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fútbol

Cuando vivir ya es un éxito

Martín Blanco afronta el complicado reto de repoblar el desierto en el que se convirtió el Gran Peña tras el final del convenio con el Celta

Trabaja para formar una plantilla de veinte futbolistas después de perder a todos los componentes del equipo de la pasada temporada

Martín Blanco, en el campo de Barreiro.

Martín Blanco, en el campo de Barreiro. / FDV

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

VIGO

En el Gran Peña hace bien poco resonaba el eco de las habitaciones vacías. Ese ambiente frío, casi inerte, es el que se encontró Martín Blanco tras recibir de Waldo Otero la complicada encomienda de poner en marcha un equipo volatilizado por completo tras la finalización del convenio que durante tres años le convirtió en el segundo filial del Celta. Unos días después de perder en Salamanca el ascenso a Segunda Federación ya no quedaba ni rastro de aquel equipo que rozó la proeza en El Helmántico. Un entrenador sin un solo futbolista al que dirigir; un reto mayúsculo para Martín Blanco, exjugador granpeñista y emocionalmente muy ligado siempre al club de Lavadores. Aceptó el desafío consciente de que va a afrontar una carrera en el que arranca el último y con muchos menos recursos que todos sus rivales de Tercera Federación. Pero avisa de que la va a competir.

El final del convenio con el Celta fue una tragedia deportiva para el Gran Peña que de golpe perdió a toda su plantilla. No pudo conservar a ninguno de los futbolistas que tan buena temporada habían realizado. Alguno regresó a la disciplina del Celta, pero la mayoría acababan contrato o fueron rescindidos y no tardaron en encontrar destino. El rendimiento de la pasada temporada les convirtieron en piezas codiciadas en el mercado de Segunda y Tercera Federación. Tampoco había entrenador porque Luis Bonilla regresaba a su puesto en el Celta y en esa situación la directiva de Waldo Otero eligió a Martín Blanco para repoblar el desierto. El técnico asume la situación con normalidad, sin hacer ningún drama aunque sin edulcorar tampoco el panorama: “El problema de esta historia, más allá del económico, es que partimos de cero. No se ha quedado ni un jugador de la plantilla porque han tenido buenas ofertas y han hecho una temporada destacada por lo que han encontrado acomodo en categoría superior o en los equipos de Tercera que ofrecen mejores condiciones económicas. Y a esto hay que sumar aquellos que no eran de Vigo...porque el Gran Peña no tiene capacidad para mantenerlos en el club. Por eso partimos de cero y montar un equipo desde ahí tiene mucha dificultad”.

La tarea de Martín Blanco y del Gran Peña es compleja porque al hecho de tener que fichar veinte jugadores (es el número en el que piensan para afrontar la temporada) se une el problema de que la mayoría de clubes finalizaron sus temporadas en el mes de mayo mientras ellos lo hicieron bien entrado junio. Cuando han salido a olisquear el mercado la mayoría de jugadores ya se había comprometido de cara a la próxima temporada: “Es otra dificultad. La mayoría de futbolistas ya están fichados o comprometidos verbalmente. Y ya no hablo de competir en el mercado con clubes de Tercera sino con los de Preferente donde hay equipos potentes que pueden ofrecer condiciones mejores que las nuestras. Esa es una dificultad añadida”. Pero Martín Blanco, hijo de un expresidente del club, que jugó en el Gran Peña al igual que su hermano y que lo entrenó hace años, apela a la vieja resistencia del club: “La situación es complicada, pero tampoco nueva. Estamos acostumbrados a pelear contra viento y marea, así que hay que sobreponerse y listo”.

Le da la vuelta a la situación el nuevo entrenador y recuerda que “el hecho de estar vivos, de salir a competir...ya es un éxito. Poder sostenerse económicamente es una gran noticia y ahora como club vamos a tratar de hacer la mejor plantilla posible con nuestros recursos sabiendo que la temporada va a ser difícil”.

El entrenador, que ya ha sido capaz de reclutar a una docena de futbolistas para el nuevo proyecto, apunta a la importancia que tendrá acertar en las decisiones que tomen en el último tramo del verano y “saber esperar”: “Como somos los humildes, los pobres de la categoría, igual tenemos que esperar un poco al final. Ver qué queda suelto en esas últimas semanas de mercado. Es algo que por ejemplo hizo muy bien el Arenteiro la pasada temporada. Es verdad que ellos con unas posibilidades económicas diferentes, pero le sacaron mucho provecho a las decisiones que tomaron en el último momento. Y a ver si nosotros somos capaces de hacer algo parecido”.

La opción de que algún jugador pudiese llegar cedido del Celta ha desaparecido con el fin del convenio aunque Martín Blanco sentencia que la relación con la “casa madre” es buena y que la colaboración en otras cuestiones se mantiene: “Ayuda y sintonía existen...y seguirá existiendo. Las relaciones son buenas”. El hecho de que el Celta haya rescindido a un buen número de jugadores a los que ya no tenía donde acoger, como es lógico, les dejaba sin posibilidad de aspirar a ellos: “Bueno, tenemos que hacer nuestro camino y ya está” sentencia el técnico sin muchas ganas de extrañar lo que ya no volverá.

El Gran Peña asume su realidad sin darle muchas vueltas al asunto y consciente de la lista de debilidades que presenta en comparación con sus rivales: arrancar de cero, su escasez económica o el hecho, como apunta Martín, de que “creo que somos el único equipo de la categoría que está en condiciones de alquiler y que paga por entrenar y por jugar”. Pero precisamente en esa situación puede encontrar el Gran Peña la motivación y la fuerza: “Creo que va a ser importantísimo. Nuestro perfil es bajo y humilde, sabiendo que lograr la permanencia es un éxito gigantesco. Luchar, dar lo máximo, crecer y ser mejores cada día porque hay que juntarse y armar un equipo con piezas nuevas. No faltará el optimismo ni la ilusión”.

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