Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cuando Santana era el rey del verano vigués

El legendario tenista conquistó el Concurso Internacional de Vigo en los años 1958 y 1960

José Luis Arilla y Carlos Santana, finalistas en 1960 del torneo del club de campo

En el palmarés de la Copa Bedriñana, el trofeo que se entrega al campeón del Concurso Internacional de Vigo, figura con letras de oro el nombre de Manolo Santana. En las vitrinas del legendario jugador madrileño figura este torneo que ganó antes de convertirse en una de las grandes estrellas del deporte español.

Faltaban unos años para que revolucionase España con su victoria en Roland Garros en 1961 (el primero de sus cuatro grandes) cuando Santana pisó por primera vez las pistas del Club de Campo en Vista Alegre (antes de su traslado a Coruxo). Sucedió en 1958 y su nombre ya sonaba con fuerza. Venía de jugar en Oporto y miles de vigueses llenaron por completo las pistas para seguir de cerca al jugador que amenazaba con cambiar la historia del tenis en España. Santana no defraudó al público. Se impuso en la semifinal al neocelandés Gerrard y en la final derrotó al chileno William Álvarez por 6-2, 3-6, 6-0 y 6-1. Un partido impresionante que le permitió levantar por primera vez el trofeo de campeón a Vigo.

Regresó dos años después para jugar un torneo que había adquirido la categoría de Campeonato de España. Su figura se había consolidado en ese tiempo, unos meses antes había estado en su primer Roland Garros alcanzando los cuartos de final, y el público acudió en masa una vez más a las pistas del Club de Campo. Se metió en la final con el catalán José Luis Arilla al que venció en un duelo muy intenso resuelto por un 6-2, 9-7 y 8-6. Esa noche el alcalde de Vigo, Tomás Pérez Lorente, le entregó el trofeo en la fiesta que tras el torneo organizaba el Club de Campo.

15

Manolo Santana, una vida entregada al tenis

La vida de Santana cambiaría de forma decisiva. Meses después de conquistar su segundo título en Vigo triunfó en la tierra de París y su calendario y compromisos se dispararon. Pero siempre tuvo la ciudad y su torneo muy presentes e hizo lo imposible por volver. En 1962 lo hizo y alcanzó la final aunque perdió con el australiano Martin Mulligan que venía de perder la final de Wimbledon.

Compartir el artículo

stats