Laura Vázquez y su entrenador, Marcial Romero, acaban de llegar de la Copa del Mundo disputada en Sarajevo. La viguesa firmó el domingo su primer gran triunfo internacional en la categoría júnior. Aterrizan en Oporto a última hora de la mañana y desde allí, a Pontevedra, en cuyo Centro Galego de Tecnificación residen o trabajan. Marcial Romero anticipa el programa: “Hoy descansamos. Mañana, a trabajar”. Nunca se detienen en su frenétivo viaje conjunto.

El calendario no le consiente reposos a Laura. Este fin de semana debe defender su título de campeona de España. Después, en menos de un mes, encadenará dos nuevas citas de la Copa del Mundo: Coimbra y Praga. Para septiembre queda el Europeo y para noviembre, su gran objetivo: el Mundial. “Luchamos para que ese día sea competitiva y saque el mejor resultado posible. Todo depende de ella”, establece Romero.

Laura ha aprendido a convivir con esa máxima exigencia. Es la última joya de la prolífica factoría de FAMU. El club olívico sostiene sus ambiciones igual que la Federación Gallega, presidida por Mario Muzas. La institución está financiando los desplazamientos de sus promesas toda vez que la Federación Española ha concentrado sus recursos en los astros consolidados.

Es una encrucijada compleja para Laura, aunque sea en una fase tierna de su carrera. Tras un año frenada por la pandemia, la joven debe calibrarse al más alto nivel. En Sarajevo ha aprobado el test. “Ha sido la competición más dura. Había mucho nivel, con medallistas europeas y mundiales. La gente estaba ansiosa por competir”, describe la judoca, que alcanzó la cima del podio derrotando a la bosnia Josipa Brvenik, la búlgara Lidia Brancheva, la francesa Melodie Turpin y la turca Habibe Afyonlu.

“Fui de menos a más, ciñendome al trabajo que había establecido con mi entrenador”, explica Laura. “En la categoría que sea tengo que ser la misma e imponer mi estilo”. Un estilo, por otra parte, en proceso de enriquecimiento. Marcial Romero no festeja solo el triunfo de su discípula, sino la manera elegida para lograrlo. “Laura normalmente destaca por su técnica, su fortaleza mental, su carácter. También destaca porque tiene un movimiento especial de ‘judo pie’, el uchi mata”, indica. Esta vez, en cambio, Laura sorprendió eligiendo otras técnicas y otros territorios: “Ganó los cuatro combates en ‘judo suelo’. Es algo que está trabajando desde hace años y ha dado sus frutos. Ya había ganado algún combate pero no una competición así. Es un punto importante.Le da más opciones como competidora. Estamos muy contentos con su evolución y sus ganas de luchar por sus objetivos”.

No se le oculta a nadie lo que Laura y su entorno han elegido como horizonte: participar en unos Juegos Olímpicos, como tantos compañeros de FAMU; quizá ya en París. “Mantenemos los pies sobre la tierra”, matiza Romero. “La única clave es trabajo y humildad”.

Laura, que ya ocupa el tercer lugar del escalafón nacional sénior, intentará acceder al grupo que la Federación Española conforme cuando se inaugure el próximo ciclo olímpico. “Los juegos de París son el principal objetivo en mi carrera deportiva. De momento vamos paso a paso”, precisa. “Tener a otros compañeros de club en Tokio me motiva y me hace ver que el camino es el correcto”.