Ha sido jugador. Es entrenador sénior, de formación y coordinador en el C.B. Seis do Nadal. “A veces hablo conmigo mismo”, reconoce Sergio González de su personalidad múltiple. Pero de todas sus versiones pasadas y presentes, casi también sobre las que trascienden la cancha, elige: “Yo soy entrenador de baloncesto. Es lo que me gusta y me hace feliz”. Felicidad que se sustancia en números increíbles a sus 33 años: 18 temporadas como entrenador, licencia en 42 equipos de diferentes categorías y más de 1.000 partidos durante ese tiempo; nueve temporadas en el banquillo sénior y aproximándose ya a los 200 encuentros oficiales.Su futuro se acompasa con el del Seis do Nadal: “No nos ponemos techo”.

Sergio ingresó en el club de Coia cuando era infantil. Carlos Martínez Vaquero, coordinador pionero, le vio pronto mañas de estratega. A los 15 años, siendo cadete, le ofreció el cargo de entrenador ayudante en el equipo benjamín. Intenta resumir su infinito lineal: “Me gustó y hasta hoy”. Aprendió durante años como secundario a la par que se estrenaba de principal en el minibasket. Se sucedieron las mudanzas entre edades, los clinics, los cursos oficiales... Apenas había cumplido los 18 cuando en 2007 le propusieron ocupar también ese cargo de coordinador que había quedado vacante. Había completado su etapa júnior como jugador y decidió colgar las botas para centrarse en la pizarra y el despacho. “Realmente me llenaba mucho más el tema del banquillo que jugar. Me ofrecieron también la dirección deportiva y suponía un peso más. Yo quería llevarlo lo mejor posible y que la juventud no fuese un obstáculo en un club como el Seis do Nadal, tan importante a nivel económico, con tantas licencias. Tuve que elegir entre seguir con todo o centrarme”.

Entrenar al conjunto sénior masculino llegaría algunos años después, en 2011. “Esa experiencia no se olvida. Algunos jugadores eran mayores que yo”, relata. “Tienes que ganarte su respeto demostrando que te preparas los entrenamientos, que conoces la competición. Hacer las cosas bien te va forjando y te lleva por un camino. Tuve la suerte de tener buenos grupos de trabajo, con compromiso y exigencia. En aquella plantilla combinábamos gente joven con otra veterana”.

Los éxitos acompañaron a Sergio González en la ternura de esa trayectoria. Al segundo año ascendieron a Primera Nacional; de manera inmediata, a Liga EBA, primero sin poder ocupar la plaza ganada por cuestiones financieras y al fin sí, en un hecho histórico para la entidad. “Mi entrada fue buena y eso te rodea de la imagen de cierta valía, aunque sea por la coincidencia de factores”, admite. En EBA no pudieron mantenerse, pero la aventura le resultó enriquecedora: “Fue un año difícil, pero me gustó la experiencia”.

El Seis sénior masculino se ha mantenido desde entonces como un equipo competitivo, a la vez que el club crecía en su estructura. Y Sergio siente que ha evolucionado en este tiempo, moldeándose como el entrenador que es hoy en día. “Al principio era más efusivo, más vehemente en unas cosas y más intransigente en otras. A medida que pasa el tiempo te vas dando cuenta de que la dirección de grupo, la gestión de las personas, es importante”. En consecuencia, se describe: “Soy exigente, me gusta la seriedad entrenando porque tenemos poco tiempo y debe ser de calidad, pero soy capaz de entender qué está pasando. He aprendido a leer mejor las emociones y qué hace falta durante un partido. Mantengo un sello de intensidad, de electricidad, pero más medido”.

En cuanto a propuesta baloncestística, combina practicidad y autoría: “Te tienes que adaptar a los jugadores. Tú puedes tener tu estilo pero no puedes ir hasta el final si sus cualidades y capacidades no te acompañan. Me gusta el ritmo en el baloncesto, las transiciones rápidas. Es muy importante trabajar con los jugadores un buen rango de tiro. El baloncesto va a eso, a anotaciones elevadas de tiro exterior y puntos fáciles en contraataque. Me gustan también las defensas muy encima, intensas, capaces de guantar al par en todo momento. Pero cada año metemos ingredientes nuevos”.

El sénior masculino del Seis concluirá la temporada el próximo domingo (17.00) en Navia, con la permanencia asegurada y a las puertas de la fase de ascenso a EBA –la directiva aprovechará la posibilidad de contar con 150 espectadores para organizar una clausura de campaña global–. La oportunidad bien podría regresar a corto o medio plazo. “La línea que seguimos es no poner un límite a lo que podamos conseguir deportivamente. Sucedió con el sénior femenino. Se produjo la situación de poder ascender a Nacional y el club tiró adelante. Será siempre un esfuerzo económico medido porque la vida del club no depende del sénior. Tenemos muchos equipos detrás. El trabajo de formación no es reemplazable. Pero si podemos tener otra vez EBA en Vigo en algún momento, el club está animado a romper techos”.

Así que su progresión como técnico se la imagina ligada al Seis. Aquel chiquillo que dirigía a hombres barbados empieza a entrenar en el sénior a jugadores que apadrinó en benjamines, “cuando no sabían qué era balón de baloncesto”. Y así se completa el ciclo, que es en realidad el único infinito posible: “Soy entrenador. Me llena”.