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BALONMANO

“Nadie se merece un final así”

Una lesión de rodilla obliga a la oiense Marta Pombal a retirarse a los 23 años

La oiense Marta Pombal, durante un partido con el Mecalia Guardés. FdV

“Ahora soy un poco menos yo”. Con esa frase inicia su despedida la oiense Marta Pombal, jugadora de balonmano que actualmente militaba en el Deza CBM cordobés. La canterana del Mecalia Guardés jugó en el Cleba la temporada siguiente a la consecución del título de Liga, en 2017, del conjunto gallego. Después de su etapa en León, se fue a Córdoba, donde, cuatro años después y tras pasar por dos equipos, cierra su etapa como deportista. “Nadie se merece un final así”, dice en una carta publicada en sus redes sociales para anunciar su adiós.

Una lesión fortuita durante un entrenamiento el 18 de noviembre de 2020 la llevó a vivir un calvario que acaba de la peor forma posible. Su rodilla no le permite seguir compitiendo: “La luz se apaga de golpe”, dice sobre el último diagnóstico recibido en la Clínica Centro de Madrid, a donde acudió el pasado mes en busca de una segunda opinión que le permitiera albergar alguna esperanza sobre su futuro deportivo: “La rodilla ganó la batalla”.

“Creo que todavía no soy muy consciente de lo que ha pasado”, confiesa. Han sido 15 años dedicados a un deporte que se convirtió “en mi manera de ser y de vivir”, califica la jugadora, que, además, estudia Medicina. “Fue el año después de la temporada que cancelaron por el Covid y llevábamos desde agosto con la pretemporada”, recuerda. “Como las medidas sanitarias estaban en el aire se retrasó el inicio de Liga y, de hecho, me lesioné una semana antes de iniciar la competición”, cuenta. Tiene grabado ese fatídico 18 de noviembre en el que su vida cambió para siempre. “Al hacer un frenazo en la pista me caí al suelo, no me hizo falta esperar a la resonancia para saber que me había roto la rodilla”, asegura. “Cuando me rompí el hombro en León también me pasó”.

Marta Pombal, tras pasar por el quirófano. FdV

Nunca se esperó que esa lesión derivaría en un peregrinaje por médicos, quirófanos y sesiones de rehabilitación. “Pensaba que con una operación se solucionaría”, subraya. Pero no fue así. “Desde un principio la lesión se trató como si fuera un cruzado anterior y menisco interno solamente”, incide. Pero después de la primera operación, el 8 de enero de 2021, no conseguía recuperarse. “Al principio avancé bastante rápido, incluso mejor de lo previsto”, reconoce, pero seguía con “molestias” en la zona afectada: “El médico me dijo que podía ser que la sutura del menisco estuviera engrosada y que por eso estaba tardando un poco más de lo normal en curar”. A los tres meses le quitaron las muletas y al cuarto le dio el alta.

Al hacer un frenazo en la pista me caí al suelo, no me hizo falta esperar a la resonancia para saber que me había roto la rodilla

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Durante las vacaciones se vino a Galicia y el 1 de agosto inició la pretemporada a un ritmo menor que el de sus compañeras. Cuando quiso empezar a avanzar un poco más en su preparación, con el readaptador, empezaron los problemas: “No podía ni correr y eso me pareció alarmante”. Empezó con la neuroestimulación invasiva, pero no hubo avances: “Decidí pagarme otra resonancia, donde se veían otra vez daños en la rodilla y una lesión en el cartílago, que ponía que era de unos seis milímetros”.

Así que volvió al médico que la operó. “Vio la resonancia y me dijo que había que operar de nuevo, pero que no me preocupara porque podría volver a jugar”, asegura Pombal. Pero no volvió a pasar por el quirófano hasta el 9 de marzo de 2022. La aseguradora le denegó la primera autorización y su reclamación no prospera. Lo intenta por mediación del club y de la federación andaluza, sin suerte. Las opciones se reducían a pagarse la operación por su cuenta o ir por la Seguridad Social, lo que, sin duda, alargaría los plazos. “Me presenté allí todos los días durante dos semanas, antes de ir a clase, hasta que no les quedó más remedio que dármelo”, reconoce.

Por fortuna consiguió que la atendieran en la Seguridad Social, donde tuvo una consulta con el cirujano para planificar la operación. “Me dijo que me suturaría los meniscos y que me haría también una técnica que consiste en hacer unas perforaciones en la cabeza del fémur para que suelte sangre y grasa para poder crear un pseudocartílago. Era el procedimiento más sencillo y el menos agresivo para mi rodilla”, explica.

Pero su cartílago no parecía dispuesto a dar tregua: “Me suturaron los meniscos, pero el médico confirmó que la mayor parte de mis problemas derivaban de ese cartílago”. En la primera revisión tras la intervención todo parecía estar bien. “Notaba mejoría y estaba ilusionada”. Pero en la segunda le dije que “seguía sintiendo el pinchazo que sentía antes de la operación”. Fue el 16 de mayo. “Ese día se me cayó el mundo. Me dijo que ese pinchazo se debía al cartílago y me habló de la posibilidad de realizar una nueva operación, pero también me dijo que tenía que entender que mi rodilla estaba crónica y que iba a tener secuelas de por vida, hiciera lo que hiciera”.

Pombal, durante su etapa en el Mecalia. Cedida

Pombal no podía asimilar ese diagnóstico. “Tengo 23 años y es mi primera lesión en la rodilla”. No era capaz de procesar su situación. Hasta que, animada y apoyada por sus padres, acudió a la Clínica Centro, donde pidió diagnóstico al doctor César Flores. “Lo primero que me dijo fue que la plastia que yo tengo en el cruzado no sería funcional para un deportista de élite. Me dijo también que, aunque el informe pone que la lesión del menisco es de seis milímetros, lo que él ve es un agujero en el cóndilo femoral interno”, relata. Ante la pregunta del médico de qué espera Me preguntó qué esperaba yo de mi rodilla”. La pregunta la descolocó. “Le dije que lo que esperaba era poder volver a jugar, pero lo vi negar con la cabeza”. Tuvo que conformarse con desear poder hacer, como mínimo, “vida normal”. “Me dijo que no es que no haya cartílago, sino que me estoy comiendo el hueso en esa zona, que, además, es zona de carga”.

Marta Pombal, durante su etapa en el CBM Córdoba. FdV

Las opciones que le quedan son calmar el dolor y tratar de evitar la prótesis. “Se me vinieron a la cabeza las cosas más absurdas que ya no voy a poder hacer”, se derrumba. Infiltraciones, plantillas especiales y limitar el impacto serán estrategias para aliviar el dolor. “La lesión no solo me aparta del balonmano, sino que puede limitarme para el resto de mi vida”, se lamenta.

Pero lo que tiene claro Pombal es que no se arrepiente “de todo lo que le he entregado al deporte, pues me ha hecho la mujer que soy”. Solo el tiempo podrá curar la herida de su adiós prematuro para que pueda volver a disfrutar del balonmano, aunque desde fuera de la pista: “Cogeré lo que estoy sintiendo, lo canalizaré y lo usaré para seguir adelante con todas las demás pasiones de mi vida”.

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