Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

fútbol - Primera División

Al Barça solo lo entiende Lamine Yamal

Un golazo del joven delantero salva un pésimo partido de los azulgrana ante el Mallorca

Lamine Yamal celebra su gol de ayer ante el Mallorca. |  // AP

Lamine Yamal celebra su gol de ayer ante el Mallorca. | // AP / francisco cabezas

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

francisco cabezas

barcelona

La vida tiene gracia cuando no entiendes nada de lo que ocurre. Como mucho, que un crío como Lamine Yamal sea quien libre al Barça de otro escarnio, esta vez frente al Mallorca, mientras la afición hace la ola en el desvencijado parque de atracciones de Montjuïc.

Hay cosas, sin embargo, que se entienden de maravilla. Como que Pau Cubarsí, a sus 17 años, sea ya el mejor central de la plantilla (él solo se hizo cargo de dos bestias como Muriqi y Larin mientras Iñigo Martínez naufragaba). O_como que otro canterano, Marc Guiu, pasara por delante de Vitor Roque el día en que Lewandowski tenía descanso. Xavi no tiene inconveniente alguno en contradecir a Deco, no en el púlpito mediático, pero sí en el vestuario. El fichaje que el director deportivo encajó con calzador de oro en el mercado de invierno –y que sirvió de excusa para no fichar a un mediocentro tras la lesión de Gavi– no le sirve al entrenador ni para ser titular contra el Mallorca.

Y así, con el invisible Oriol Romeu también calentando banquillo, Xavi resolvió el drama de tener que redibujar la sala de máquinas sin Pedri ni Gavi reubicando piezas. Gündogan, el único que parece saber de qué va el oficio de centrocampista, se encontró con que sus dos compañeros en el eje eran Christensen y Raphinha, un central convertido de repente en algo así como un mediocentro sin brújula, y un extremo con nervio y sin regate que ahora su entrenador intenta disfrazar en volante.

El primer acto, con todo, estaba cantado. Javier Aguirre tuvo suficiente con ordenar una presión individual en la salida y una defensa que cerrara pasillos interiores (5-3-2) para desconcertar al Barça. Xavi, sancionado, intentaba encontrar soluciones desde la cabina de Montjuïc en la que se encerró con el Nápoles-Torino (1-1) puesto en la tele. Mientras, su hermano y asistente, Òscar Hernández, veía cómo los futbolistas del Barça apenas se movían. Ni tenían espacios, ni eran capaces de entender las indicaciones de Gündogan, que hacía de futbolista y entrenador mientras intentaba aplacar su desesperación.

La frustración del centrocampista alemán aumentó cuando le tocó fallar el penalti con el que el Barça hubiera podido maquillar su deficiente primer acto. Lamine Yamal había lanzado en carrera a Raphinha, que acabó rodando en el interior del área después de que Copete le pisara el tobillo –acción que tuvo que detectar el VAR para que el árbitro corroborara la pena máxima–. Gündogan, sin embargo, tiró flojo y a media altura, un regalo para el meta Rajkovic. Por si fuera poco, del episodio tampoco se recuperó Raphinha, que tuvo que ser sustituido por Fermín.

Mientras los portugueses colocados por Jorge Mendes se perdían a su manera –a Cancelo le faltaba una tila, y a João Félix un café y cuatro latas de Monster–, Muriqi avisaba.

El Mallorca, finalista de Copa, fue un hueso pese a que llegara a Montjuïc habiendo sumado apenas ocho puntos como visitante en toda la temporada. Lamine Yamal comenzó a calentar el pie rematando al larguero. Y_Xavi buscó el gol redentor a media hora del final con Lewandowski y, ahora sí, Vitor Roque.

Pero sólo Lamine Yamal, que dejó en Babia a Dani Rodríguez –con el recorte– y a Rajkovic –con la rosca–, pudo sacar al Barça del matadero a un cuarto de hora del final. El martes, frente al Nápoles, tocará otro ejercicio de supervivencia. Al menos, él sí entiende a este Barça.

Tracking Pixel Contents