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Fútbol | Primera Federación

El sonoro fracaso de Rubiales

Los clubes de Primera RFEF, cansados de promesas incumplidas, aguardan noticias desde la Federación sobre el incierto futuro de la competición

Iker Losada, durante el partido contra el Deportivo en Balaídos. RICARDO GROBAS

“No puedes pedirle profesionalidad a los demás y renunciar tú a ella”. Así explicaba ayer un presidente de Primera RFEF la situación que se vive en una categoría herida de muerte, que tal vez en el futuro conserve el nombre pero que difícilmente se mantendrá como en la actualidad. Hace dos años nació como una apuesta muy personal de Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de Fútbol, y con el paso del tiempo se ha confirmado su fracaso al no cumplir casi ninguno de los objetivos con los que fue creado. Los clubes han visto dispararse sus gastos, incrementadas las exigencias para participar...y a cambio no han recibido nada de lo prometido.

Esta semana se ha sabido que en las últimas reuniones entre los clubes todo saltó por los aires. La división es evidente entre ellos después de que la Federación les plantease dos propuestas de futuro: un modelo sin control económico y otro en el que se plantean unas ayudas (sin especificar) con una vigilancia de los gastos al estilo del existente en el fútbol profesional. El problema es la falta de concreción. “Vas allí y nadie te explica en qué consisten las ayudas, todo queda en el aire, hay una terrible falta de seriedad. Nos piden a los clubes una profesionalidad que no ves en la Federación para afrontar este asunto”, insiste este mismo dirigente.

Los clubes hace demasiado tiempo que están muy “quemados” con la Primera RFEF. A cambio de unos supuestos ingresos que nunca llegaron los equipos que participan en ella han tenido que aumentar sus gastos de forma escandalosa. La Federación exigía unas condiciones de césped, de aforo y de luz para sus campos; había también exigencias importantes en relación a sus plantillas. Este mismo verano, ante la amenaza de dejarles fuera de la competición, hubo clubes como el Sanse o el Unionistas que tuvieron que transformar sus campos de un modo radical. Los salmantinos incluso vendieron entre sus socios un abono por diez años para poder pagar la obra y que es pan para hoy y hambre para mañana porque a costa de solventar el problema urgente hipotecan el futuro. Todas estas medidas se pusieron en marcha a cambio de algo que ha quedado en el limbo. Otro detalle es sin ir más lejos el del arbitraje. Los clubes han pasado de pagar algo más de 1.500 euros por partido por este concepto a casi 3.000 euros. En una categoría donde en muchos campos acuden cientos de aficionados cada domingo. Un equilibrio imposible.

La Federación ha tratado en las últimas reuniones con los clubes de definir el formato futuro, pero los implicados han aprovechado para insistir en la necesidad de que el organismo que preside Rubiales cumpla con la prometido y les eche un cable. Y en el medio del todo flota la división entre esos clubes que quieren que exista el control económico y los que, amparados por otra clase de soporte, disfrutan más con el modelo actual.

En medio de esta división la Federación Española desliza la posibilidad de volver al modelo anterior, el de la vieja Segunda B y que se reestructuren las actuales Primera y Segunda Federación. En Las Rozas guardan silencio mientras algunos clubes entienden que todo es un intento de la Federación por asustar a los clubes y que su verdadera intención es mantener el modelo actual.

La Federación ni tan siquiera ha anunciado a los clubes el resultado de la votación que celebraron hace unos días sobre los dos modelos planteados. Como si el levantamiento de los últimos días de una parte de los clubes les hubiese desbordado y dejado sin capacidad de reacción. Ahora mismo nadie es capaz de hacer un pronóstico sobre cómo finalizará todo el proceso, si Rubiales se agarrará a uno de sus proyectos más personales, si dará marcha atrás y en ese caso cómo afrontará el cambio en la categoría. Se da por descontado que no se le ocurrirá reestructurar la categoría esta misma temporada porque nació bajo unas reglas y cambiarlas a mitad de partido supondría un paso demasiado arriesgado. Pero con Rubiales nadie se atreve a pronosticar.

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