportivo en As Travesas. Se lo inculcó Quique Domínguez, que después lo dirigiría en sus dos únicos equipos: el Octavio, desde cadetes hasta 2016, y el Novás desde entonces. «Nada más y nada menos, siempre de rojo», dice y así le bombea la sangre. «Estoy contento. Siendo una decisión tardía, podría haber pasado de puntillas. No sabía que iba a poder disfrutar tanto del deporte».

Auténticas locuras

«Aunque no sea de O Rosal, hoy nos genera dudas sobre cuál es su lugar de nacimiento», bromea Senra, feliz de que ese fichaje figure entre sus primeras decisiones presidenciales. «Hay jugadores que pasan por aquí. Él se ha quedado. Ha dado tanto por sentimiento hacia este escudo... Ha cometido auténticas locuras para no faltar a entrenamientos y partidos. Como Manu, tenía potencial para haber llegado más alto».

Forzó Germán la elasticidad de su agenda por combinar deporte y trabajo. No arriesgó en un balonmano tan depauperado, de sueldos miserables y deudas incobrables. Lo compaginó con la Ingeniería en Electrónica Industrial y Automática, aunque el segundo curso de la carrera le coincidiese con su campaña ‘académica’ en Asobal. «Quizá me hubiera gustado dedicarme a nivel profesional, pero no me arrepiento. Tenía clara mi prioridad, sin perder el norte. Y encontré dos equipos en los que me sentí espectacularmente bien».

Jugando por la gente

En O Rosal, confiesa, ha enraizado el alma: «Me encontré personas de mi dinámica, que hoy en día son amigos, y un pueblo que se vuelca con el balonmano. Eso hizo que me involucrase todavía más». Entiende, por tanto, lo que Manu ha sentido cada vez, de las cientos, que se ha enfundado esa casaca: «Siempre fui pasional. He jugado por la camiseta, por la gente, por ver el pabellón lleno cada fin de semana, por la energía que me proporcionaba ser el capitán del equipo de mi pueblo... Me voy contento porque lo he dado todo y me llevo mucho cariño».

Y aunque le pertenezca, no guardaré tal afecto demasiado lejos. «No descarto nada», admite sobre ligarse como entrenador de cantera o directivo. «Tengo un vínculo muy fuerte con el club. Ahora necesito una pausa y resetear. Después ya veremos si puedo echar una mano. Como socio seguiré yendo a los partidos». Aunque también esto le puede resultar doloroso al principio. No reparó demasiado en sus propios sentimientos el pasado sábado, ante el Alcobendas, pese a los homenajes y el manteo. «Fue un día extraño. Había muchas distracciones. Y ahora acaba la temporada para todos. Todavía no soy muy consciente», admite. «Me daré más cuenta cuando los equipos empicen a entrenar. Entiendo que lo pasaré mal. Lo dice todo el mundo».

Manu, manteado al final del último partido.

Manu, manteado al final del último partido. / Atlético Novás

Germán, aunque pudieran guarecerse en la lesión de rodilla, asegura incluso sobre ese instante de lucidez en el que inevitablemente todo se hará real: «Le tengo un pánico terrible aunque sea algo que he decidido yo. Han sido quince años de cuatro entrenamientos por semana y un partido los fines. Habrá que buscar un hobby que me saque el gusanillo».

De su casi perfecto relato sólo lamentan el epílogo. Lo habían soñado con el Novás logrando una vez más la permanencia. «Tiene que reconstruirse y volver a los orígenes para pelear por ascender», reflexiona Manu. Germán, autor de aquel gol salvador en Ciudad Real, en el último segundo de la Liga 18-19, se consuela sabiendo que el destino del Novás no será el del Octavio, «un club roto, haciéndose añicos» cuando lo dejó y que cesaría su actividad dos años después. «En O Rosal renovaremos la ilusión. Vamos a volver. En esta etapa hemos hecho historia». Manu refrenda: «Con el tiempo seremos conscientes».

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