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fútbol sala

Dos cerebros y un solo corazón

Fer Pitart (izq.) y Lucas Fernández, en el entrenamiento del equipo en el Central Marta G. Brea

“Somos una familia”, afirman ambos del equipo

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El Ganomagoga IES Coruxo ha iniciado con efervescencia una temporada histórica; la de su debut en Segunda División B. Ningún equipo vigués de fútbol sala militaba en la categoría desde la renuncia del Bembrive en 2016. El Ganomagoga logró contra pronóstico el ascenso y se mantiene en esa dinámica de superar sus propias previsiones. El calendario le ha deparado ocho enfrentamientos iniciales contra los rivales más potentes. Ha arrancado con dos victorias y un empate. Entre sus víctimas se cuenta el Guardo palentino, vigente campeón, goleado 5-1 en el Central. El mérito se incrementa por la ausencia de Lucas Fernández. El entrenador, auténtico ideólogo del proyecto, no ha podido sentarse en el banquillo en estas tres primeras citas. Ha estado de baja laboral por enfermedad. Acaba de solicitar el alta voluntaria y cuenta con estrenarse este sábado en Narón, aunque sin agobios. En su ayudante, Fer Pitart, ha encontrado un sustituto fiable. “Nos hemos juntado dos piezas que encajan”, celebra.

“Estoy disfrutando igual”, asegura Lucas, pese a haberse perdido estos encuentros irrepetibles, en territorio hasta ahora inexplorado para el club. “Esto es como el que no está convocado en un partido. Para todos es una gozada lo que está haciendo el equipo. Muestra lo que somos. Está tan contento el que mete tres goles como el que lo ve desde su casa”.

En la hoja de ruta de Lucas se incluye la elevada probabilidad de descender este año. La plantilla es de edad media adolescente. Lucas entiende que la estabilidad en Segunda B se conseguirá en unos años. El brillante inicio no modifica su enfoque pedagógico: “Para mí la permanencia no es el objetivo, sino crecer y sumar todos los puntos que podamos. Ojalá que nos lleguen. Tras el empate contra el Esteo en As Pontes se lo decía a los chavales: ‘Es un punto menos que nos falta, que no nos quede mal sabor de boca’”.

Plantilla y cuerpo técnico del Ganomagoga Marta G. Brea

Ya advierte el técnico que el ejercicio se definirá en el meollo liguero. “Llevo bastantes años y mis equipos siempre empiezan y acaban bien. El resto marca la temporada, claro. Iba tranquilo en este sentido, con la inercia. Un equipo que empieza una temporada como si fuese un entrenamiento más de la anterior tiene mucho trabajo hecho. Sabía que eso supondría un refuerzo. La gente que ha entrado es como si llevase mucho tiempo. No han necesitado mucho para engancharse. Esto es un grupo de amigos, una familia. Cualquier persona que venga con la misma actitud es bien recibida. Un ejemplo es Fer”, concreta.

Habla de Fernando Pitart. Lucas necesitaba un segundo entrenador. Su pareja habitual, Fabián Garrido, no podía compatibilizar el puesto con sus obligaciones lectivas y laborales. Lucas y Fer no se conocían en persona. Apenas habían charlado alguna vez a través de las redes sociales. “Pero en Vigo somos cuatro gatos entrenando a fútbol sala. Pedí referencias suyas y todo el mundo me dijo que era un chico trabajador y con interés. Cumplía el perfil. Como la mayoría de mis jugadores son de 20 años, necesitaba una persona joven que les fuese más cercano”, explica Lucas.

El técnico ha pedido el alta y espera poder sentarse en el banquillo en Narón

Fer tiene 22. Se inició con la pizarra a los 17 en el Cabral. “Me metieron el gusanillo, probé y me gustó tanto que en el segundo año, cuando me di cuenta, estaba dirigiendo cuatro equipos”, se asombra. A los 18 dejó incluso de jugar: “Quería centrarme”. Ejerció también de coordinador del Cabral hasta el año pasado. Y lo compaginó durante campaña y media con el Campito, en cuyo primer equipo hizo de segundo entrenador. Tras concluir esa etapa, se había planteado un año sabático cuando recibió la llamada de Lucas. Fer confiesa: “No me lo esperaba. Me agradó y no dudé un instante”.

Ambos se sienten plenamente satisfechos de su sociedad. “Él es justo lo que yo buscaba y nosotros, lo que él lo que necesitaba. Con su constancia y su comportamiento ejemplar entró en el grupo de manera brillante. En muy poco tiempo se ha ganado el cariño de todos”, asegura Lucas. Fer lo agradece y confirma: “El Ganomagoga es una familia y me han aceptado desde el primer día”.

Lucas Fernández (izq.) y Fer Pitart, en el entrenamiento del equipo en el Central Marta G. Brea

No se incluía en sus planes una prueba de madurez tan inmediata. Lucas, enfermo, cogió la baja laboral. En consecuencia, también se limitó sobremanera su gestión del equipo. Fer tuvo que dar un inmediato paso al frente. “Preparamos todo y al detalle. Esto nos ha supuesto a los dos mucho tiempo y mucha dedicación. Él ha tenido que tomar decisiones y asumir responsabilidades que en situaciones normales no tendría que haber asumido”, elogia Lucas, que ha aprovechado todas las posibilidades tecnológicas. “No podemos teleentrenar, pero durante la pandemia nos hemos acostumbrado a un entorno en el que estas situaciones son mucho más fáciles. No hubo problema. Habiendo buena relación se superan los peros que te puedas encontrar por el camino”.

“Los jugadores están superpreparados y habíamos hecho una gran pretemporada. Eso se ha visto reflejado en la pista”, argumenta Fer sobre su invicta jefatura provisional. “Para mí no ha sido un marrón para nada, sino una oportunidad muy buena. Me ha encantado. Seguiré disfrutando de cada partido y cada entrenamiento”.

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