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Fútbol | Segunda RFEF

La falta de puntería condena al Coruxo

Los vigueses dispusieron de varias ocasiones para llevarse la victoria en el Vero Boquete | El equipo entrenado por David de Dios acumula cuatro jornadas sin conocer la victoria

Un momento del partido jugado ayer en el Vero Boquete. |  Xoan Álvarez

Un momento del partido jugado ayer en el Vero Boquete. | Xoan Álvarez

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Área 11

Santiago

1 COMPOSTELA: Javi Rabanillo; Roque, Álvaro Casas (Diego González, minuto 46), Pablo Crespo, Manu Rivas; Ocaña, Fer Cano (Óscar Gil, minuto 91); Santi De Prado, Carlos Cinta (Landeira, minuto 69), Giuliano (Manu Barreiro, minuto 69) y Selasi (Samu Rodríguez, minuto 85).

0 CORUXO: Alberto Domínguez; Johan Terranova, Naveira, Borja Marchante, Guido (Álex Rey, minuto 73), Álvaro Fernández (Dani Pereiro, minuto 73); Borja Domínguez, Willy, Hugo Rodríguez (Youssef, minuto 60); Álex Pérez (David Añón, minuto 60) y Binke Diabate (Insúa, minuto 80).

GOL: 1-0, minuto 31: Santi De Prado.

No fueron inferiores los vigueses del Coruxo en el partido de ayer, pero el conjunto local aprovechó una de sus ocasiones para llevarse los tres puntos en juego. Tras una primera parte equilibrada, los verdiblancos no tuvieron la suficiente clarividencia en ataque para fabricar ocasiones de gol en el segundo acto.

El partido empezó con los dos equipos tanteándose y más preocupados por no encajar que de ir a por la portería contraria. Los de David de Dios estaban cómodos en el césped del Verónica Boquete pero a los diez minutos se llevaron un sustazo, Manu Rivas se sacó de la manga un magnífico pase para Carlos Cinta y cuando éste iba a batir a Alberto emergió la figura de Álvaro Fernández que le rebañó el balón y evitó el primer gol de la tarde. Fue una gran acción defensiva del jugador verdiblanco. Era un partido muy igualado y con pocas ocasiones de gol. Al Coruxo se le veía cómodo en el campo y mediada la primera parte tuvo una gran ocasión de gol. Johan Terranova se adentró por su banda derecha y, tras llegar a la línea de fondo, centró el balón que remató fuera Binke cuando lo tenía todo a favor.

Un jugador del
Coruxo y otro del
Compos saltan
 por el balón. 
|  Xoan Álvarez

Santi Prado, en la jugada del primer gol. / Xoán Alvarez

El juego se desarrollaba en el centro del campo, el partido no tenía un dominador claro, y los vigueses estaban cómodos y no sufrían agobios en defensa. Sin embargo, en una jugada aislada recibieron un gol en contra. Pasada la media hora, el balón le llegó a Rabanillo que pegó un pelotazo, los centrales del Coruxo, que pedían fuera de juego, se tragaron el balón que le cayó a Santi De Prado, que batió a Alberto con un toque sutil en el mano a mano.

Era el primer remate a portería del Compostela, lo que da idea de lo controlada que tenía la situación el equipo de David de Dios, que recibía un castigo excesivo con esta jugada. Pero claro, los errores se pagan y los centrales verdiblancos no estuvieron muy atinados en esta acción. Tras unos pocos minutos de zozobra por el gol encajado, el Coruxo se recuperó del golpe y se mantuvo en el partido, incluso se fue al ataque y en una jugada Binke Diabaté protestó airadamente una mano dentro del área cuando iba a rematar.

No hubo tiempo para más y un Coruxo no fue peor que el Compos se fue a vestuarios por detrás en el marcador. Tocaba remontar en la segunda parte y dar un paso adelante en ataque porque los de David de Dios llegaron poco al área rival en los primeros 45 minutos aunque acabó jugando en campo contrario tras el gol encajado.

La segunda parte empezó con ritmo, el Coruxo tocaba bien el balón pero sufría con las salidas a la contra de los locales como en una en la que Roque disparó desde la frontal del área y el balón se marchó desviado por muy poco.

La presión alta del Coruxo era efectiva y cada vez jugaba más en campo contrario con el paso de los minutos pero cuando llegaba al área no encontraba la jugada definitiva, el último pase para poder generar ocasiones de gol y provocar inquietud en la zaga local. Era un partido muy igualado en el que ningún equipo se imponía al otro.

Cada uno tenía sus armas, el Compostela se replegaba atrás con las líneas muy juntas y buscaba salir a la contra mientras que el Coruxo apostaba por una buena presión e intentaba acular al rival a través de una buena circulación de balón. Como los dos aplicaban muy bien su estilo de juego el equilibrio se traducía en pocas llegadas a las áreas.

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