“Esto es lo mío”, piensa Aroa Sío mientras contempla desde Chandebrito cómo amanece sobre Vigo. Ha llegado corriendo desde Coruxo junto a varios amigos. Se congregaron frente a la iglesia parroquial antes de que rompiese el alba y han atravesado los montes mientras la luz comenzaba a asomar en el horizonte. Quizá Aroa ya sospeche en ese instante que también amanece sobre su existencia, alumbrando el giro que hoy disfruta. Meses antes decidió dejar de fumar. Ha retomado el deporte. Divorciada, en ese grupo de corredores encontrará al que define como “el amor de su vida”, Abel. Con él comparte la pasión por los trails, en los que la viguesa destaca. Cinco años después de esta epifanía, cumplidos los 42, ha sido convocada para representar a España en el inminente Mundial, que estrenará formato en el Pirineo ilerdense. En perspectiva, otro reto: completar 160 kilómetros, su récord personal, por las faldas del Mont Blanc. “Estoy enamorada de este mundo”, resume.

Aroa Sío.

Aroa Sío. Miguel Rúa

Casi le resultará difícil reconocerse en quien ella misma era hace poco más de un lustro. Aroa Sío practicó el atletismo en su juventud y con aprovechamiento. Quedó campeona gallega en 2.000 metros y en 400 metros vallas en categorías inferiores. A los 17 años, sin embargo, abandonó. Como tantos, se entregó a una rutina sedentaria. “Desgraciadamente caí en el hábito de fumar”, lamenta y mantiene la cuenta letal: “Un paquete al día”.

Sobrepasaba la treintena cuando se divorció. Después, a los 36, probó a preparar oposiciones a la Policía Local. Las pruebas físicas incluyen la exigencia de recorrer 1.000 metros en menos de cuatro minutos. Aroa quiso evaluarse en Castrelos. Paró el crono en 3.40. Pero al concluir su galope no pudo sonreír de satisfacción. “Me moría, me faltaba el aire, me ahogaba”, relata y es como si todavía sintiese esa asfixia angustiosa que te desgarra los pulmones. “Se me encendió la luz”, confiesa. “Esa misma semana acudí al médico para dejar de fumar con un tratamiento. Había empezado un cambio en mi vida”.

Aroa modificó sus hábitos alimenticios para neutralizar esa ansiedad de la abstinencia que tantas veces se convierte en kilos. Enumera: “Limité el azúcar y los procesados; me puse a comer más frutas”. También retomó el atletismo. En vez del tartán de su adolescencia, quiso probar la tierra agreste. Se anotó a la carrera Montes de Vigo, su primer trail, de 19 kilómetros y 1.100 metros de desnivel positivo. No fue un flechazo. Aunque ganó, en la memoria permanece más el padecimiento posterior que la gloria de la meta. Explica: “Me había anotado como aliciente, por motivación. No sabía ni qué era un trail. Ahí empezó todo, pero acabé muerta. Estuve una semana sin poder moverme, con dolores, agujetas... Tenía que bajar las escaleras de espaldas. Fue horroroso. Sufrí tanto que dije: ‘Yo paso de esto’”.

Tardaría algunos meses en contradecirse. Los amigos de entrenamiento, conscientes de la calidad que había exhibido en su debut, tuvieron que insistir. Y así llegó esa cita reveladora en Coruxo a las seis de la mañana, la madrugada en que también conocería a su actual marido. “Correr por la noche me alucinó. Desde entonces he seguido. Son cinco años corriendo en montaña y cinco años casada con Abel. Ambos estamos en este estilo de vida que nos apasiona”.

Aroa Sío, durante un entrenamiento.

Aroa Sío, durante un entrenamiento. Miguel Rúa

çAroa Sío ha disputado alrededor de sesenta trails, a ritmo de uno por mes. Gestiona su planificación Javier Laburu, un entrenador vasco con el que charla de manera constante por teléfono. Laburu le administra los entrenamientos con flexibilidad, en función de sus sensaciones o molestias. “No sé lo que me toca hasta el día antes”, explica Aroa. A expensas de estas variaciones, inicia las cargas un mes antes de cada prueba. Aroa entrena mañana y tarde si toca ultra o solo una sesión para el maratón. Si la viguesa va a afrontar 80 kilómetros, Laburu le reparte esa distancia entre tres días en el inicio del ciclo y los va comprimiendo semana a semana para que el cuerpo se acostumbre.

El método se ha revelado como eficaz o al menos el que más le conviene a Aroa, que ha firmado ya numerosas gestas pese a que su trayectoria en la modalidad es aún relativamente corta. Entre sus victorias destaca la de Madeira: “Es un terreno muy técnico. Se me da muy bien, igual que la temperatura y el desnivel”. En el Campeonato de España encadena tres podios consecutivos: tercera en 2018 en Telde, segunda en Oviedo en 2019 y tercera hace escasos días en Tenerife.

Estas son citas organizadas por la Federación Española de Deportes de Montaña (Fedme), que en el trail, ya que disciplina mixta, comparte jurisdicción con la Federación Española de Atletismo (RFEF). Y es la Fedme la que ha convocado a Aroa para el Buff Mountain Festival; los Campeonatos del Mundo de Skyrunning, que se disputarán en la Vall de Boí del 9 al 11 de julio, con 185 atletas de 25 países. Este certamen incluye las variedades vertical (1.000 metros de desnivel en cinco kilómetros), maratón de montaña y ultra, que es la especialidad de Aroa Sío. Este Mundial se había celebrado hasta ahora en modalidad individual y abierta. En esta edición se estrena como competición nacional por equipos. Gemma Arenas y Maite Maiora componen con la viguesa el combinado español que el día 10 correrá 68 kilómetros, con un desnivel positivo total de 4.800 metros.

A Aroa ya la habían convocado para el Europeo de 2019. Fue con poco tiempo de antelación y ella ya había asumido otro compromiso. “Este año afortunadamente tenía fechas libres. Estoy superilusionada. Voy con compañeras que llevan toda la vida. Son grandes atletas y referentes. Hacer equipo con ellas es un orgullo”, se entusiasma. La federación ha optado por una alineación madura: Arenas y Maiora tienen 41 años. Aroa argumenta: “En carreras de larga distancia la veteranía prima. Hay que tener mucha cabeza; no solo resistencia física sino fortaleza mental. Para las distancias cortas eligen gente más joven. Vas madurando y aumentando distancias”.

Aroa competirá a más de un kilómetro de altura. “Es una desventaja vivir a nivel del mar frente a otras compañeras o rivales que viven en alta montaña. Están más preparadas. Siempre lo hemos podido solucionar de algún modo, adaptándome. No queda otra. Nos está yendo bien. Podría ir mejor pero vivo en Vigo, me encanta y no lo cambio. Es lo que hay”, sentencia.

El resultado se dirimirá según la suma de tiempos de las tres componentes. En este caso, el aspecto táctico del trail pierde peso y no existirá estrategia colectiva alguna. “Aunque vamos en equipo, cada una tiene que hacer su carrera y darlo todo para intentar llegar en el mejor puesto. No hay otra forma posible”.

Aroa Sío, por los montes de Coruxo en 2018, al poco de iniciarse en el Trail. R. Grobas

Podría no ser el único Mundial en el que participe este año. Tailandia acoge otro, en noviembre, que atañe en este caso a la RFEF. Aroa participará en una concentración en Jaca y Sabiñáñigo del 1 al 4 de julio junto a Azara García, Marta Molist y Claudia Tremps, además de Maiora y Arenas. Falta la criba definitiva. Ese Mundial aún queda lejos. Otros eventos aguardan a la viguesa; entre ellos, un ultra en el Mont Blanc. Por el techo europeo ya ha corrido 100 kilómetros. Esta vez serán 100 millas (160 km). “Nunca he hecho esa distancia. Tengo curiosidad de cómo voy a responder”, admite.

Su agenda no presenta huecos hasta diciembre. “”Espero llegar bien y después me tomaré un descanso activo. Paramos de correr, pero se va haciendo bici, piscina, otro tipo de ejercicio...”. En todo caso, retornará sin duda al trail cuando ese relativo reposo concluya. “Me encanta la montaña. Quiero hacer cosas que me gusten, me motiven y me mantengan feliz. Lo dejaré cuando deje de disfrutar”. Ese anochecer aún no se intuye.