El desacuerdo de la carrera

Anxo Castro se impuso pese a las malas sensaciones previas

José Canda, Anxo Castro
y Manuel Lorenzo. 
  | // JOSÉ LORES

José Canda, Anxo Castro y Manuel Lorenzo. | // JOSÉ LORES / Armando ÁLvarez

Armando Álvarez

Armando Álvarez

Ganó Anxo Castro la Vig-Bay y era una de las opciones más probables. El melidense es el vigente campeón gallego del medio maratón. Conquistó el título en 2022 en Pontevedra y lo retuvo el año pasado, en Vilagarcía. Así que la distancia no tiene secretos para él. Se había empeñado, además, en añadir esta prueba a su palmarés. Posiblemente era él, con todo, quien menos favorito se consideraba. Llegaba sin buenas sensaciones. El termómetro lo asustó. Pero el asfalto dictó sentencia a su favor.

“Cuando llegaba desde Melide tenía miedo por el calor”, confiesa Castro. “Desde el calentamiento ya sudaba. El calor no me va”. Y realmente se le veía demudado, casi pálido, mientras intentaba recuperar el resuello. Otros llegaron detrás con mejor aspecto. El cronómetro no entiende de apariencias”.

Al coruñes, inscrito como indepediente, le exigió tanto esfuerzo el dezano José Canda, del Atletismo Arenteiro. Castro y Canda se conocen bien y esa información determinó la táctica. “Iba con José. Sabía que es muy bueno subiendo. Había que aprovechar que yo tengo un poco más de velocidad. Cambiando, cambiando, cuando empiezas a pillar a la gente del 10K, te empiezan a animar y solo quieres ganar”.

Finalmente Canda aflojó precisamente en el terreno más propicio, cuesta arriba, en el monte Lourido. “José se quedaba y si José se queda subiendo tenía que aprovechar para ir cambiando poco a poco porque sabía que los últimos 5 kilómetros yo era más rápido”.

Así que no hubo más rival, en ese último tramo, que él mismo, por el posible riesgo de un desfallecimiento. “Fui controlando, desde la entrada de Baiona hasta meta, gracias al público. Con esos ánimos, solo tenía que correr y no mirar a los lados”, explica. Estuvo especialmente atento a elegir el lado de la carretera que mejor lo protegiese del implacable sol. “Había tramos que daba bastante la sombra, la aprovechábamos y regulábamos un poco el ritmo. El sol afecta a todos; a unos más que a otros, está claro. Prefiero este sol que no lloviendo”, aclara.

Cuenta Anxo Castro que no supo cómo rendiría hasta que oyó el pistoletazo de salida y las piernas respondieron. “Venía con dudas porque llevaba unas semanas entrenando mal”, admite. “Pero tenía la obsesión de ganar esta carrera. Es una de las media maratones más importantes de Galicia”.