Tres años después de que la RFEF decidiera reestructurar el fútbol femenino con la creación de una nueva Segunda División con dos grupos (la Reto Iberdrola), y tras haberse visto obligada por la pandemia a multiplicar el número de descensos desde las categorías nacionales solo hace doce meses, se avecina una tercera reforma de las divisiones al estilo de la vivida este año por la Segunda B masculina. Los clubes ya conocen la propuesta y este viernes la Comisión Delegada de la RFEF ha aprobado normativas y bases de competición de sus ligas, que empezarán entre agosto y septiembre. Los subgrupos, obligados por el coronavirus, desaparecen. Se vuelve al sistema tradicional.

En el fútbol femenino, a los clubes de Vigo y su área de influencia inscritos en Primera Nacional (Sárdoma CF y UD Mos) les espera una temporada muy dura. Con el CD Valladares descendido, desde la liga autonómica el fútbol local no sumará ningún representante en la categoría de bronce al haber caído el Matamá en las semifinales de ascenso.

La RFEF va a instaurar una categoría intermedia entre su segunda división (Reto Iberdrola) y la Primera Nacional. Su entrada en vigor será efectiva al final de la campaña 21/22, con lo que si mosenses y viguesas no se encuentran entre los tres mejores de su grupo, pasarán a jugar en el ejercicio 22/23 en cuarta categoría. La RFEF no lo llama descenso, pero lo es.

Luis Rubiales y su junta directiva han aplicado el darwinismo en su estado más puro: solo sobrevivirán los más fuertes. La Liga Iberdrola (Primera RFEF) pasará en 2022 de dieciséis equipos a catorce. La Reto (2ª RFEF), de los treinta y dos actuales a la mitad (16): bajarán catorce a la nueva categoría de bronce, que se llamará 3ª RFEF y constará de dos grupos de dieciséis equipos cada uno. A ella accederán dieciocho formaciones de Primera Nacional, que cuenta con siete grupos. Es decir, a la nueva división subirán campeón y subcampeón de cada grupo más los cuatro mejores terceros, por coeficiente, de seis de los siete grupos del campeonato (todos menos el canario). Terminar en posiciones de podio obligará a una temporada extraordinaria.

También habrá cambios en la composición de los grupos. Esa es la intención. Los gallegos competirán en el 1 con asturianos y castellanoleoneses, según se está debatiendo. Los cántabros pasarían a medirse con rivales de otra zona geográfica. De cada grupo, de catorce equipos, bajarán a autonómica los dos últimos clasificados.

De la mano de Toni Pazó, el Sárdoma CF llegó en 2012 a Primera Nacional, cuando era la categoría de plata. Un año antes, en 2011, el desaparecido FPRV El Olivo había ascendido desde ella a la elite, en la que militó una sola temporada. En el décimo aniversario del fútbol femenino sardomista en 1ª Nacional, el futuro es grosero porque la categoría está condenada al ostracismo. Como si de una broma pesada se tratara, en 2022 mantendrá su denominación de Primera Nacional, pero la realidad es otra: será la cuarta división del país.

El futuro se cierne sombrío. Las entidades se nutren, en alto porcentaje, de las subvenciones institucionales. Jugar cuarta categoría nacional compromete cualquier ayuda de las administraciones públicas.

La Primera Nacional comenzará el fin de semana del 4 y 5 de septiembre. La jornada 26 se jugará el 23 y 24 de abril. En la planificación, ocho meses de campeonato, última jornada del año el 11 y 12 de diciembre y primera de 2022 el 8 y 9 de enero.

La perspectiva del Celta

Otra cuestión colateral a estos nuevos cambios pone los focos en el Real Club Celta y su hipotética entrada en el fútbol femenino, del que se lleva especulando varios años. Así, si el Celta quisiera empezar “desde abajo”, como ha manifestado de forma repetida el presidente de la SAD, Carlos Mouriño, necesitarí cinco temporadas para alcanzar la elite. Desde la campaña 22/23 en Segunda Autonómica, debutaría con suerte en la Liga Iberdrola en 2027, siempre y cuando fuese a ascenso por temporada.