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El pastor de promesas

Jabato regresa a Vigo, junto al doctor Ángel Quirós y la delegada Carla Abad, con el primer título mundial sub 19 para España tras logar el Europeo en 2022

Arriba, Jabato, Ángel Quirós y Carla Abad Alonso, en el podio, junto a otros miembros del cuerpo técnico; al lado, Jabato y Quirós, en el banquillo del Octavio. // FDV

Arriba, Jabato, Ángel Quirós y Carla Abad Alonso, en el podio, junto a otros miembros del cuerpo técnico; al lado, Jabato y Quirós, en el banquillo del Octavio. // FDV / Armando ÁLvarez

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Armando Álvarez

Armando Álvarez

VIGO

Regresan a Vigo con su medalla de oro, “la que más brilla”, colgada al cuello. Han compartido esta alegría igual que las angustias de otros tiempos. Javier Fernández, Jabato, se ha proclamado campeón del mundo sub 19 como entrenador de la selección española. A su lado, el doctor Ángel Quirós. Ciudadrealeño y ovetense; ambos, olívicos de pro, en una gesta de alcance histórico. También la redondelana Carla Abad Alonso, vicepresidenta de la Federación Gallega, que ha ejercido de delegada. Ninguna generación nacional anterior había conseguido lo que ellos. Apenas un par en el planeta.

El pastor de promesas

El pastor de promesas / Armando ÁLvarez

Jabato abunda en cicatrices y glorias a sus 43 años, cumplidos ayer. Extremo consistente, eficaz en ataque y polivalente en defensa, se retiró a los 34. Se mudó directamente de la cancha al banquillo del Octavio como sustituto de Quique Domínguez. Y aún alentó la esperanza de revivir al club académico antes de que las ruinas acumuladas certificasen su colapso. Luego cuajó en seis temporadas en el Cisne. Dijo adiós a los pontevedreses en 2022 tras el segundo ascenso a Asobal. Retomará el cargo esta temporada.

Jabato, que fue representante de jugadores, ha compaginado club y selecciones españolas desde hace años. Allí se reencontró con Ángel Quirós. Médico en la clínica del Celta, antes en Vithas Fátima, el asturiano había custodiado la salud de Octavio igual que de Celta Zorka Recalvi, Iberconsa Amfiv, Gestibérica, Mecalia Guardés, Vigo Voleibol... Su colaboración en el Mundial Júnior disputado en Galicia, en 2019, le abrió la puerta de la jerarquía federativa al año siguiente.

As Travesas los reunió, por tanto, y ahora recorren juntos el planeta. Ayer regresaron a Vigo desde Zagreb. Escasas horas antes, en Varaždin, a sesenta kilómetros de la capital croata, España había logrado su primer título mundial sub 19 al derrotar a Dinamarca en la final por 28-23. En 2011 y 2017 había quedado subcampeona. Sí ya había reinado en sub 21.

Es la segunda hornada de jóvenes talentos que cría Jabato como seleccionador. Con la anterior logró el bronce en el Europeo. Con sus actuales discípulos venía de conquistar el cetro continental en 2022. “Tres podios seguidos. No me puedo quejar. Creo que eso nunca había pasado”, se ufana el manchego, que advierte: “Ganar una vez es muy complicado. Para ganar dos se multiplica exponencialmente la dificultad. Rara vez se repite presencia en el podio. Creo que solo lo habían conseguido Francia y Serbia. Y ahora lo hemos hecho nosotros”.

España ha concluido el campeonato invicta. En su lista de víctimas, Brasil (38-29), Baréin (18-29), Corea del Sur (38-22), República Checa (29-21), Egipto (35-42), Alemania (32-28) y la anfitriona Croacia (28-37) antes de la final. La contundencia de los resultados camufla la dificultad. España derrotó a segundo, tercero (Croacia), cuarto (Egipto) y quinto (Alemania). Jabato resume: “No ha sido un camino fácil. Sabíamos que los demás, tras el Europeo, se esforzarían para derrotarnos. Los chicos han competido desde el primer momento. Realmente han tenido ese hambre de lograr algo histórico, sin que nos afectase lo que ya habíamos hecho y que nos podía distraer del objetivo. Muchas veces, después de conseguir un éxito, todo parece maravilloso. Estaríamos también muy contentos sin medallas, aunque obviamente menos. El trabajo que han hecho durante el verano ha sido impresionante”.

La final exigió la mejor versión. Dinamarca alcanzó en ventaja el intermedio (13-14), llegó a situarse 15-17 y aguantó hasta el 21-21, cuando España al fin quebró su resistencia. “En una final puede colarse alguien dando la sorpresa, pero en este caso se medían los dos mejores equipos”, analiza Jabato. “Con 19 años a veces es complicado gestionar esos nervios. Sabíamos esa dificultad”. Un año antes, en la final del Europeo sub 18 disputado en Montenegro, también España tuvo que remontar (32-34) el 16-15 de Suecia al descanso. “Casi todos habían vivido esa experiencia. Los chicos sacaron carácter. Sabían que el partido era largo y que había que madurarlo. Fuimos de menos a más, con la filosofía que habíamos aplicado en el torneo. Llegamos muy bien a la parte final”.

La afición española ha comenzado a memorizar los nombres de sus incipientes héroes: Iosu Arzoz, Xavier González, Víctor Romero, Álvaro Pérez, Alejandro Pisonero, Ferrán Castillo, los hermanos Petar y Djorjde Cikusa... Se les pronostica una profesionalidad inmediata. Pero también conocerán, si es que aún permanecen ingenuos, la dura realidad del balonmano español; nunca se ha recuperado de la crisis financiera de 2008 que le arrebató los patrocinios y condenó a sus estrellas a la emigración.

“Los que amamos el balonmano y estamos metidos en él somos conscientes de que no estamos en la situación que nos gustaría”, diagostica Jabato. “El deporte no goza de salud en cuanto a repercusión en medios, pabellones llenos y demás. Es un hándicap. Por otra parte, los que vivimos esto con la selección somos unos afortunados. Estos chicos, en este contexto, están quemando etapas con rapidez. En otros años sería más lento el paso a ligas profesionales o séniors. Puede ser que lleguen más hechos para ese ritmo de competición tan alto”. Jabato les pide “que no pierdan el foco, que sigan trabajando”.

En Jabato conviven el entrenador y el maestro; el estratega y el pedagogo. También en Octavio y Cisne ha trabajado con plantillas de tierna edad media. “Es lo que he vivido. Me siento entrenador de base. Me gusta ver cómo evolucionan los chicos”. Admite: “También son las condiciones y el entorno que me he encontrado. A causa del apartado económico he tenido que optar por construir y pulir otro tipo de talentos que sí pudiesen encajar”.

Jabato compagina sus tareas balonmanísticas con un oficio convencional, que lo ancla. “Estoy disfrutando mucho del proyecto que hay en la Federación Española. Mientras me llene, estaré contento. Estoy afincado en Vigo con mi familia, con trabajo... Si alguna vez se da la ocasión de plantearme una propuesta fuera, me debería compensar para aceptarlo. A día de hoy estoy contento como estoy. No me quejo. A ver qué pasa en el futuro”.

Lo cierto es que, con sus angustias, Frigoríficos, Cisne o Valinox mantiene viva la llama del balonmano masculino de élite, que en Vigo ha quedado huérfano. Disponer otra vez de un club de referencia en Asobal o al menos Honor Plata “sería maravilloso”, admite. “Una ciudad como Vigo se lo merece. Los que hemos estado dentro sabemos que podría tener el encaje. Hay afición e historia. Podría haber futuro y estructuras. Pero es complicado y no depende de mí. Ya no me toca construir y tirarme ahí a pico y pala”.

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