Judith Rodríguez | Esgrimista paralímpica
“Mi madre estaría orgullosa; no de la medalla, sino de que lo haya dado todo”
“La palabra que me da fuerza para afrontar mi día a día, mis asaltos, es lume. Vamos a darle más fuego, vamos a por más…”

“Mi madre estaría orgullosa; no de la medalla, sino de que lo haya dado todo”

Siempre le quedará París a Judith Rodríguez, aunque ya pronto la seduzca el sueño americano de Los Angeles. La viguesa, amputada de la pierna derecha a raíz de un accidente en 2018, aterrizó ayer en Barajas –y lo hará esta noche en Peinador– con su bronce de florete; la primera medalla para la esgrima en silla española desde Hassen-Bey en Atlanta 96. Su impacto ha trascendido el metal, no obstante. “Judith es un ejemplo”, resalta el director del Comité Paralímpico Español, Alberto Jofre. Su permanente sonrisa lució especialmente en la ceremonia de clausura. Llegó como novata. Se ha ido como abanderada.
–Le dicen que va a ser abanderada. ¿Cómo reacciona?
–Ya habíamos acabado las dos competiciones, estábamos en la villa y me llamaron para que bajase a la oficina a comunicarme algo. Y me dijeron que habían pensado en mí para ser la abanderada porque había conseguido una medalla histórica en la esgrima en silla, la primera en muchos años; también por mis valores y la imagen que daba. “¿De verdad, yo?”, les contesté. No me lo creía. Se trataba de representar el trabajo de todos los deportistas a través de ser abanderada de nuestro país. Me hizo mucha ilusión realizar el recorrido en el estadio. Había muchísima gente. El ambiente fue espectacular. Fue muy emocionante ver a todos los deportistas de todos los países juntos en un mismo sitio, celebrando el final de un ciclo paralímpico y que empieza otro con nuevos objetivos.
–¿Qué balance vital realiza de sus primeros Juegos?
–Estoy muy contenta y emocionada. He disfrutado cada momento que hemos vivido; la verdad, ya desde que empezó el ciclo, trabajando para lograr este objetivo. Ha sido una clasificación muy dura. Ha habido momentos de mucha tensión. Pero estando allí he podido disfrutarlo. Estar en unos Juegos es el sueño que todo deportista tiene. Soy afortunada por haber podido estar allí y compartirlo con otros deportistas paralímpicos de mi país, también de mi ciudad.
–Bronce en florete, al borde las medallas en espada...
–Estoy muy contenta con los resultados. El día del florete fue increíble. La filosofía que llevé ese día es la que intento llevar a todas las competiciones: pensar y realizar el siguiente tocado, da igual que vayas perdiendo 1-0 o 10-0. Fue una competición muy mental también y eso fue lo que me dio la medalla. Cuando vi que la luz iluminaba el marcador, que era mi tocado número 15, no me lo podía creer. Se me cayeron las lágrimas pensando que todo el trabajo había salido en la pista. Mi objetivo era darlo todo. Me quedó un poco mal sabor de boca en la espada. Creo que podría haberlo hecho mejor, pero mi brazo no estaba bien. No pude dar el 100 por 100 de mí. Valorándolo objetivamente, no fue mal resultado. Todas las que estamos ahí luchamos y estaban las mejores. Ahora toca descansar tres o cuatro semanas y empezamos ya el nuevo ciclo. Vamos a prepararnos y a coger experiencia, que también nos hace falta.
–Es una medalla que la esgrima española llevaba esperando desde Atlanta 96.
–Estoy claramente contenta por mí y por todo el trabajo realizado durante mucho tiempo. No es un asalto o un tocado. Es un premio a un recorrido a la larga. Pero también quiero que esta medalla sea un escaparate para que la esgrima en silla y el deporte paralímpico sigan creciendo. Y que en el futuro pueda decir que tenemos un equipo de esgrima femenino, que podamos competir juntas… Me alegra haber terminado con esa sequía de tantos años y en florete, donde nunca se había logrado.

Judith Rodríguez, en París. / Cedida
–¿Ha evaluado ya conclusiones para el futuro?
–Que aún nos queda mucho por aprender. También que hay que vivir los momentos y que sin trabajo no se consigue nada, pero tampoco sola. Este es un deporte individual, pero sin mi equipo, sin mis entrenadores, sin mi familia y mis amigos, todos los que me han apoyado, no podría haber logrado esto. Siempre hay que querer más, sin conformarse. Es lo que diferencia a un deportista que desea seguir alcanzando metas del que no.
–¿Le satisface algún componente especial en su rendimiento?
–La parte mental. No habría podido conseguir esto si no hubiese trabajado la parte mental. Es esencial, no sólo en el deporte. Si te entrenas física y técnicamente, pero no mentalmente, estás jugando con una carta menos en tu baraja. La cabeza controla el cuerpo. Si no está bien, necesitas ayuda para saber gestionarlo. No sería posible sin la ayuda de los profesionales. Me repito mucho a mí misma que no puedo centrarme en aquellas cosas que no puedo hacer, sino en las que sí podré hacer. Tras el accidente perdí mucho tiempo pensando en que no podría volver a practicar esgrima como antes, que no podría volver a correr… Cuando cambié el chip, todo mejoró. La palabra que me da fuerza para afrontar mi día a día, mis asaltos, es lume. La tuve muy presente en esta competición. Me la gritaban antes de empezar mi familia, mis amigos y mi entrenador. Vamos a darle más fuego, vamos a por más…
–Supongo que habrá rememorado todo lo que ha vivido desde el accidente; los obstáculos, los miedos, las dudas, su renuencia inicial a competir en silla (hubiera preferido hacerlo de pie, con prótesis, pero no se permite)…
–Al principio no quería oír hablar de la esgrima en silla ni de ningún deporte. Pasas por un momento duro, tu vida ha cambiado de repente y no quieres aquello que no sea similar a lo que tenías antes. Es un proceso muy largo, que se tiene que asimilar con ayuda. Luego ves que sí puedes construir una nueva vida y a través de la esgrima, que es tan importante para mí. Me ha devuelto metas. Solo por poder estar en la pista, haciendo lo que más me gusta, ya han merecido la pena todos estos años de esfuerzo.
–Hablaba de su entorno: el maestro Mariño, su padre y el resto de la familia… Y su madre (fallecida en 2014), a la que siempre tiene presente.
–Esta medalla va dedicada al trabajo de todos los deportistas y a la gente que me apoya todos los días para que consiga mis objetivos. Y en especial a mi maestro, Manuel Mariño. Llevamos veinte años juntos. Ha sido único poder vivir esta experiencia con él y con los entrenadores que me han ayudado en este ciclo, como Xavi en Barcelona. Mi club, El Olivo, también me ha apoyado desde el primer minuto que me senté en la silla de ruedas. Y sobre todo mi familia y mis amigos. Ellos siempre han confiado en que iba a conseguirlo. Sé que siempre estarán ahí, en las épocas buenas y en las malas. Me acuerdo de mis hermanos. Y claro, de mi madre. Le hubiera gustado haber visto esto. Sé que estaría orgullosa; no de que haya conseguido una medalla, sino de que haya dado todo de mí. La sociedad debería ser consciente de que todas las personas que van a los Juegos o que luchan por ir damos el cien por cien de nosotros todos los días. Entre lograr una medalla o no a veces solo existe la diferencia de un tocado, una milésima, una mala salida, un pase… El mérito es el trabajo. Eso marca a un buen deportista.
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