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baloncesto

Las zancadas de Mour

El vigués, de padres senegaleses, ha debutado en EBA con el PPB recién cumplidos los 18 y solo dos años después de iniciarse en el baloncesto en el Novobasket

Mourtala Ka Fall y sus compañeros atiendena Jenaro Alonso antesde iniciar el entrenamiento. | // R. GROBAS R. Grobas

Fernando Pérez Lorenzo, el eterno Mani, ha criado en su regazo a incontables generaciones baloncestísticas viguesas. Él moldeó primero a Álex Rodríguez, Jesús García o Jhornan Zamora, entre los que descollaron, y a tantos otros cuya memoria retiene. “Me siento partícipe de sus éxitos y fracasos. Me involucro a nivel personal. Al fin y al cabo el baloncesto es un juego y eso pasa. Queda lo otro. La inmensa mayoría de los chavales que he entrenado son amigos míos”, se ufana.

Mani ha acudido al partido del PBB contra el poderoso León. Los louriñeses dormirán líderes de su grupo de EBA si ganan. Y lo consiguen por 72-66, con Lucas Vaquero como inevitable líder. “Juega a otra cosa”, se admira Mani. Es otro, sin embargo, el que le llena la mirada y lo emociona. Mourtala Ka Fall ha disputado su segundo partido con los mayores. Ante el León ha anotado su único tiro de dos y ha capturado dos rebotes en cuatro minutos y doce segundos. Estadísticas humildes en apariencia, pero extraordinarias. Apocopado en Mour para los íntimos, este chiquillo inmenso de 18 años recién cumplidos (21 de noviembre) tocó su primer balón en verano de 2019. Mani tuteló su progresión durante dos temporadas en el Novobasket antes de encomendárselo al entrenador, del PBB, Jenaro Alonso. Urgencias del equipo han precipitado su debut en EBA. “Me siento muy orgulloso”, indica Mani. “Esta en buenas manos. Jenaro es un mago”. Tanto él como Alonso destacan: “Mour tiene potencial, proyección y mucho margen de mejora”.

Mourtala Ka Fall, ayer en Porriño. R. Grobas

La familia de Mour procede de la ciudad senegalesa de Touba. Modou Ka abrió el camino a Europa. Sokhna Fall se le unió después. Mour y sus otros tres hijos han nacido ya en Vigo. Aunque Senegal es pródigo en baloncestistas de físico poderoso, nada predestinaba a Mour más allá de la estatura de su abuelo materno, a cuya genética se atribuye. “Mis padres son bajitos y nunca jugaron”, revela. Y él, de hecho, se decantó por el fútbol, en las canteras del Arenas de Alcabre y del Victoria. “Era un delantero tanque”, describe Mour.

La epifanía le llegó al borde de los 16 años, en las canchas de Samil, viendo jugar a su primo bajo el sol temprano de junio.

–Vamos a probar –se dijo.

“Me gustó”, resume. Tanto que decidió enrolarse en algún club de cara a la temporada 19-20. En el Seis do Nadal no quedaban fichas libres. En el Novobasket aceptaron probarlo. Por Maristas apareció un adolescente descomunal en sus medidas. Su altura, hoy en 2.04, palidece en comparación con su envergadura –distancia entre las puntas de sus dedos con los brazos estirados–, que suele ser superior en un par de centímetros. En él se ha disparado hasta los 2.18. Alcanzaba además los 125 kilos.

“Tiene además unas manos gigantes, de dedos muy largos. Pero no sabía ni cómo coger el balón. A tres metros no llegaba al aro. Tiraba cruzando los brazos”, recuerda Mani, que puso tanto interés en su progresión técnica como corporal. Cuando el club le encargó el equipo júnior de Liga Gallega, Mani exigió: “Necesitamos un preparador físico si queremos competir”. Enroló a otro histórico, Floriano Fernández. Él redujo el sobrepeso de Mour, acerando su musculatura. “Le debe mucho a Floriano”, valora Mani.

El joven progresó durante dos años de manera constante bajo su tutela. “Le cuestan los movimientos laterales pero es listo, tienen buena mano y bajo el aro maneja tanto la izquierda como la derecha”, describe. En los enfrentamientos con el Obradoiro, trufado de talentos becados con aspiraciones de profesionalidad, Mour llegó a promediar más de 20 puntos. Él menciona con cariño esa etapa: “Lo pasé muy bien en el Novobasket. Mani es muy buena persona”.

Cumplida la etapa júnior y por tanto su recorrido en Novobasket, Mani quiso guiar a Mour en la encrucijada. “Jenaro y yo somos amigos desde hace mucho tiempo. Su equipo es el mejor de la provincia”, comenta. “Sé que cuida muy bien a sus jugadores”. Así que llamó al entrenador del PBB, que gestionó la mudanza de Mour. A quien en realidad ya conocía. “Lo habia visto jugar al fútbol en un partido contra mi hijo. Siempre lo ves con perspectiva de entrenador de baloncesto”, admite Jenaro.

–¿Qué hace este tío tan grande jugando al fútbol? –se recuerda haber pensado.

“Después le perdí la pista”, añade. Mani lo devolvió a su radar. “Me comentó que nos podía interesar de cara a un futuro”. Jenaro aceptó la recomendación. Habló con los padres de Mour, que se mostraron “encantados”. El chico fichó por el equipo de Primera Nacional, a cuya disciplina se integró combinándola con entrenamientos con el equipo de EBA. “El objetivo era que mejorase y creciese como jugador de cara a un hipotético salto en un par de años”, aclara Jenaro.

Tal era el plan hasta se volteó la situación. La baja de Jens dejó a Jenaro con solo nueve piezas. Otro jugador sufrió problemas de salud, más graves en un primer diagnóstico de lo que finalmente han resultado. Sin posibilidad de realizar fichajes o echar mano de canteranos no inscritos hasta la ventana de diciembre, el PBB se quedaba diezmado durante cinco partidos cruciales. Jenaro y la directiva decidieron que Mour causase baja en Primera Nacional y se integrase oficialmente en EBA. “Lo ideal hubiera sido que combinase, pero tuvimos que hacer un movimiento brusco y tirar hacia delante”, argumenta el técnico porriñés. “Creo que no nos hemos equivocado”.

Plantilla y cuerpo técnico del PBB. R. Grobas

Nada se le exige a Mour, pero Jenaro ha querido que se sienta útil desde el inicio. Debutó en el triunfo por 61-46 sobre el Oviedo (2 puntos y 1 rebote en diez minutos). También salto a la cancha ante el León. “Es un jugador en formación, un niño todavía”, matiza Jenaro. “Pero tiene potencial y es una apuesta de futuro. Nos alimentamos de este tipo de casos, de buscar jugadores por las cercanías que nos ayuden”. Está seguro de que la anticipación en el ascenso con los mayores no perjudicará a Mour: “Sigue progresando y lo seguirá haciendo porque el equipo es maravilloso para eso. Él es muy trabajador y está muy arropado por sus compañeros, que lo respetan, lo cuidan y le intentan ayudar en todo lo posible. Mour está muy bien visto en el club. Todo el mundo está muy pendiente de él. Se encuentra en el sitio adecuado”.

“Su familia es muy humilde. Esto le puede ayudar “, valora Mani, que solo lamenta que el tardío inicio en el baloncesto pueda rebajar el techo de sus posibilidades. “Si hubiese empezado hace cinco años, ya no estaba aquí”, sostiene.

Mour agradece tanto mimo. “El cambio a EBA no me asustó. Sabía que iba a tener menos minutos. Ni tan mal”, exclama sobre esas dos primeras actuaciones. “Creo que puedo mejorar bastante y que en Porriño lo haré”. No le agobian expectativas propias ni ajenas. Se centra en disfrutar de un mundo que todavía está descubriend desde ese cielo en el que habita: “Voy viendo paso a paso”.

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