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Fútbol sala

El alma viguesa del Palma Futsal

El Palma Futsal logró hace unos días su tercera Champions consecutiva para hacer realidad lo impensable y confirmar la evolución gigantesca que ha protagonizado este club. Y allí, en las corazón y la caldera del club, opera un vigués: Martín López. Ayer, miembro del cuerpo técnico; hoy, delegado, coordinador del primer equipo y director del área social.

Antonio Vadillo y Martín López, con la Champions ganada el pasado fin de semana.

Antonio Vadillo y Martín López, con la Champions ganada el pasado fin de semana. / FDV

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Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

Vigo

Pocas personas pueden explicar mejor que Martín López la transformación protagonizada por el Palma Futsal en la última década para convertirse por tercera temporada consecutiva en el mejor equipo de Europa. Este vigués de 35 años, celtista irredento y padre de un niño de un año, es uno de los principales responsables de alimentar la caldera de un club ejemplar y en continuo crecimiento. La suya es la historia de un arrojado a quien en un momento determinado le pasa la oportunidad de su vida por delante y se aferra a ella sin dudarlo un segundo.

Martín estaba estudiando INEF en Pontevedra. El fútbol sala, al que llevaba unido mucho tiempo por medio del IES Coruxo, era su gran pasión. Su tutor de entonces era Antonio Bores, preparador físico de la selección española de fútbol sala. En una de las tutorías Bores le pregunta si está dispuesto a irse a hacer prácticas con Tomás de Dios y Martín acepta sin dudarlo: «Estaba en tercero de carrera y Tomás había dejado Santiago. Yo acepto a irme con él aunque no sé a dónde. Al poco tiempo se supo que se iba a dirigir al Fisiomedia, que es como se llamaba antes el Palma Futsal. Y nada, pues me tengo que ir a Mallorca».

Acabar la carrera

Y a partir de ahí el idilio. Del destino, del trabajo, del oficio, de la pista: «Lo que tenía que durar cuatro semanas me tuvo tres meses porque estaba cómodo y no tenía clase. Poco tiempo después me llama nuestro actual director general y me dice si quiero irme con ellos. Le pedí que me dejase acabar la carrera primero y en verano de 2013 empecé trabajando con las categorías base y grabando al primer equipo. Luego saqué los títulos hasta el nivel UEFA Pro. De ahí pasé a ser delegado del equipo, segundo entrenador con Tomás, con Juanito y en la primera etapa de Antonio Vadillo».

El Palma Futsal crecía a todos los niveles y en 2018 aparece de nuevo el director general para comunicarle que habían pensado en un nuevo destino para él, que era hora de subir a las oficinas y potenciar el club desde la gestión: «Al principio medio me rebelé porque lo me gustaba era el barro. Me convencieron de que debía ir hacia la gestión deportiva, que me necesitaban ahí, aunque no era algo que despertase mucho interés en mí. Era reacio porque yo empecé a entrenar a los 18 años en el IES Coruxo y era donde me veía cómodo y a gusto. Me había orientado hacia el rendimiento y sentía que aquel no era mi mundo. Pero me encomendaron el área social, el ticketing y la coordinación del primer equipo».

El vigués Martín López, con la tercera Champions ganada por Palma.

El vigués Martín López, con la tercera Champions ganada por Palma. / FDV

Hay que hacer un inciso para dar algo de contexto a esta película. El Palma Futsal es un equipo que apuesta de manera decidida por aquello que no sucede dentro de la pista y su apuesta por el área social es algo innegociable: «A nivel social somos muy fuertes, es un club que cuida mucho al socio, la conexión con la sociedad, la transmisión de valores y el cuidado de la imagen del Palma Futsal. Siempre decimos que somos el equipo del pueblo porque es algo que se trabaja mucho». Eso ha hecho que la presencia de Martín López se multiplique en la vida del Palma Futsal, es como uno de los corazones que riega los diferentes órganos porque además de dirigir el área social se sienta en los partidos junto al entrenador en calidad de delegado y de coordinador del primer equipo. Eso sí, fue rebajado de servicio en las tareas de scouting porque «ya no me daba el tiempo para más».

Desde esa multitarea ha vivido las tres Champions consecutivas, las dos Intercontinentales (buscarán la tercera en Arabia en unos meses) y la conversión del club en un referente. Cuando llegó en 2013 se clasificaban a duras penas para jugar alguna fase final de la Copa y ahora reinan en Europa con todo su entorno rendido a sus pies. Martín da la clave para todo ello: «Todo cambia a partir del cambio de nombre y de la mudanza a Son Moix. Potenciar la estructura ha sido fundamental. Se hizo una apuesta deportiva pero por encima de todo se apostó por crear una estructura sobre la que asentar ese proyecto deportivo. Se generó un área de márketing más profesional, el área social en la que estoy yo como director…se creó un grupo de trabajo más profesionalizado que impulsara la captación de recursos y patrocinadores. No invertir solo en lo deportivo sino en todo lo demás. Eso es lo que mantendrá el club cuando la pelotita no entre. Esos cimientos que generas son esenciales para el futuro del club».

Proyecto del club

Al margen de los éxitos deportivos Martín López está muy feliz de las conquistas que se han producido fuera de las pistas y de las que es directo responsable: «Íbamos a los colegios y nadie nos conocía, pero seguíamos haciéndolo. Y ahora vas a esos mismos sitios de visita y te encuentras que muchos niños llevan la camiseta del Palma Futsal a clase. Era algo impensable hace tiempo y es un logro gigantesco y del que me enorgullezco. Lo mismo que ver el pabellón lleno los días de partido y las colas que se generan para entrar. Se ha ido generando un sentimiento de pertenencia con el equipo que era imposible imaginar hace tiempo». El club tiene ahora mismo 3.500 socios para un pabellón de 4.000 localidades que siempre está lleno. Y aquí se junta con otra de sus pasiones y que toma como ejemplo al vuelo: «Es lo mismo que está sucediendo ahora con el Celta. Tienen un proyecto genial en lo deportivo pero lo están haciendo de maravilla en lo que tiene que ver con lo social. Hacía tiempo que no estaba así. Sentirse identificado con el club y con lo que representa es algo esencial. Eso mismo intentamos nosotros. Sucede que aún por encima estamos ganando y eso es una locura».

Aquella dudas del principio desaparecieron por completo: «Me quito el mono de la pista con el trabajo de delegado y poder estar en el banquillo en los partidos. Pero a la gestión le encontré un punto que me gusta. En la pista dependes siempre de los jugadores y hay veces que no salen las cosas aunque trabajes mucho. En la gestión ves directamente los resultados de lo que estás haciendo. En la gestión está todo de tu mano y para cada problema suele haber una solución. Eso a veces en el aspecto deportivo no existe porque estás siempre en manos de otros».

Martín intuye un tiempo largo en Palma, donde se siente integrado emocional y profesionalmente. «Soy un privilegiado» proclama mientras anuncia continuas visitas a Vigo para sentir las caricias de toda la vida y acompañar a su pequeño en la hermosa tarea de ser celtista.

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