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ATLETISMO - Nacional Sub16

Hermana Natalia, un pedazo de mi medalla es tuya

Andrés González logra el bronce en el Nacional Sub16 en Avilés gracias a la ayuda de su hermana, también marchadora, en algunos de sus entrenamientos

Los hermanos Andrés y Natalia González, tras un entrenamiento en Castrelos. Pablo Hernández

Andrés González Pérez, que luce en su cuello la medalla de bronce del Nacional Sub16 disputado en Avilés, en la modalidad de 5 kilómetros marcha, reconoce que parte de esa medalla se la debe a su hermana Natalia, dos años menor, que también practica la misma disciplina.

Formados ambos en el seno del Real Club Celta de Atletismo, fue Andrés el que primero se inició en este deporte después de comprobar que el fútbol no era lo suyo. “Decidimos meterlo la escuela del Celta cuando tenía unos seis años”, rememora su padre Óscar González. “Queríamos un deporte donde los valores fueran los que queremos para nuestros hijos y el atletismo es un deporte que nos demuestra cada día que, sin duda, ha sido un acierto”, prosigue.

En el Celta encontraron, primero con Andrés y después con Natalia, un lugar donde sus hijos podían “hacer deporte y divertirse”. Con el tiempo, esos valores que buscaban se reflejan, por ejemplo, en la medalla lograda por Andrés en la cita de Avilés. Una medalla en la que, según apunta también su entrenador, José Ángel Rodríguez, tiene “parte de culpa” Natalia.

Andrés y Natalia con sus padres. Pablo Hernández

El técnico solo tiene palabras de elogio para ambos. “Llevo unos tres años entrenándolos. Andrés empezó un poco antes que ella, que venía de vez en cuando pero no le gustaba mucho”, rememora. “Al final se enganchó y es uno de los puntales del grupo”, afirma.

Cuando empezaron en la escuela céltica probaron todas las disciplinas, pero enseguida los monitores les vieron cualidades para la marcha. “La verdad es que no nos equivocamos, tanto con él como con Natalia”, dice el técnico, que destaca de Andrés, que cumple 15 años en septiembre, “su capacidad competitiva”. De Natalia, que tiene 13 años, subraya “la capacidad de sacrificio y de entrenamiento”. “Él compite muy bien y ha trabajado muy bien este año. Los resultados están ahí”, añade al tiempo que destaca “el margen de mejora que tienen ambos”.

Rodríguez califica “de diez” la actuación de su pupilo en Avilés. “Es cierto que lo llevábamos muy preparado pero es muy maduro en competición y sabe leer muy bien las carreras. Salió tal cual lo preveíamos”, afirma. A nivel nacional se había quedado a las puertas del podio en febrero, en los 5 kilómetros en ruta. Consiguió un quinto puesto que le dio ánimos para prepararse a conciencia para la cita de Avilés. Ahora toca descanso para planificar una temporada en la que se eleva el listón para él: “Cuando tienes una medalla colgada al cuello ya los objetivos cambian un poco. Te olvidas del nivel gallego para pensar un poco más a nivel nacional”. Pese a su juventud, este año Andrés ya fue convocado con el equipo sénior para disputar la fase de grupos de ascenso a División de Honor, acudiendo a las citas de Salamanca y Monzón.

Los hermanos durante un entrenamiento en Castrelos. Pablo Hernández

En cuanto a Natalia también muestra una gran proyección. “Es infantil y no hay que tener prisa con ella. Empezará la temporada que viene a competir a nivel nacional y ahí empezará a darse cuenta de lo que realmente vale”, dice su entrenador. Rodríguez insiste en que “mucha parte de la medalla que tiene Andrés es gracias a su hermana”. “En estas semanas duras le ayudó mucho y era una de las que venía a entrenar cuando ya podía estar de vacaciones”, reconoce. “Tendrán sus roces en casa, como todos los hermanos, pero la verdad es que en los entrenamientos se han ayudado mucho y un pedacito de esa medalla es suya”.

Andrés, en el campeonato Nacional, con Mar Simón. Cedida

Para el responsable de marcha del Real Club Celta la medalla de Avilés ha sido “un regalo” a todo el trabajo realizado, pero trabajan con la vista puesta en “el futuro”: “La medalla les ayuda a motivarse tanto a él como al resto del grupo”.

Ahora mismo en el club tienen 9 marchadores. Hace tres años José Ángel Rodríguez se hizo cargo de esta disciplina en el club, empezando con tres atletas: “Esperamos que el grupo siga creciendo”. Andrés y Natalia se sitúan en el medio del abanico de edades que conforman el equipo. Empezaron de pequeños y poco a poco van aumentando sesiones, aunque a estas edades la prioridad es que se diviertan y lo pasen bien. “Este año, para preparar el Nacional Andrés ya supo lo que era entrenar, pero hasta ahora de lo que se trata es de jugar”, subraya.

“Nos llevamos bastante bien y entrenar juntos nos anima un poco más cada día”, reconoce Andrés, que también tiene cierta “culpa” en la excelente evolución de su hermana. “Entrenamos juntos y somos una piña y lo que le ayuda a uno nos ayuda a todos”, añade.

“Mi madre siempre me decía que tenía que probar, que me iba a gustar y que se me iba a dar bien, pero yo no le hacía caso”, reconoce Natalia. “Hasta que probé y tampoco era tan mala”, dice con humildad la marchadora que confiesa que se sintió “muy orgullosa” cuando vio a su hermano ganar el bronce en el Nacional.

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