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Faro de Vigo

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El conserje de la memoria

Antonio Teixeira se jubila después de 37 años en los pabellones vigueses

Antonio Teixeira, en en el pabellón de Navia. Ricardo Grobas

Ha trabajado en las glorias deportivas, acontecimientos históricos como el concierto de Madonna y momentos dramáticos como la capilla ardiente de Quinocho

Jueves de la semana pasada. Ya se ha hecho de noche tras los cristales del pabellón de Navia. Un directivo del C.B Seis do Nadal reclama con premura al conserje, Antonio Teixeira:

–Uno de los jugadores ha tenido un percance en el aseo.

Teixeira baja las escaleras a paso vivo y dobla la esquina. La presidenta del club, Iria Otero, lo aguarda en el pasillo de acceso a la cancha. Dentro, sesenta jugadores, técnicos y directivos han formado un pasillo. Todos rompen a aplaudir. “No lloré, pero ganas no me faltaron”, confiesa sobre la escena. Teixeira se jubila después de 37 años atendiendo a clubes y deportistas en todas las instalaciones de Vigo. Ha regentado el pabellón de Navia desde su inauguración, el 19 de noviembre de 2010. Está agotando los días preceptivos, que se le llenan de devoción y homenajes. También el Alerta le ha tributado uno. Otros se lo han anunciado.

Con Sergio González, coordinador del Seis do Nadal Ricardo Grobas

“Es uno de los mayores ejemplos que conozco de amar lo que uno hace”

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“Es uno de los mayores ejemplos que conozco de amar lo que uno hace”, explica el coordinador del Seis, Sergio González, que recita “su pasión, su respeto en el trato, el cariño en cada situación, el apoyo en los momentos flacos... Es un diez como profesional y como persona”. Sergio padeció hace algunos meses engorrosos problemas de salud. “Antonio venía con una sonrisa, con palabras de ánimo. Ir al pabellón de Navia era la mejor medicina para mí”, agradece.

“Estábamos en deuda con él, con la obligación moral de devolverle sus atenciones en una mínima parte”, añade el coordinador del Seis do Nadal sobre el acto orquestado por todo el club. Antonio recibe una figura conmemorativa y una carta trufada de dedicatorias, que concluye en letras gigantes:

“Muchas gracias por tanto”

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El epílogo perfecto para eso que el protagonista define como “una historia interminable en felicidad y en experiencias”. Ha sido ayuda y consuelo; corazón de lo diminuto y testigo de lo glorioso.

Imposible anticipar sus peripecias en el soleado Alentejo donde nació. De Portugal conserva el acento goloso. “No hay forma de que se me vaya”, bromea. Su mujer,Rosario, es viguesa, igual que sus dos hijas y sus dos nietas “superguapas”. Igual que él mismo: “Soy más vigués que otra cosa. Lo llevo en el alma. Es algo místico”.

Antonio se había instalado en Vigo tra s un tiempo de emigrado en Suiza. Trabajaba en vías y obras cuando surgió la posibilidad de trabajar para el Instituto Municipal de Deportes. Era 1985. A los contratos iniciales le siguió la primera oposición que se convocó Aprobó. Desde entonces, casi cuatro décadas recorriendo las pabellones vigueses, a la vez que asistía a su crecimiento y multiplicación: “La actividad en los barrios es impresionante. Y si más pistas hubiese, más habría”.

Comenzó en As Travesas, cuando aún existía la piscina olímpica y tanto la Pista Vermella como la del Carmen carecían de techo. “Al marcar las líneas del campo de fútbol nos hundíamos en el barro”, relata. Trabajó en O Berbés y en Balaídos. Y por su inquietud solicitando traslados se convirtió en habitual pionero: el primer conserje de Samil tras la reforma; el primero en Bouzas, el primero en Navia. Argumenta: “De Samil me fui un año que llovía muchísimo y me aburría. Igual que en los pabellones viejos, cuando empezaba a haber goteras. Me gustan los nuevos, donde hay más trabajo, porque soy una persona activa”.

Su memoria es una colección maravillosa de nombres, etapas e instantes; el álbum latiente de una ciudad: “Recuerdo cuando As Travesas se llenaba con el Celta de baloncesto o el Octavio, que casi no nos daba tiempo a barrer, o con aquel torneo extraordinario de hockey. También los campeonatos de tenis en Samil por los que pasaron grandes jugadores. Viví la época dorada del Vigo Stick en Bouzas y la del Vigo de voleibol en Coia, cuando disputaba competiciones internacionales”.

Sus vivencias laborales no se contienen en el deporte. “En la época de la movida, que venían grupos de Madrid a tocar, el ambiente era impresionante. También estuve en el concierto de Madonna en Balaídos, en la zona donde ella y sus músicos se cambiaban. O con los Harlem Globe Trotters o con los Coros y Danzas de la Unión Soviética en As Travesas”.

“Han sido muchos años de cosas buenas, de momentos dulces y también alguno triste”

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Si ha de mencionar amarguras, no incluye ninguna derrota: “Me marcó la muerte de Qinocho. Estábamos en las canchas de Río cuando lo asesinaron en las oficinas. Luego montaron la capilla ardiente. La gente entraba por la pista 1, dejaba sus flores y tarjetas, y salía por la pista 2. Fueron días duros”.

Navia ha constituido su último castillo. Durante esta última década ha tratado especialmente con el Seis do Nadal, que es “una gran familia y Sergio, como un hijo”; también con el Celta, ya no el de los títulos en el Central pero “da igual, te engancha. Siempre he tenido la suerte de que me haya rodeado gente estupenda. Estos últimos tiempos se han hecho más complicados por el COVID. Pero pasarán”.

Antonio Teixeira, con la figura que le regalaron Ricardo Grobas

Su entusiasmo natural impregna incluso la melancolía inevitable del adiós. “Me cuesta asimilar lo que está pasando, como si no fuese real”, describe. “Me entran ganas de llorar, pero nunca he sido de despedidas, sino de comienzos. Lo fundamental en tener alegría e ilusión. Y yo me ilusiono por todo. En la vida hay que disfrutar de lo que hagas. Si no sucede, piensa que estás fuera de lugar”. Teixeira, fuese donde fuese, siempre ha sentido que estaba exactamente en el sitio al que pertenecía.

Devoción unánime de los clubes

“De diez”, lo califica José Cerillo igual que Sergio González y la valoración se repite. El histórico jugador del Octavio lo trató sobre todo en la mudanza del Central a Navia.

“El pabellón era nuevo y no estaba del todo adaptado. Él nos dio todo tipo de facilidades. Siempre intentaba ayudar en lo que fuese”

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“A todos los que hemos convivido tantos años con él nos sucede como quien ha vivido una situación idílica o ha estado con un ser muy querido”, relata el director deportivo del Celta Zorka Recalvi, Carlos Colinas. “Llevo tiempo pensando que algún día nos iba a faltar y enseguida mi mente se negaba a entender la instalación de Navia sin Teixeira. Más allá de los valores humanos que nos ha demostrado de educación, respeto, honestidad y buen trato, su condición de empleado en un servicio público magnifica su figura.

Le daba igual el momento y el interlocutor: un directivo, un entrenador, un padre, un abuelo, una niña… Él siempre tenía una sonrisa, la amabilidad en su trabajo y la preocupación por tus necesidades de club pero también por tus preocupaciones personales. Es un ejemplo de humanidad. Ha creado buen ambiente sin perder de vista el cumplimiento de sus obligaciones. Lo echaremos de menos muchísimo. Una figura como la suya es muy difícil de igualar”.

Homenaje del Seis do Nadal a Teixeira

El presidente del Vigo, Guillermo Touza, resalta: “Mientras estuvo en Coia, antes y después ha sido un hombre atento, trabajador y un gran colaborador con los clubes, con los niños y niñas y con todo el que practicase deporte en el pabellón que él atendía. Mejoraba en lo que podía el funcionamiento de la propia instalación. Es una pena. Se van jubilando las personas que empujaban desde su parcela que el deporte vigués estuviese bien atendido. Cada día quedan menos”.

“Gran persona y gran conserje”, indica el presidente del Iberconsa Amfiv, José Antonio Beiro. “Lo tuvimos muchos años en Bouzas, que inauguramos con él. Ha sido un servidor público en toda su dimensión. Jamás puso mala cara ni tuvo una mala palabra. Lo tenía siempre todo preparado. Se necesita gente como el”. Su nota: “Un diez”.

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