rugby - Mundial

Sudáfrica resiste la furia de los All Blacks

Los “Springbocks” se convierten en el primer equipo con cuatro títulos tras vencer 11-12 a una nueva Nueva Zelanda que jugó casi todo el partido en inferioridad

Los sudafricanos festejan su victoria sobre Nueva Zelanda. |  // EFE

Los sudafricanos festejan su victoria sobre Nueva Zelanda. | // EFE / fermín de la calle

fermín de la calle

Suráfrica se convirtió en la primer selección que levanta cuatro veces la Copa Webb Ellis, la que distingue al mejor equipo del mundo durante el ciclo de cuatro años que nos separa del Mundial. En el desempate entre tricampeones con Nueva Zelanda se impusieron por 11-12 en una final dramática como lo ha sido todo el torneo.

En el duelo se coló un invitado de última hora, la lluvia. Soplando a favor de los sudafricanos, cuyo plan de juego ganaba presión en su juego de patadas cortas a la caja. Sudáfrica salió poniendo toda la carne en el asador, como se esperaba, y exigiendo mucho en los puntos de combate. Y comenzaron a pasar cosas... A los tres minutos Sudáfrica, en un ruck intrascendente, Frizell limpió a Mbonambi por el cuello y el africano se dejó clavada la rodilla. Teniendo en cuenta que Malcolm Marx, talonador titular, ya estaba lesionado, era un problema para los bokkes. Aún así los sudafricanos sometían a los de negro y Pollard pasaba dos golpes, por uno de Mounga (6-3).

Los bokkes exprimían cada jugada, tensaban cada ruck, arrasaban cada carga, porfiaban en cada touch. Nueva Zelanda sufría sin balón, ni un solo despliegue en media hora. Y entonces ocurrió algo que marcó el partido. En otro ruck intrascendente, Cane iba muy arriba ante Kriel y la amarilla se tiñó de rojo. El infierno en inferioridad es más infierno. Competir físicamente con Sudáfrica es una epopeya, hacerlo con uno menos es una utopía. El goteo sudafricano desangraba a los All Blacks, pero los oceánicos se mantenían a golpe de ensayo al descanso (6-12).

Del vestuario volvieron revitalizados los All Blacks, que además vieron como Kolisi, el capitán sudafricano, veía la amarilla por otro cabezazo en un placaje. Nueva Zelanda se crecía, al jugar otra vez en igualdad, y metía a los sudafricanos en su campo hasta posar dos ensayos. El primero anulado por un avant previo, el segundo subiendo al marcador tras una gran jugada de Telea que cedía a Beauden el ensayo (11-12) ya con Kolisi en el campo. Pero la conversión no pasó...

Nueva Zelanda aguantaba en inferioridad ante un rival superlativo que además refrescaba pulmones y piernas sacando a la Bomb Squad, sus siete delanteros que tensaban aún más las vértebras de los kiwis. La lluvia daba una tregua y comenzaban a aparecer los protagonistas esperados: Kolbe, los Barrett, Mounga... Mientras la batalla delante era cruenta, atrás se buscaban héroes. Whitelock y Retallick hacían de segundas y Scott Barrett se disfrazaba de tercera junto a Ardie Savea para compensar con kilos la inferioridad en la carnicería que eran los puntos de combate.

La final de las finales se decidiría en un gesto, un detalle. El mínimo error condicionaría un partido histórico. Y entonces una recuperación kiwi provocó una estampida que Kolbe cortó con un manotazo grosero que le mandaba al banquillo y dejaba los diez minutos finales otra vez en igualdad. Jordie Barrertt falló la patada y el suspense mantuvo el marcador en un punto.

El partido agonizó en campo neozelandés. Fase tras fase consumiendo segundos que goteaban camino del triunfo más épico de la historia del rugby. Kolbe lloraba desconsoladamente. Mientras Sudáfrica, que habría ganado a cualquier rival que se le pusiera delante, se dejaba la vida para vencer a Nueva Zelanda en inferioridad. Ganó quien no ensayó, con un rugby rústico, pero con el enorme mérito de vencer a un equipo superior en talento.