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Alpinismo

Amistad en la cumbre: la historia de Nieves Gil y Laia Duaigües

La aragonesa y la catalana son dos de los miembros más activos e interesantes en la generación joven del alpinismo español - Junto a la madrileña Lucía Guichot han protagonizado ya expediciones de alto nivel. De su trayectoria y amistad hablarán hoy en Vigo.

Nieves Gil y Laia Duaigües.

Nieves Gil y Laia Duaigües.

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Vigo

Crecieron a pocos kilómetros y a la vez distanciadas. La montaña las ha reunido a la vez que las eleva. La aragonesa Nieves Gil y la catalana Laia Duaigües, compañeras de promoción en el equipo femenino español de alpinismo, abren hoy (20:00, Auditorio do Concello) el IV Ciclo de Montaña, Medio Ambiente e Cambio Climático Cidade de Vigo, que organizan el Club Peña Trevinca y la Universidade de Vigo. «La amistad, lo esencial para una buena escalada», titulan su conferencia. El factor humano importa, incluso o sobre todo cuando la naturaleza abruma.

Nieves Gil se cría en Hecho, un pueblo oscense asomado al Parque Natural de los Valles Occidentales, con los Pirineos en el horizonte. Ya la pila bautismal parece predestinarla. Sus padres la lanzan a esquiar con apenas tres años por las trochas de Oza. «He tenido vínculo con las montañas desde pequeña. Pero con el alpinismo como tal no empecé hasta la universidad», matiza. Elige con igual coherencia Ingeniería de Montes. «Ahí conocí a personas que me introdujeron en este mundo. Nunca había escalado hasta que fui a Lérida».

Laia la pronuncia Lleida. Es su hogar, aunque ella nace al sur de la provincia, en Juncosa, a pleno sol, lejos de las cordilleras umbrosas. En la comparación de biografías, al principio divergentes, revela: «Mis padres no son nada montañeros. Sí que íbamos a los Pirineos en los campamentos de verano; doce días, desde los 8 a las 12 años. Me encantaba». Recuerda también haber visto «cien veces» Límite Vertical, una película de aventuras ambientada en el K2. «Incluí en mis planes de mayor ser alpinista, aunque no tenía yo recursos para ello».

Sus trayectorias, aun ignorándolo, empiezan a converger en vocación y apetencias desde esa adolescencia. Nieves se apunta a los grupos de tecnificación de alpinismo de Aragón. En los Alpes se extasía con el terreno glaciar. «Adquirí un conocimiento brutal sobre técnicas de rescarte, de cuerda corta...», enumera.

A Laia, por su parte, la lleva un amigo de escalada a Margalef, donde los riscos calizos de El Priorato. «Me encantó. Vi que era lo que yo quería hacer», resume. Todavía se dedica un tiempo a correr a pie o en bici hasta que en Lleida abren un rocódromo. En esas instalaciones conoce a Eudald Pascual, su primer socio de cordada. La epifanía se completa en un viaje a Ecuador que le aconseja su primo Pau. «Me dijo que era fácil subir a los Nevados a probar la altura y el frío. Decidí coger un billete de avión y me fui sola, un mes, a descubrir qué sentía en esas condiciones y si quería cumplir mi sueño. La experiencia fue muy buena. Volví supermotivada».

La forja del equipo

Hasta ahora en coordenadas y alturas distintas, la pasión común al fin las reúne en el tiempo y el espacio. La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) convoca seis plazas –y otra de médica– para el equipo femenino de alpinismo, cuyas expediciones y concentraciones promoverán de 2018 a 2021. Las dos se presentan y resultan elegidas. «Es como una beca. Siempre lo hemos pensado así. Había muy buen ambiente. Todas teníamos más o menos el mismo nivel y fuimos evolucionando a la vez. Además de aprender, se forjó una amistad muy bonita. Mi paso por el equipo me ha cambiado la manera de vivir y es lo que más feliz me hace», precisa Nieves. Laia enfatiza: «Tuve mucha suerte de poder entrar. Es de las mejores cosas que me han pasado. Me ha dado mucho y he conocido a chicas maravillosas».

La relación cuaja especialmente entre ellas y la madrileña Lucía Guichot. Son las tres que pueden acudir con mayor frecuencia a las actividades. Mantendrán su alianza cuando el equipo se disuelva. En los últimos años han emprendido diferentes proyectos. Juntas se han convertido en la primera cordada femenina española en subir la cara norte del Eiger, el ogro de los Alpes. Lucía y Nieves también ejercerán como pioneras hispanas por la cara sur de la Torre sin Nombre (6.251 m), al norte de Pakistán.

Hitos que las ubican entre los talentos emergentes del escenario estatal. «Está en auge. Cada vez somos más, sobre todo chicas», describe Nieves. Laia aprecia que «el alpinismo actual se caracteriza por la rapidez y dificultad. Disponemos de materiales mucho más adaptados que antes, teléfonos satélites, partes meteorológicos precisos...». Se pierde el atractivo de la incertidumbre, aceptan. No varía, al menos para ellas, la ilusión de la empresa común.

«Lo de los alpinistas solitarios es otra visión que está bien. A mí me gustan las vivencias y todo lo que comparto. Por eso no voy con cualquiera, sino con quien tiene carácter e ideales como los míos», defiende Nieves. La persona que resuella a tu lado es siempre el principal descubrimiento. «En actividades extremas sacas tu cara buena o tu cara mala. Es cuando conoces de verdad a la gente y sabes si puedes contar con ella. Se construyen lazos muy fuertes. Lo más bonito no es hacer cumbre, sino la aventura en que te has embarcado con tus compañeros».

La alpinista Chus Lago.

La alpinista Chus Lago. / FDV

Las que abrieron vía

«Cada vez hay más mujeres que hacen alpinismo. Las nuevas generaciones van a subir muy fuertes», certifica Laia. Esas jóvenes pujantes, incluso cuando abren vías, transitan en realidad por territorios que otras han cartografiado para ellas. Rosa López, Edurne Pasaban o Chus Lago se erigen en santoral moderno, como ya otras antes –María Isabel Pérez, Teófila Gaos, Miriam García, María Antonia Simó, Elisabeth Vergés...–.«Siempre hay que tener referentes. Resulta motivador. Cuando empezaban, seguramente sería mucho más costoso que una mujer hiciese un 8.000», reconoce Nieves de sus predecesoras. «Nos han facilitado el camino. Es de agradecer». A la viguesa Lago la disfrutó en una conferencia sobre la Antártida que ofreció en Jaca. También en la pedagogía le sirve de ejemplo, como hoy probará en el auditorio municipal. «Me gustó mucho, la verdad. Lo que buscamos nosotras es lo mismo en pequeña escala; sentirnos libres en el ambiente que más nos gusta, rodeadas de montañas, y contar nuestras historias».

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