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Entrevista tras la retirada

Entrevista a Laia Palau: "No cambiaría una coma de todo lo que he hecho"

Después de 25 años de carrera la jugadora catalana de baloncesto reflexiona sobre sus años en el deporte tras anunciar su adiós a las pistas con 33 títulos en clubs y 12 medallas con la selección española

Laia Palau, en Fontajau, durante la entrevista. ANIOL RESCLOSA

-Barcelona, Valencia, Polkowice, Praga, Australia, Bourges, Girona... Ha dado vueltas por todo el mundo. ¿No le ha llamado nunca la atención la WNBA?

-Valoro, respeto y admiro millones de cosas de esta Liga y la manera que tienen de tratar el deporte. Pero siempre me he alejado de este modelo de deportista de la fama del éxito y todas estas cosas. No lo comparto. Me gustaría escribir de nuevo el discurso del éxito porque creo que malinterpretamos qué quiere decir el éxito en realidad. Quizá no tuve valor para afrontar el reto. También una tiene que ser consciente de sus límites. Ahora me doy cuenta, cuando ya he terminado, y la gente recuerda cosas y hago balance, que he tenido un equilibro muy guai entre mi yo real y el personaje del baloncesto. Siempre he intentado buscar el equilibrio. Para mí, la Euroliga y la selección española han conducido mi carrera y han sido mi vara de medir.

-Los éxitos la han acompañado en los equipos en los que ha jugado. ¿Cree que ha tenido suerte?

-Me gustaría pensar que una se tiene que buscar la suerte. Por ejemplo, la experiencia en Polonia la recuerdo como uno de los mejores años de mi carrera y ese fue el primer sitio en el que fui a jugar, pese que en un primer momento no quería ir. Sí que es cierto que lo ganamos todos e incluso llegamos a la Final Four de la Euroliga. Todo conectó, pero también todo el mundo trabajó para ello. Sí que he tenido mucha suerte con el cuerpo. Nunca me he lesionado con 25 años de carrera y eso es curioso. 

"Para mi la selección española y la Euroliga han conducido mi carrera y han sido la vara de medir"

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-¿No quería ir a jugar a Polonia?

- No. Era un sitio terrible. Una zona minera, aislada. Pero era el único equipo de Euroliga que quedaba libre cuando se cerró el Ros Casares. Y como que mi faro era la Euroliga, tenía muy claro que prefería ir a Polkowice antes que morirme de pena en un 'equipete' de cualquier sitio. Al final se trata de prioridades. El contrato lo firmé llorando. Y terminó siendo un año maravilloso. 

-Ha jugado centenares de partidos de alto nivel a lo largo de estos años. ¿Cómo ha gestionado el fracaso y la presión? 

-Los deportistas tenemos una relación directa con el fracaso. Cada día tienes que querer ser mejor y hay días en los que es complicado. Fracasarás muchas veces porque fallar es muy fácil. Hay momentos muy complejos, los llamo el agujero. Son momentos negros en los que las cosas no te salen bien, no tienes confianza y entras en un bucle en el que ya no te sientes bien en la pista. Y si no te planteas dejarlo. 

"La madurez y el entorno me han mantenido con los pies en el suelo"

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-¿Le ha pasado alguna vez?

-Me he planteado muchas veces no jugar al baloncesto. Muchas veces he pensado que no quería aguantar más. Porque vas a entrenar, pero se te olvida pasarlo bien porque te estás fustigando a ti misma por lo mal que lo haces, por la competitividad, porque no juegas... Y estás saturada porque quieres mejorar, por una autoexigencia absoluta, porque no puedes ver límites y es un túnel. Y es difícil. A mí me han acompañado dos psicólogos en momentos diferentes de mi carrera y me han ayudado mucho. La madurez y el entorno me han mantenido con los pies en el suelo. Al final haces el trabajo independientemente de lo que pase, pero lo que se tiene que mantener intacta es tu relación con el juego. El oficio te da el pulso para saber hacer el trabajo.

-Después de trotar por tantos países, ¿cómo termina en Girona?

 -La primera vez que mi agente me pasó la propuesta de Girona estaba en Praga jugando la Euroliga y no me quería ir. Después de Francia y Australia, ese año me mató y todo tiene su tiempo. Estaba tan cansada que la propuesta fue un bálsamo. Mi agente siempre me recuerda que mi cara cambió después de volver a escuchar la oferta. Y decidí que era el momento de volver. Es cierto que el hecho de que Núria Martínez ya jugara aquí me ayudó porque nos conocíamos y veía que el proyecto tenía recorrido. 

-Esta última temporada, en el Uni, ha estado repleta de luces y sombras. ¿Cómo lo ha gestionado?

-Este año ha habido semanas en las que cada día pasaban cosas muy complicadas, que en otras temporadas ocurrirían solo una vez. Y eso no nos ha dado estabilidad. No hemos sabido dar con la tecla. Mucha gente me dice que podría haber jugado un año más. Podría. Pero quizá me hubiese lesionado y no quería terminar así. 

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