Los gallegos Borja Golán y Xisela Aranda, eternos reyes del squash español, ya tienen heredera: Marta Domínguez, que reclama tal distinción recién cumplidos los 19 años. “Estuve presente en sus primeros entrenos y hoy se ha convertido en campeona de España absoluta”, le escribe Aranda a la joven, ambas viguesas. “Conozco perfectamente lo difícil que es lograr este título, nada de esto tendría sentido sin su compromiso, sin su entrega y sin su humildad, sin la cabeza tan bien amueblada que tiene”. Quizá también sin la casualidad o el capricho del destino. Con esos guiños se escriben las leyendas.

El relato todavía incipiente de Marta Domínguez se inició cuando ella y su hermana melliza María tenían 11 años. Habían acompañado a su padre a un partido de squash. El compañero se lesionó y las pequeñas entraron a la pista por aprovechar el alquiler. “Apenas le dábamos a la pelota”, recuerda Marta. Probablemente este deporte la hubiese fascinado en cualquier otro momento. Quizá no. La epifanía de aquel chispazo todavía la acompaña.

El squash ha guiado su vida en cierto modo. A los 15 años dejó su Vigo Squash natal por el Squash Pontevedra. Desde este año reside también en la capital provincial, donde estudia Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Su entrenador y su preparador físico son los mismos que tuvo Xisela Aranda.

“Xise es para mí un referente. Estoy siguiendo sus pasos. Ahora nos vemos poco porque ella está en Tenerife, pero seguimos en contacto por el móvil”, revela. Aranda, además de dedicarse a sus proyectos empresariales, juega al fútbol en la isla. “Me alegro muchísimo de sus éxitos, igual que ella de los míos”, agradece Marta.

Con Borja Golán aún coincide en los torneos. Golán sigue empeñado en ampliar su casi infinito currículo. A sus 38 años, el santiagués no ha podido lograr su decimoséptimo título nacional. Se lesionó en la final y su abandono aupó al catalán Iker Pajares. Marta no esconde su admiración: “Borja es el referente para todos los que jugamos a squash en España. Nadie volverá a conseguir lo que él. Y es una persona humilde, genial. Todos le tenemos aprecio”.

En las instalaciones del Club Esportiu Rocafort de Barcelona donde Golán sufrió su desgracia lograba culminar Marta Domínguez su propia aventura. La viguesa no ha tenido una temporada sencilla. Una lesión en el nervio obturador la tuvo a maltraer hasta marzo. “Fue una etapa dura. No me daba recuperado y se acercaba el torneo. Al final pude entrenar dos meses y llegué muy bien, al máximo nivel. Costó pero salí reforzada”.

Quedaba otro obstáculo, este ya convencional y repetido: Cristina Gómez. Las dos han dominado con puño de hierro el escenario femenino durante los últimos tiempos, pero con mejor aprovechamiento de la murciana, que había encadenado cuatro títulos (los dos últimos, a costa de Domínguez en la final) y ostentaba el número 1 del ranking, con la viguesa como número 2.

Ambas cumplieron los pronósticos. Superaron todas las rondas sin ceder un solo set. Pero esta vez Marta Domínguez llegaba con mejores sensaciones. Había logrado derrotar a Gómez en dos ocasiones recientes, una de ellas en la Copa de España. “Yo creo que la diferencia entre las otras finales y esta era que ya le había ganado antes; la primera vez es la más complicada y tenía más confianza. La presión la tenía ella, que llevaba cuatro campeonatos ganados. Yo no tenía nada que perder y sabía cómo tenía que jugar”, conviene Marta. Y esa firmeza resistió a la derrota del primer set. Se impuso en los tres siguientes a la que, por otra parte, es tan amiga como rival. “Tenemos una relación muy buena. Somos compañeras de habitación en la selección. Es una chica con muchos valores, respetuosa. Le tengo mucho cariño”, revela la gallega.

Marta no se presiona. “A disfrutarlo”, exclama sobre este primer título. Los muchos de Golán y Aranda le quedan aún muy lejos. “Conseguir lo que ellos es inigualable Se les reconoce poco su éxito. Son muchos meses de preparación y todo tiene que salir bien en un partido”. Ella seguirá compatibilizando sus estudios (“lo primero para mí es sacarme la carrera”) con una trayectoria deportiva para la que define una próxima frontera: “Me gustaría entrar en el circuito profesional”.