Franco Cobas, más allá de Roma
«Fui remero, directivo, entrenador… Y al final hasta periodista», enumera el quinto galardonado con el premio Luis Miró, que asegura sentirse «pequeño» en compañía de Carlos Pérez, Álvarez Salgado, Manolo y Paco Amoedo

Abel Caballero aplaude a Franco Cobas después de entregarle el premio Luis Miró. | Fotos: Marta G. Brea/Alba Villar
A.A.
El premio Luis Miró, que distingue las trayectorias de leyenda en el deporte vigués, alcanzaba su quinta edición en presencia de familiares del añorado maestro de origen catalán, pionero a nivel gallego y estatal en deportes como voleibol, fútbol americano... Fue promotor del atletismo recién llegado a Vigo en los años cuarenta, como exiliado interior, y el bádminton se introdujo en España por su iniciativa. Un gigante que ahora acompaña con su nombre a otros: Carlos Pérez, Javier Álvarez Salgado, Manolo Rodríguez el «Gran Capitán», el recientemente fallecido Paco Amoedo, a cuya familia también se tributó un sentido homenaje... Y ahora se une a ellos Franco Cobas. «Que me den este premio con ellos... Yo me encuentro pequeño. Pero es una satisfacción y un broche de oro para una vida deportiva que todavía sigue”, establece.
Miembro de la primera generación olímpica de remeros vigueses, Franco Cobas no detuvo su trayectoria en aquella participación en los Juegos de Roma, como él mismo recuerda. «Esto es una alegría y una satisfacción. Después de estar toda una vida en un deporte minoritario, que ahora te reconozcan tus méritos, que además no lo son, porque yo disfrutaba haciendo remo. Fui remero, directivo, entrenador… Y al final hasta periodista, haciendo las crónicas de las regatas. Fue una época muy bonita», indica.
El que también fuera presidente del Real Club Náutico de Vigo, miembro activo de la Asociación de Olímpicos Vigueses y cronista en vigor en FARO del mundo del remo, bajo el seudónimo de Koroibos, y el primero en escribirle el «in memorian» al deportista que se va, Franco Cobas ha podido comprobar a lo largo de su vida cómo ha evolucionado el deporte vigués. De los escasos olímpicos de antaño, por ejemplo, al nutrido grupo que ayer posó sobre el escenario del teatro. «Ahora hay tantos. En nuestra época entrar en una final olímpica era un milagro. Ahora, ya ves, hay muchos y con medallas y diplomas... Martín de la Puente es un ejemplo total, con todos sus problemas personales y ahí está como número uno. Eso te enorgullece. Venimos de la misma saga», menciona además. Franco, en su discurso, había agradecido el impulso inicial que le dieron sus tíos Antonio y Maruxa Fresco, y Tomás Crespo; este último, bisabuelo de Martín.
«Recuerdo las tertulias que teníamos en la mesa, viendo un partido por la televisión, y era fantástico, me ilusionaba», comenta de esos familiares. También menciona a su compañero de bote, José Luis Méndez, y a un referente anterior; el primer olímpico vigués, en natación en los Juegos de Londres: «Alejandro Febrero era una figura impresionante para mí. Estábamos en el Náutico y recuerdo cuando Antonio Fresco me lo presentó. Me quedé de piedra. ‘Le he dado la mano a un olímpico’. Era un estímulo, un orgullo inmenso».
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