Lo que se vivió ayer en Tokio ha quedado ya marcado como uno de los episodios para la historia de los Juegos. Simone Biles, la que tenía que ser la estrella de la cita olímpica y que ha acaparado los focos tras lanzar el mensaje de que la salud física y mental está antes que las medallas, ha vuelto a competir. Y lo hizo con una sonrisa y en barra de equilibrio, donde se ha llevado el bronce, el mismo metal que en Río. Daba igual lo que hiciera, lo importante era verla sonreír de nuevo en su hábitat natural.

“Ha sido una semana muy larga, han sido cinco años muy largos”, sentenció tras volver a competir. “No esperaba conseguir una medalla. Solo quería salir y hacerlo por mí, y eso es lo que he hecho. Este bronce es más especial que el de la barra de equilibrio en Río. Lo apreciaré durante mucho tiempo”.

Desde que renunció al concurso completo por equipos e individual para priorizar su salud mental, se mantenía la incertidumbre de saber si Simone volvería a competir en Tokio. Pese a la alegría que generó su inscripción para la final, hasta el último momento se mantuvo la duda de si finalmente se subiría a la barra. Tras su ausencia en las finales de salto, barras asimétricas y suelo, regresó en un aparato en el que es vigente campeona del mundo y del que había sido bronce en Río. En la barra hay menos giros que en suelo o salto, por lo que hay menos impacto del problema de “pérdida de figura”, provocada por la presión; una pérdida de referencia en el espacio, que la pone en peligro en determinadas acrobacias.

La gimnasta confirmó que “la única razón” por la que participó en la barra, al contrario que en las demás finales, es porque el ejercicio no contiene piruetas, “gracias a Dios”, dijo. De hecho, Biles cambió su salida habitual, que sí lleva un giro, por otra con un doble mortal carpado. “En el último momento decidimos cambiar la salida, que probablemente no había hecho desde que tenía 12 años, porque siempre he hecho pirueta desde que tenía 13 o 14 años”, indicó. “En la barra el trabajo es fácil. Siempre he podido hacerlo. No pude salir en ninguna otra final, así que fue una mierda, pero pude competir por equipos. Bueno, el único salto que hice fue genial, pero luego, a partir de ahí, fue como ir día a día y ver cómo iba. Para las demás finales, física y mentalmente no era seguro que pudiera hacer las dificultades sin poner en peligro mi salud y mi seguridad”, afirmó.

Biles recibió una sonora ovación del pabellón japonés cuando salió a competir en tercer lugar. Clavó todos los giros transversales, en los que no tiene problemas, a diferencia de los longitudinales, y también la salida, siendo aclamada por los técnicos y gimnastas que habían podido acceder por las restricciones del COVID.

Al bajar, entre vítores, se fundió en un fuerte abrazo con su entrenadora, Aimee Boorman, y recibió las cálidas felicitaciones de sus contrincantes, empezando por la china Tang Xiging (que había entrado en el último momento en sustitución en la final de la rumana Larissa Iordache). Los jueces le dieron a Simone una puntuación de 14.000, lo que le daba la segunda posición tras la asiática. Solo Guan Chenchen, de 16 años, las superó, con lo que Biles ha quedado tercera tras el doblete chino. Era su segunda medalla en Tokio, tras la plata por equipos, y la séptima tras los cuatro oros y el bronce de Río. Thomas Bach, presidente del COI, bajó a felicitarla antes de que Simone se subiera al podio, donde los ojos le brillaron por las lágrimas de emoción.

Tras esta semana y cinco años tan largos, Biles podrá volver a Texas para recuperarse física y mentalmente. Después de sus primeros Juegos, estuvo dos años sin competir. Un tiempo que aprovechó para escribir su biografía, en la que contó su difícil infancia: los servicios sociales le quitaron a su madre, sumida en problemas de adicciones, la custodia de Simone y sus tres hermanos. Antes de volver a competir, en enero de 2018, explicó también que había sido víctima de los abusos de Larry Nassar, el médico del equipo estadounidense de gimnasia condenado a décadas de cárcel por abusar de al menos 265 niñas. El año pasado Simone cargó contra USA Gymnastics por intentar evitar una investigación independiente para castigar a los que conocían los abusos de ese depredador sexual. Una Federación estadounidense a la que le ha proporcionado su última medalla en Tokio.

“Sé que algunos de nosotros estamos pasando por las mismas cosas, y siempre se nos dice que lo superemos, pero todos somos mayores ya y podemos hablar por nosotros mismos. Al fin y al cabo”, dijo, “no somos un simple entretenimiento. Somos humanos, y hay cosas que suceden entre bastidores que también intentamos compaginar con el deporte”, reflexionó Biles. “Tuve que ser evaluada médicamente todos los días y luego tuve dos sesiones con un psicólogo deportivo del equipo”.

En categoría masculina, Daiki Hashimoto se despidió ayer de los Juegos ganando la barra fija. Tras conquistar el oro en el concurso completo individual y la plata por equipos, el anfitrión se impuso en la final al croata Srbic y al ruso Nagornyy. En paralelas, el chino Jingyuan Zou, dos veces campeón del mundo, en este aparato superó al alemán Lukas Dauser y al turco Ferhat Arican.