Hockey sobre patines
Los brotes verdes del Traviesas
El equipo vigués rescata al hockey vigués de su declive y organizará los días 26 y 27 la fase de ascenso a OK Bronce

El Traviesas, ayer en O Carme. / Ricardo Grobas

Brotes verdes en el hockey sobre patines vigués. En pocos deportes se condensa con tanta precisión el alma olívica, su voluntad y su dolor. El Trofeo Ciudad de Vigo fue el mejor del planeta durante un cuarto de siglo. La ciudad acogió el Mundial en 2009. El Vigo Stick militó en la OK Liga masculina y femenina. Todo acabó diluyéndose en una prolongada agonía. El Traviesas, que estuvo vinculado a aquel proyecto, organizará los días 26 y 27 de marzo en O Carme, en As Travesas, la fase de ascenso a OK Bronce masculina. Supondría el retorno a categoría nacional. Esta vez, con una plantilla amateur y tierna, apuntalada con un puñado de veteranos. No importa el destino, sino su proceso. “Nuestra idea es formar y competir con lo que somos capaces de formar, sin volvernos locos”, resume el entrenador, Jorge Urdiales.
Urdiales conoce bien la historia moderna. Se entrelaza con su familia. Al hockey han jugado sus sobrinas y sobrinos, además de él. Y también su hermano Enrique, que presidió el Vigo Stick. Fundado en 2001, se le exigía un filial. El Traviesas ejerció como tal. Y hoy, desaparecida la institución mayor, mantiene la antorcha encendida.
Marta Pérez encabeza la entidad desde hace 15 años. Se enroló en la directiva cuando sus hijos jugaban. Ya se han licenciado “pero ella sigue al pie del cañón”, indica Urdiales. “Se agradece mucho”. La coordinadora es Marina Pérez, con la que Urdiales comparte la gestión del primer equipo. La elogia: “Su capacidad de trabajo es alucinante”.

Jorge Urdiales y Marina Pérez. / Ricardo Grobas
Entre todos han ido reconstruyendo pieza a pieza las ilusiones rotas del hockey vigués. El equipo sénior masculino milita en Autonómica. Ya se han asegurado la participación y la organización de la final a cuatro que decidirá la plaza de ascenso a OK Bronce. Sus rivales serán el Compostelano y los coruñeses Deportivo Liceo y Compañía de María. Los emparejamientos de semifinales se decidirán en los enfrentamientos directos de la última jornada de la liga regular.
“Favoritos no seremos”, anticipa Urdiales. El Traviesas le ha ganado los dos partidos al Compañía de María y uno a Liceo y Compostela. Pero los tres contarán en esa fase final con jugadores que comparten con escuadras internas de superior categoría. “Cualquiera de esas plantillas es más larga y experimentada que la nuestra”, advierte.
La plantilla olívica se compone de chicos de entre 20 y 23 años. Tres constituyen la excepción: el portugués Serginho, de 35 años, que llegó descartado del Valença, entidad con la que existe una estrecha relación –los veteranos del Traviesas juegan en Portugal bajo su bandera–; David Echarren, de 30, que trabaja en Madrid y “juega cuando se puede escapar”; y Antón Viladrich, de 41, una leyenda.

Antón Viladrich, en su primera etapa en el Vigo Stick. / JOSE LORES
La biografía de Viladrich es, como el apellido de Urdiales, un mapa topográfico del hockey propio. Se inició en las escuelas deportivas del Traviesas. De portero debutó en el Patín Vigo, ya extinguido, y se mudó al Castrelos. Cursó fisioterapia en Cataluña, donde jugó para Vic y Tona. Al regresar, apenas rebasados los 20, formó parte de aquel Vigo Stick de máxima categoría. “Solo me faltó el Club de Campo”, bromea sobre su promiscua trayectoria.
No es un picaflor de clubes, sin embargo. Con el Vigo Stick lleva dos décadas de relación fiel, aunque intermitente. Lo dejó primeramente tras cinco temporadas. Enrique Urdiales le pidió ayuda en 2009, en la estampida de jugadores e impagos, y acudió al rescate. Volvió a retirarse en 2011, cuando nació su hija. Hace cuatro años se reunieron los veteranos. Ganaron liga y copa. Al cancelarse esas competiciones, se unió al equipo que se montó en la copa sénior con los jugadores menos habituales, a los que el COVID les había cicateado los minutos. “Me vi bien”, se justifica. Cuando le propusiero fichar por otro club, él pensó en el suyo. Preguntó a Jorge y Marina:
–¿Os echo una mano?
–Encantados.
Sucede así que Antón Viladrich, portero de OK Liga, comparte hoy portería con Pedro, que podría ser su hijo. Ya dice Antón de su edad: “Yo hago por dos jugadores”. Nadie le puede reprochar que se haya oxidado. Practica crossfit y kitesurf. Es instructor de pilates. “Un portero no necesita tanto cardio como potencia, fuerza y explosividad. No tengo la misma flexibilidad, evidentemente, pero la voy manteniendo. Muchos pipiolos son menos flexibles que yo. Ahí estamos, en general dando la talla. No hay quejas”, sonríe.
“Antón ha mejorado el nivel de competitividad por su presencia y porque el otro portero ha subido sus prestaciones”, evalúa Jorge Urdiales. Su influencia trasciende la cancha. La chavalada le escucha arrobado si les narra cómo compartió vestuario con los internacionales Catxo Ordeig y Titi Roca en Vic o “las batallitas” de la época gloriosa del Vigo Stick.
–Es que ni habíais nacido cuando pasó –se sorprende a veces.
“Es un grupo muy majo. Nos llevamos muy bien”, celebra. Le gustaría que ellos también pudiesen disfrutar de experiencias parecidas. Se muestra esperanzado. “El hockey vivió un declive total en Vigo. Cuando me metí a árbitro, el primer año solo te dejan pitar a niños y siempre me mandaban a Santiago. Aquí no había”, recuerda Antón. “Ahora el club se lo está currando. Están sacando un mogollón de gente. Todavía no estamos al nivel óptimo. Faltan horas de pista para entrenar... Que el primer equipo pudiese ascender sería un reclamo importante para seguir sacando cantera y de cara a patrocinadores e instituciones”.
El club tiene clara su hoja de ruta. OK Bronce abarca Galicia, Asturias, País Vasco, Cantabria, Burgos, Aragón... Los gastos se multiplicarían. Si se asciende, la directiva se ha comprometido a asumirlo. Si perdiesen, podría suceder que les ofreciesen la plaza. “Nos lo pensaríamos seriamente”, indica Urdiales. Sucedió hace un año y entonces rechazaron tal precipitación. “Hemos aprendido muchas cosas”, establece del sufrido caso del Vigo Stick, que tan bien conoce. “Hay que tener una base que te permita jugar con solvencia. No es una categoría para tomarse a la ligera. Y el tema económico condiciona. Las subvenciones se pagan a año vencido. Necesitas recursos. Aquí nadie cobra nada y así queremos que siga siendo”.

Antón y Xela Viladrich.
Jamás faltará un Viladrich en portería
Xela Viladrich cumple 11 años. Lo celebra junto a su padre, asistiendo a un partido de la copa portuguesa entre el Valença y el Barcelos. El partido ha comenzado a las 22.30, hora española. Faltan quince minutos y la pequeña cabecea. –Vámonos. Estás reventada –propone Antón. –No, yo me quedo hasta que acabe –replica la pequeña, forzando los párpados. Habrá un Viladrich con su stick y sus guardas, tejiendo su tela de araña ante la portería, cuando Antón se retire. Le asegura la continuidad Xela, de quien su progenitor sentencia: “Está loca por el hockey”. No es que él se lo haya inculcado así. Xela practicaba natación, patinaje artístico, danza... Antón quiso complementar su formación con algún deporte colectivo. Le propuso el baloncesto, donde Xela ya tenía amigos. Ella eligió el hockey. “Supongo que al verse en patines o por mi ejemplo”, reflexiona Antón. Tampoco la vocación del puesto le llegó como herencia. Lo decidió la propia Xela, tras encajar algunos golpes. –¿No puedo ser portera? Antón preguntó. Marina Pérez le comentó que en las escuelas no tenían entrenador específico. “No es lo ideal, pero la entreno yo; al menos, al principio”. A Xela ya la han convocado de la Federación Gallega para sesiones de control. “Le ha hecho una ilusión brutal”. El hockey es mixto hasta sénior. Todos pueden subir a una categoría superior a la de su edad y las niñas, bajar una, adecuándose a la madurez física. Xela y sus compañeros de cantera acuden a los partidos del equipo adulto. “A los chavales les genera ilusión tener referentes en casa. En los últimos partidos hubo ambientazo”, describe Antón. “Los niños están emocionados, eufóricos. Es una motivación para ellos”.
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