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Entrevista | Eneko Pou Alpinista

“Empezamos caminando y terminaremos caminando”

Los hermanos vitorianos Iker y Eneko Pou, astros del alpinismo mundial, ofrecen mañana una charla-coloquio en el Auditorio Municipal de Vigo, invitados por el Club Peña trevinca

Eneko (izquierda) e Iker Pou, en un amanecer en el Vallunaraju, en la Cordillera Blanca de Perú. ©HermanosPou

Eneko (izquierda) e Iker Pou, en un amanecer en el Vallunaraju, en la Cordillera Blanca de Perú. ©HermanosPou / ©HermanosPou

Armando Álvarez

Armando Álvarez

El Club Peña Trevinca ha alcanzado vigoroso los 80 años, con un millar de socios y una actividad febril. Tal celebración exigía invitados acordes. Los hermanos vitorianos Iker y Eneko Pou, astros del alpinismo mundial, ofrecen mañana (20:00) una charla-coloquio en el Auditorio Municipal de Vigo

—Tras tantos años decidieron que había llegado el momento de escribir un libro sobre sus peripecias: Aúpa Pou. Una vida encordados.

Llevábamos años en verdad. Se iban cogiendo notas, se iba escribiendo… Pero materializar algo así es otra cosa, difícil. Ha sido un trabajo impresionante. Es el resumen de nuestra carrera. Hay aventuras desde que somos pequeños hasta prácticamente el día de hoy. De hecho, antes de Navidades estaremos sacando el segundo, que viene a completarlo. Son libros con mucha dedicación, con mucho trabajo. Lo hemos hecho nosotros entero. En el deporte, o al menos sucede en el mundo de la montaña, casi nadie se hace sus propios libros. Siempre hay un escritor profesional detrás. Nosotros los hemos escrito enteramente; para lo bueno porque quizá es un libro muy fresco, lo entiende todo el mundo y por eso ha triunfado, con cuatro ediciones; el punto flaco es que no es literatura de alto nivel. Creo que es un libro entretenido, bonito… Y sobre todo es un libro de aventuras, mucho más incluso que de montaña.

—Han tenido que recolectar sus recuerdos entre 120 expediciones por 60 países. Lógico que necesiten ya una segunda entrega.

El libro ha sido un resumen muy grande de nuestra vida. Nos hemos quedado con las anécdotas principales y también con las expediciones más importantes a nivel deportivo. Hemos tenido que aligerar muchísimo. No nos entraba todo. Pero hemos condensado lo más divertido, lo más dramático… Un poco de todo. Cuando te dedicas a esto, experimentas momentos de mucha felicidad y de mucha tristeza, por la pérdida de compañeros. El libro refleja toda esa realidad.

—Estos ensayos autobiográficos obligan a un escrutinio retrospectivo; a observar cómo han cambiado aquellos niños vitorianos que hoy son profesionales de prestigio.

Aquellos dos chavales que empezaron en el monte de pequeños ni se imaginaban que podían llegar a donde hemos llegado a todos los niveles, profesional y sobre todo deportivo, que es lo más importante para nosotros. Al final es nuestra pasión por encima de nuestro trabajo. Ahora mismo somos dos personas mucho más maduras. Seguimos supermotivados por seguir creciendo en el mundo de la montaña y seguir aprendiendo, que es lo que te lleva a mejorar. Y seguimos con mucha ansia por descubrir y emprender proyectos bonitos. Es nuestro motor vital. Iniciamos esta larga carrera caminando. Después, más adultos, nos pusimos a escalar. Y terminaremos caminando otra vez. Es el ciclo vital. Esa relación con el monte no acabará nunca.

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Aúpa Pou. Una vida encordados

Autores: Eneko e Iker Pou

Editorial: Sua Edizioak

—¿Cómo ha influido o resistido su relación fraternal las presiones, las tensiones, las discrepancias…?

La parte sentimental tiene muchas ventajas. Componemos una cordada muy sólida, que se conoce muy bien. Cierto que escalando con tu familia, y solo somos dos hermanos, la responsabilidad de que todo vaya bien es muy grande de cara a nuestros padres. La relación personal tiene momentos muy buenos y momentos peores. Cuando hay crisis de algún tipo, se notan más, afectan más al de al lado e incluso a la actividad. Tiene esas dos vertientes que debes saber manejar.

—¿Alguna expedición, entre tantas decenas, les ha marcado especialmente?

Hay un poco de todo. Lo bueno nuestro es que siempre hemos buscado la aventura. No nos hemos encasillado, por ejemplo, en ir solo al Himalaya o solo a los Andes. Hemos estado en los dos polos magnéticos, en la Antártida y el círculo polar ártico; hemos hecho muchas expediciones en la selva y el desierto; hemos estado en la alta montaña… Cada vez que hemos visto que nos frenábamos con algún tipo de actividad, nos hemos abierto a una nueva por ese afán de superación y conocimiento. El proyecto de “7 paredes, 7 continentes” marcó una época, de cinco años. Ahora hemos acabado el macroproyecto de los “4 elementos”, del que versará el próximo libro. Pero nos marcó subir en 2013 al Cerro Torre, para nosotros la montaña más bonita del mundo. O toda la actividad que hemos hecho en Picos de Europa, en el Naranjo de Bulnes –que también llaman Pico Urriellu–, o la Peña Santa. Es difícil decir qué fue mejor o peor. Todas han sido importantes.

—Otra pregunta repetida pero obligada: ¿qué objetivo les obsesiona o motiva especialmente?

Vamos bastante sobre la marcha. Por hacer nos quedan mil cosas. Al ser una pasión, el tema es dar con proyectos que realmente te muevan ese motor. Hay que encontrarlos. Lo nuestro en los últimos años es un alpinismo de exploración. Nos dedicamos a abrir vías. Es el espíritu romántico de aquellos exploradores de finales del XIX y principios del XX, polares, de la selva africana… Se trata de llevar las posibilidades del ser humano un poco más allá. Eso conlleva mucho trabajo de búsqueda y no lo puedes prever con muchos meses de antelación. De repente te surge. Nos apartamos de los sitios masificados como el K2 o el Everest. La vanguardia va hoy en esa línea de exploración, que esos sitios fueron hace 50 años.

—¿Y qué opinión les merece esa masificación de determinadas zonas?

En líneas generales no es positivo. Es una actividad que se realiza además a base de dinero. Se compran las ascensiones mediante gente que te va a ayudar alrededor; en el caso del Himalaya, los sherpas; en el caso del Karakórum, los porteadores de altura baltíes; el oxígeno, las cuerdas fijas, el camino trillado por un montón de gente... Creo que esto debería ser un objetivo personal y no colectivo, que pueda llevar al mundo de la montaña más allá. Desde el punto de vista personal le puedes dar el valor que quieras, pero subir a costa de lo que sea es una historia bastante egocéntrica, vanidosa. Incluso la definiría como colonialista. Te vas a países más pobres, con gente que está más fuerte que tú, y el que sale en los medios de comunicación eres tú en vez de ellos. Y técnicamente no es interesante. No nos ofrece ningún reto especial.

—Ustedes, con el libro o su participación en programas como La Revuelta, están traspasando la barrera del público generalista.

A eso le daría bastante valor. Si estamos traspasando el mundo de la montaña, lo más importante es que lo estamos consiguiendo con sus grandes valores, sin habernos bajado los pantalones ni haber pervertido la actividad. Tanto Iker como yo siempre hemos inculcado el compañerismo, la amistad, la ayuda al que está en apuros, el afán de superación sin la competición de los grandes deportes de equipo, que a veces venden más el show que sus propios valores intrínsecos… Defendemos lo beneficiosa que puede ser la montaña para una sociedad supercompetitiva. Buscamos esa relación con la naturaleza, ese momento casi espiritual de relacionarse con el medio del que venimos. Porque el ser humano no viene del hormigón. Cada día estamos más alejados y eso genera estos problemas modernos, de gente más agarrada a un móvil que a la naturaleza. Si hemos sido capaces de inculcar esta necesidad, es un valor añadido.

—Ciertamente no es lo que buscan pero, tras cinco candidaturas al Piolet de Oro, el galardón mundial más prestigioso, ya les apetecerá ganarlo ahora que los han nominado por sexta vez.

Nosotros no buscamos eso ni tiene excesiva importancia, sinceramente. Pero deportivamente este tipo de premios es algo que entiende todo el mundo a la hora de saber que seguimos en el top a pesar de que ya tenemos 47 y 50 años. Jugamos con las contradicciones que tiene todo ser humano.

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