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Baloncesto en silla de ruedas - División de Honor

Walter persigue el mar

Walter de Horta, ayer en Vigo. Marta G. Brea

El jugador del Iberconsa, hijo de caboverdianos, nació cerca de Burela y quería residir en la costa como en casa de sus abuelos

Walter de Horta se asoma a su ventana en su nueva casa y otea el mar. Lo divisa también cuando le explota en la mirada o cuando su azul se cuela entre los edificios si pasea por la ciudad. Walter ya añoraba el mar antes de haberlo conocido. Siente que es otra pieza fundamental en el puzle de su identidad: caboverdiano, gallego, aragonés... El nuevo jugador del Iberconsa Amfiv prolonga la aventura viajera de sus predecesores. En Vigo se reencuentra con el mar y con la División de Honor. Se siente al fin preparado para ese horizonte infinito.

Del crisol de Cabo Verde, ese archipiélago que revolotea ante el morro de África, procede toda su familia. Desde allí fueron emigrando en oleadas a Europa; a Portugal, destino predilecto como antigua potencia colonial, pero también a Luxemburgo, Francia, Alemania... Por todos esos países se reparten. Los padres de Walter, Fermín y Helena, se asentaron en Lugo siendo veinteañeros recientes. Su padre trabajaba en la industria pesquera de Burela. Walter nació en la cercana Cervo, donde residían. Galicia es para él un relato que le cuentan. Apenas tenía dos años cuando se mudaron a Zaragoza.

La enfermedad que ha condicionado su vida es otro episodio que le pertenece sin recuerdos. Sus padres tampoco han querido nunca ser prolijos en el detalle. Lo cierto es que sufrió una meningitis que derivó en gangrena al poco de que se hubiesen instalado en Zaragoza. La sierra del cirujano tuvo que ir atajando una infección que avanzaba por su cuerpo. Perdió parte de la pierna izquierda, todos los dedos de la mano izquierda salvo el pulgar y otros tantos en el pie derecho.

Walter de Horta, ayer en Vigo. Marta G. Brea

No debió ser fácil la infancia y aún menos la adolescencia, aunque a Walter no se le note ninguna amargura antigua cuando resume con alegría sobre sus ausencias: “Me defiendo bien”. Sí reconoce que el deporte le ofreció un asidero cuando más desnortado se sentía. “No estaba muy centrado en los estudios. Quería hacer algo en lo que me sintiese a gusto. Probé alternativas. El atletismo no pudo ser por el precio de las prótesis. A la natación no le cogí el punto en el tema de la respiración”. El baloncesto lo esperaba al cabo de ese proceso de experimentación, en las escuelas del CAI: “Me gustó. Los compañeros me trataron genial. Fueron cinco años estupendos”.

Walter se aplicó con el entusiasmo del joven que descubre su valía. Pronto comenzó a despuntar y fue convocado para las categorías inferiores de la selección. Pero no todo se ha desarrollado con suavidad en su carrera. En el Santo Stefano italiano, por el que fichó desde el CAI, y el Amivel Clínicas Rincón de Málaga, que lo trajo de vuelta a España, no tuvo el protagonismo dentro de la cancha que hubiera esperado. A nadie culpa. “No estaba formado del todo”, acepta. Tras otras dos temporadas en el Servigest Burgos decidió recobrar impulso retrocediendo un paso. Retornó al Club Deportivo Adapta, de la Fundación CAI, en Segunda.

Su decisión se ha revelado acertada. Walter sintió este verano que estaba preparado para volver a examinarse en División de Honor. “Consideré que podía dar algo más”, confirma. “Cuando pensaba en los equipos de los que me gustaría recibir una oferta el Amfiv era uno de ellos. Significaba poder volver a Galicia y estar a dos o tres horas de Lugo, donde sigo teniendo tíos y primos”.

“Hemos acertado de pleno”, asegura el técnico del Amfiv sobre su fichaje

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El destino le sonrió. Lewis Edwards decidió romper su acuerdo de continuidad con el club vigués. El presidente, José Antonio Beiro, y el entrenador, César Iglesias, se vieron de repente en la necesidad de fichar un 3,5 de las mismas características que el inglés. El nombre de Walter estaba apuntado en la agenda. “Nos fijamos en él una vez que supimos que Lewis Edwards no iba a seguir. Buscábamos un jugador joven, con proyección, versátil, que nos pudiera dar el complemento que nos daba Lewis. Creo que hemos acertado de pleno”, celebra Iglesias. “Walter tiene toda la ambición y en esta pretemporada nos está demostrando lo que ya le vimos la temporada pasada en Segunda División, analizando sus partidos. Posee lanzamiento exterior, capacidad para acabar debajo del aro y manejo de silla a altas velocidades. Puede salir fuera, rebotear y dar un plus defensivo. Acompañará a nuestros referentes ofensivos, ganando poco a poco cuota en el equipo”.

“Viene con muchas expectativas de hacerlo bien. La pretemporada le ha ayudado a integrarse, a coger confianza. Esperamos que vaya sintiéndose más cómodo. Estamos muy contentos con él”, asegura el entrenador, que conoce las etapas ásperas de Walter en la élite: “Hay equipos que no confían en los jugadores jóvenes, no dan la oportunidad. Te venden ese proyecto pero realmente cuando empieza a batirse el cobre de la temporada no hay valor de ponerlos. Walter tiene un par de estigmas de esas situaciones. Pero ya ha visto que aquí no conocemos el miedo. El Amfiv se caracteriza por traer a gente desconocida y apostar por ella, como con Fabián, Manu Lorenzo, Edwards, Mack… Walter ha visto el proyecto, que aquí podía tener su espacio para mejorar, su hábitat, y creo que él también se siente a gusto”.

“El Amfiv es un equipo bastante compacto. Somos pocos jugadores y nos cuesta menos aprender las cuestiones tácticas. A algunos compañeros ya los conocía de preselecciones y de enfrentarme a ellos varios años. Es como una familia”, describe Walter, que agradece la confianza de César Iglesias: “Quiere que cada uno de nosotros explote todas sus cualidades y compaginar quintetos que mantengan el ritmo”.

El Iberconsa Amfiv ha cerrado la preparación con buenas sensaciones. Ha ganado a Valladolid y Las Rozas. Ha perdido con el Ilunion, pero ofreciendo resistencia hasta el último cuarto. Vigueses y madrileños se medirán precisamente en el debut liguero, el próximo sábado (18.00), pero en Bouzas. Walter jugará con las olas batiendo cerca del pabellón, igual que en la casa de sus abuelos en Cabo Verde. Los ha visitado media docena de veces, además de mantenerse en contacto frecuente mediante videoconferencias. “Me he tatuado el nombre de Cabo Verde en mis costillas. Estoy muy orgulloso. Soy caboverdiano y español, con el corazón dividido pero africano”, detalla. De esos viajes recuerda que el Atlántico se le colaba por los pulmones. “Me apetecía también dejar Zaragoza para ver el mar. En la casa de mis abuelos sales por la puerta y lo ves”. A Vigo ha llegado ahora persiguiendo ese mar, que es su hogar y su camino.

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