Baloncesto
Cristina Cantero: el peso de la tristeza
No se remedia el dolor con un chasquido de dedos. Toda recuperación tiene sus pasos. Aún está la entrenadora del Celta Femxa Zorka asimilando el descenso - «Me siento vacía», confiesa - Ha de reconstruirse antes de confirmar su continuidad.

Cristina Cantero, durante un tiempo muerto de un partido esta temporada / Marta G. Brea

«Duele», repite Cristina Cantero. Sangra porque le importa. La entrenadora del Celta Femxa Zorka se mortifica en el repaso de la temporada. Le asaltan reproches y arrepentimientos. Le tienta imaginarse otra realidad. Aunque el club quiere depositar en sus manos el proyecto del ascenso, sabe Cantero que antes ha de cicatrizar esa pesadumbre. Luego decidirá. «Si acepto el reto, será porque tengo energía para asumirlo».
Ahora mismo se encuentra lejos de esa plenitud. La entrenadora siente casi un malestar físico. «Estoy vacía. Me he entregado. Más no me ha quedado. Mi conciencia está tranquila en ese aspecto; no con el resultado», aclara, afectada aún por el luto. «El proceso está siendo más lento de lo que me gustaría. Creo que tengo que cerrar pensamientos, la temporada... Me tengo que quitar la tristeza de encima».
«No es por mí», indica sobre ese decaimiento, ajeno a cualquier autocompasión. «Mi sensación es que el club está bien», valora y enumera: «Han mejorado los patrocinadores, la forma de hacer las cosas, cómo estaba la afición en Navia... Me da mucha pena e incluso pánico pensar que podemos perder lo que nos ha costado tanto trabajo construir. Todo depende del tema deportivo, no hemos hecho las cosas bien y esa responsabilidad me pesa. Me estoy intentando mentalizar, pero me está costando».
«Hemos llegado al descenso por muchas variables. Decidimos arriesgar, porque no fue un mercado fácil. Intentamos otras cosas y no nos salieron. Pensábamos que sobre el papel era mejor plantilla que el año pasado por recursos, por experiencia», diagnostica. Habla de la tardía incorporación y a la postre nula adaptación de Blessing, de la marcha de Maxwell, del escaso rendimiento de la segunda unidad, de los cambios de roles con las entradas y salidas que «provocaron un desgaste brutal ánimico y físico para las que jugaban». También de la derrota en Ferrol, «el partido clave», que depositó el destino céltico en manos ajenas tras haber conseguido «llegar al final con vida gracias a nuestro público». Ese triple de Zeta, del IDK, en Lugo agotó la esperanza: «El año pasado dio en el palo y acabó dentro; este año, fuera».
«Hay que hacer mejor las cosas. No fuimos capaces de equilibrar el equipo. Fuimos parcheando», concluye y se inculpa. Le amargan sobre todo las fallas en la identidad colectiva: «Hemos sido un equipo muy poco transmisor de energía. El cóctel de personalidades es el que nos ha salido. Es el primer año que me cuesta conseguir plasmar mis valores a nivel de defensa, sacrificio o esfuerzo. No entraban en esas cabezas».
La ausencia de un liderazgo en el vestuario obligó a Cantero a «probar cosas, gestionar... Ha sido agotador». Y es esa extenuación la que le impide asegurar al cien por cien su continuidad aunque el presidente, Carlos Álvarez, conserve su confianza. «Sé que tiene fe ciega en que nos hemos dejado el alma. Pero también tiene el objetivo de devolver al equipo lo antes posible a Liga Femenina», advierte. «Para eso hay que tener mucha energía, estar concienciado. Lo único que puedo ofrecer es mi experiencia y mi trabajo. Necesito estos días para encontrarme con esa fuerza. Soy una entrenadora de club. Si él decidiese que me dedique a entrenar a otro equipo de la cantera, lo aceptaría».
Todo apunta, no obstante, a que Cantero, que en mayo renovó hasta 2026, seguirá al frente del Celta. Jugadora entre 2002 y 2007, en categorías inferiores después y encargada del primer equipo desde 2015, acepta: «Cuando me sienta más serena dentro de una semana y ya piense en el futuro, no en el pasado, seguro que la energía será otra».
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