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Historias irrepetibles

El último servicio de Alan Sealey

El West Ham logró en 1965 su primer título europeo gracias al papel protagonista de un invitado inesperado, un jugador cuya carrera acabaría poco después

Moore y el resto de los futbolistas, tras recibir el trofeo.

Moore y el resto de los futbolistas, tras recibir el trofeo.

Juan Carlos Álvarez

Juan Carlos Álvarez

La pasada ha sido una semana grande para el West Ham –el equipo de la zona obrera del este de Londres que arraigó en la industria del hierro dedicada a la construcción de barcos–, que levantó el segundo título europeo de su historia tras imponerse en la final de la Conference League a la Fiorentina. La victoria, que casi una semana después aún festejan sus apasionados hinchas, invita a recordar aquel 1965 en el que el conjunto que dirigía Ron Greenwood, uno de los personajes claves en la historia del West Ham, se llevó la Recopa de Europa y se convertía en el segundo equipo inglés que levantaba un torneo europeo después del Tottenham que tres años antes había logrado esa misma competición. La final ganada ante el Munich 1860 –que aún era el mejor equipo de la ciudad bávara– tuvo como protagonista a Alan Sealey, un futbolista que vivió ese día su mejor y última gran tarde con la camiseta del cuadro londinense.

Hablar de los años sesenta del West Ham es hacerlo de una forma diferente de entender el fútbol en Inglaterra. Los títulos cosechados a mediados de la década son consecuencia directa de una idea que puso en marcha Ted Fenton, su entrenador en los años cincuenta, el tercero en la historia del siglo XX porque los dos primeros inquilinos del banquillo habían estado treinta y veinte años respectivamente. De hecho, a lo largo del pasado siglo el club solo tuvo ocho técnicos, una tendencia que ha cambiado como es natural en la vorágine del fútbol actual. Fenton, exfutbolista de los “Hammers” y veterano de la Segunda Guerra Mundial, tras hacerse cargo del equipo puso en marcha lo que se conoció como la Academia del West Ham. El trabajo con la base era algo que apenas existía en Inglaterra. No había una estructura ni una metodología para los jóvenes más talentosos. Fenton visitó aquellos países donde más se había avanzado y fue recogiendo ideas para aplicarlas luego en el West Ham. Hungría, que en aquel momento estaba en el apogeo de su fútbol, fue una de sus fuentes principales de información. Se armó de paciencia, resistió las dudas que podía haber dentro de su propio club y puso en marcha una academia modesta pero que comenzó en unos años a producir jugadores que tenían más sencilla su llegada al primer equipo en comparación con lo que sucedía en el resto de clubes ingleses. Logró el ascenso a Primera División a finales de los cincuenta y luego colocó al equipo en una meritoria sexta plaza. Aquello comenzaba a dar sus frutos.

Ron Greenwood, entrenador del West Ham en 1965.

Ron Greenwood, entrenador del West Ham en 1965.

En 1961 el West Ham cerró la etapa de Ted Fenton y encomendó el banquillo a Ron Greenwood que siguió el camino marcado por su antecesor. Realmente es quien se beneficia del trabajo realizado en los años anteriores porque es quien da la alternativa en el primer equipo a un puñado de jugadores inolvidables en la historia del West Ham y del fútbol inglés como Bobby Moore, Geoff Hurst o Martin Peters.

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En 1964 llega el primer gran momento en la historia del club porque el equipo firma una Copa brillante sobre todo en la semifinal disputada en Sheffield ante el magnífico Manchester United de los sesenta al que derrotan por 3-1 con dos goles de otro producto de su cantera, Ronnie Boyce, uno de esos futbolistas sin tanto reconocimiento, que nunca llegó a ser internacional, pero que siempre sabía estar en los partidos grandes. Los “Hammers” se plantaron así en la final de Wembley donde les esperaba el Preston North End, equipo de la segunda categoría, y al que derrotaron en un partido muy complicado por 2-3 gracias a un gol en el último minuto de Ronnie Boyce (otra vez en su sitio en un momento clave). Bobby Moore subió esa tarde por primera vez los escalones que conducen al palco de Wembley para recibir un trofeo.

Hurst, Moore y Peters, los tres grandes de la historia del West Ham

Hurst, Moore y Peters, los tres grandes de la historia del West Ham

Con el primer título de la historia del West Ham en el bolsillo Ron Greenwood preparó a su equipo para la Recopa que se disputaba la temporada siguiente y donde tenía firmes esperanzas de continuar la senda victoriosa. Tanto fue así que en verano se llevó a toda la plantilla a ver un amistoso de pretemporada que jugaban el Chelsea con el Munich 1860, campeón de Copa en Alemania y uno de sus potenciales rivales en la competición. Poco imaginaba en ese momento Greenwood y sus jugadores que los bávaros serían precisamente sus rivales en la final unos meses después. El West Ham sufre mucho en la Recopa porque ninguna de las eliminatorias las solventa con suficiencia.

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Victorias apuradas, momentos delicados y algún golpe de suerte jalonan su recorrido por esa competición. Comenzaron eliminando al Genk en primera ronda con Ronnie Boyce dejando su firma en el primer gol del West Ham en competición europea. Luego apean al Sparta de Praga –fiel representante de la notable escuela checa de entonces– y sufren de lo lindo ante el Lausana en un partido donde los suizos llegaron a adelantarse en Boleyn Ground (también conocido como Upton Park) aunque terminaron siendo superados por los ingleses. En las semifinales el West Ham recibió otra ración de sufrimiento a manos del Zaragoza de los “Cinco Magníficos”. Los maños fueron su rival más complicado con diferencia. Empate en La Romareda y agónico triunfo por la mínima en Londres gracias a un gol de Sissons, otro futbolista esencial en el West Ham de entonces también salido de su propia factoría. Los de Greenwood llegaron así a la final aunque tuvieron que esperar varios días para conocer el rival porque en la otra semifinal se debía diputar un partido de desempate entre el Torino y el Múnich 1860. Esa circunstancia permitió al técnico inglés organizar un viaje de toda la plantilla a Zúrich para asistir en vivo a ese choque y recoger así información de sus potenciales rivales. Allí asistieron al triunfo de los muniqueses, precisamente el equipo al que se habían acercado a ver contra el Chelsea en pretemporada.

Los jugasdores del West Ham, en el vestuario.

Los jugasdores del West Ham, en el vestuario. / Popperfoto

La final se jugó en Wembley. El West Ham alineó un equipo con nueve jugadores salidos de su cantera. Solo “fallaban” el portero Stanton y el medio Alan Sealey que aunque llevaba en el club desde 1961 no era un producto de su academia. Para esa final Greenwood tenía la importante baja de su delantero centro titular Johnny Byrne que se había lesionado unos días antes en un Escocia-Inglaterra y eso obligó a adelantar su posición a Geoff Hurst que ya no se movería de ese puesto algo que agradecerían especialmente los ingleses en el Mundial del año siguiente. El West Ham, empujado por un graderío volcado con ellos, dominó la final de forma abrumadora ante en Múnich 1860 que se sintió incómodo toda la tarde. Pero no llegaban los goles. Tuvieron que esperar al tramo final del partido y fue entonces cuando apareció el héroe inesperado.

Alan Sealey se había casado solo una semana antes. Tenía esa fecha prevista desde meses antes porque no imaginaba que casi coincidiría con la final de la Recopa que iban a disputar. Invitó a sus compañeros a una fiesta discreta para que alterara lo menos posible la preparación de la final. Sealey era un buen futbolista que no había tenido demasiada suerte hasta el momento. Por lo visto la reservó toda para aquella noche. En el minuto setenta recibió un buen envío de Sissons para batir al portero alemán con un disparo con poco ángulo y solo dos minutos después sentenció la final con el segundo tanto.

Sealey anota el segundo gol de la final

Sealey anota el segundo gol de la final

Fue la gran tarde de Sealey en el fútbol profesional…y la última. Solo unos meses después, mientras jugaba al cricket durante un descanso en la pretemporada, sufrió una fractura de su pierna derecha de la que ya no se recuperó totalmente. No pudo volver a jugar al mismo nivel en el West Ham y acabó dejando el fútbol al poco tiempo.

Moore levanta la Recopa; Sealey es el segundo por la izquierda.

Moore levanta la Recopa; Sealey es el segundo por la izquierda. / juan carlos álvarez

Bobby Moore subió tres años seguidos al palco de Wembley a recoger un trofeo

Bobby Moore volvió a subir los escalones de Wembley para recibir un trofeo. Y la racha no acabaría ahí porque un año después regresaría al mismo escenario en compañía de dos de sus compañeros, Martin Peters y Geoff Hurst, para conquistar el Mundial ante Alemania con protagonismo absoluto del West Ham porque los tres goles de aquel partido fueron anotados por sus futbolistas (dos de Hurst y uno de Peters). Y así Bobby Moore fue la primera persona y la única de la historia que como capitán subió a recoger en Wembley tres trofeos diferentes en tres años consecutivos.

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