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fútbol sala - Tercera División

Un maestro del balón y de la vida

El portero Toni, pieza clave en la gran campaña del Ganomagoga a sus 44 años, en una plantilla en la que la mitad de jugadores no han cumplido 21

Toni defiende la portería del Ganomagoga ante el Campillo.

Toni defiende la portería del Ganomagoga ante el Campillo.

El Ganomagoga IES Coruxo se ha proclamado campeón de la liga regular de Tercera División de fútbol sala en el grupo B. El conjunto vigués iniciará ante el Culleredo las eliminatorias de ascenso a Segunda B. En una plantilla de escasa edad media, nadie encara el reto con mayor ilusión que Antonio Valdivieso, Toni bajo palos. En julio cumplirá 45 años. Ya le ha anticipado a su entrenador, Lucas Fernández, que el último pitido arbitral de la campaña rubricará su adiós. Quiere despedirse dejando a sus chicos, para quienes ejerce de padre,en la categoría de bronce. Un broche a su legado de cultura y valores. Lucas lo resume: “Toni es un tipo estupendo dentro y fuera de la cancha”.

La familia del Ganomagoga, tras conquistar la liga regular.

Ha sido una temporada regular brillante para el Ganomagoga, que ha conquistado el título en apretada competencia con el poderoso filial del Noia –incluye, entre sus figuras, a dos internacionales sub 19– y el Carballiño. El Ganomagoga mostró pulso firme en las últimas jornadas, mientras sus competidores flaqueaban. El Bueu ha completado el cuarteto que se cruzará en las eliminatorias por la fase de ascenso con los cuatro primeros del grupo A: Lugo, Begonte, Valdesuso y Culleredo, que será el primer rival de los vigueses. La única plaza se resolverá en los cinco próximos fines de semana, con dos rondas a ida y vuelta y una final definitiva.

Lo ya recorrido por el Ganomagoga resulta meritorio. En verano se había remodelado la plantilla con siete incorporaciones. Siete son también los jugadores nacidos de 2000 en adelante. Ningún otro supera los 30. “Compites para quedar lo más arriba posible. Nuestro objetivo era entrar en el play off. Y para mí, como entrenador, el objetivo era formar un equipo. Eso ya me parecía más que ambicioso”, recalca Lucas.

Para compensar, aunque mínimamente, ese déficit de experiencia, Lucas y la directiva le reclamaron a Toni que regresase. La carrera de este portero refleja su longevidad, con clubes y categorías que ya no existen o han ido cambiando de denominación. Ha militado en Graniblock, sección del Coruxo F.C., o Talleres ABC; ha jugado en Nacional A o Nacional B. Cuando él y sus amigos comenzaron a tener hijos y tuvieron que vaciar su agenda, se refugiaron en el Lume, con el que han conquistado varios títulos en Autonómica. Y entre el Lume y el Ganomagoga ha ido saltando Toni en las últimas campañas, siempre por echar una mano cuando se lo han solicitado. Lucas se deshace en elogios y confirma la importancia de su rol: “Toni nos ayuda muchísimo, es de los que tiran del carro”.

El fichaje por el Ganomagoga permitía a Toni competir en este año de pandemia en el que la Autonómica ha quedado suspendida. En su decisión se mezclaban pros y contras. “Soy muy mayor para la categoría”, acepta. “Un juvenil que lleva toda la temporada con nosotros tiene 16 años, Mi hija mayor tiene 15. Su padre es un año menor que yo y su madre es de mi edad. Es una burrada. La diferencia de edad es un abismo”. A la vez explica: “Me hacía ilusión. A alguno de esos chavales los conocía de cuando ya había estado en el equipo hace dos años. Otros son nuevos. Es gente muy buena físicamente, dura, con mucho talento. Y es un muy buen grupo humano”.

En ese aspecto de cohesión ha querido incidir Toni. “Aparte de intentar ayudarles a nivel deportivo, aplicando tu veteranía, haces un poco de padre... Le echo la bronca si alguno suspende y le digo que primero son los estudios, aunque en general son buenos estudiantes”.Él pronto percibió que la plantilla podía trascender la suma de individualidades: “Aunque no tengo una bola de cristal, llevo años jugando y les veía ese algo. Si se podían conjuntar, como se han acabado conjuntando, podían optar a cosas importantes. Yo también quiero que entiendan que ser un equipo no es solo ir a jugar y que al acabar se vaya cada uno a su casa. En la cancha das más por un amigo que por un compañero. Trato de que vayamos a tomar un café antes de ir a entrenar o jugar, de reunirnos y que lo hagan más por ellos; yo ya no pinto mucho. Es para que tengan un futuro juntos. A mí eso me pasó”.

Su magisterio vital y la dirección clara de Lucas Fernández han conseguido lo que ojos menos duchos habrían descartado: primeros de grupo, máximos goleadores y menos goleados. “Para mí, como entrenador, los objetivos están cumplidísimos. Sabemos que ascender será complicado. Ahora vamos a disfrutar con la máxima motivación y con el compromiso que todos han demostrado desde el primer entrenamiento”, propone el entrenador.

Toni maneja, por su parte, un sueño muy concreto. “Físicamente me encuentro bien, pero la edad empieza a notarse. Cuando acabo un partido estoy dolorido. El parón del COVID me afectó. En la portería te llevas un montón de golpes y ahora me duelen”, describe. “Mi ilusión es dar todo lo que pueda para ascender y que estos chavales puedan jugar en Segunda B, pero yo no jugaría. Mi idea es acabar. Hay que dejarles sitio a los jóvenes y el cuerpo ya no me da”. Se lo ha anticipado a Lucas, si bien le ofrece su ayuda en cualquier otra tarea. Pero no se retira. Volverá a cobijarse en Autonómica o incluso en la liga local “por matar el gusanillo”, confiesa. “Es algo que me corre por las venas. Soy portero desde los seis años. No me planteo dejarlo de manera total. Cogería una depresión”. Le queda en Tercera una última misión: completar el crecimiento de sus críos y dejar que vuelen.

La dolorosa impotencia del fútbol sala vigués

El fútbol sala vigués produce talentos. Pero ningún proyecto cuaja en la clase media. Un mal incluso provincial. Solo el Leis compite en Segunda B y solo el Bueu, gracias al average, acompañará al Ganomagoga en las eliminatorias de ascenso de Tercera. Nada más arriba de esa frontera. Pero el caso olívico resulta especialmente doloroso, sin un representante masculino en las categorías nacionales desde el agotamiento del Bembrive. “En Segunda B debería haber un equipo”, sostiene Lucas Fernández sobre esa impotencia viguesa. “Me parece muy triste. Soy muy crítico conmigo como entrenador, con los demás entrenadores, directivos y el resto de implicados en el fútbol sala”. Se consuela con el porvenir que percibe en su propio vestuario: “Por eso me hace especial ilusión la juventud de mi plantilla. Dice mucho del fútbol sala que podemos tener en los próximos años, del futuro que debería haber, aunque temporada tras temporada, por una cosa o por otra, no lo estemos consiguiendo”. Toni analiza la situación como actor durante casi tres décadas. Y establece un diagnóstico que puede aplicarse a otros deportes como el baloncesto masculino o el balonmano. “Es triste que no haya un equipo en Vigo mínimo en Segunda B o en Plata. Siempre hubo buenas generaciones. Faltaron patrocinadores fuertes que realmente apostasen por el fútbol sala. Además en Vigo hay muchos clubes y entre ellos siempre se tiran los trastos. Deberían unirse más y fomentar que los jugadores sean buenos en todos. Y si uno tiene el equipo en lo más alto, que las canteras de los otros colaboren”.

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