El FC Barcelona recibe este sábado al Elche en la jornada 18 de LaLiga Santander, un nuevo reto para un Barça perdido y que no afina pese a la cierta mejora en el juego desde la llegada de Xavi Hernández y en el que tendrá como rival, en un Camp Nou que está pasando muchas penas, a un Elche necesitado de puntos pero renacido tras la llegada de Francisco.

Xavi llegó reconociendo que el equipo tenía urgencias, y estas siguen siendo las mismas o peores. Ni la llegada del Elche, un equipo de la zona baja de la tabla, es un respiro ahora mismo ya que el miedo a perder más puntos sigue ahí. Será el último partido del año en el Camp Nou y, de entrada, la previa para nada es tranquila.

Según el técnico blaugrana, se debe seguir siendo positivo y es buen momento para dar un paso adelante. Un paso que lo busca y persigue pero que no acaba de llegar. Tras admitir que “el objetivo principal” en el torneo de la regularidad es “quedar entre los cuatro primeros” para disputar la Liga de Campeones el curso que viene, Xavi aseguró que su equipo no está “para regalar nada” con media temporada aún por disputarse. “No podemos descartarnos para ganar LaLiga”, aseguró.

Si Abde o Ilias siguen aportando desde el extremo tanto como lo han hecho en sus primeros partidos con el primer equipo, si Nico sigue ejerciendo de jefe del centro del campo vistiéndose de Sergio Busquets pese a tenerle cerca. Si Frenkie De Jong o Ousmane Dembélé -que está listo para jugar- dan ese paso al frente que se les exige, el Barça podría dar ese paso que reclama Xavi. De momento, todavía sin Memphis Depay, faltará ver si Luuk De Jong es la apuesta o si habrá un ‘falso 9’. Porque no hay más delanteros puros.

El ‘argentinizado’ Elche busca en el Camp Nou el revulsivo que le aleje de la zona baja. La abrupta marcha de Fran Escribá ha dado paso al ‘renacimiento’ con la goleada (3-1) al Cádiz y la doble clasificación copera hasta los dieciseisavos con Francisco en el banquillo de los franjiverdes. Tan solo el borrón de la derrota pasada (2-1) frente al Valencia, con un polémico ‘gol fantasma’ no anotado que habría supuesto la igualada, ha frenado el efecto del nuevo entrenador.