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Baloncesto en silla de ruedas - División de Honor

Amor que es historia

Shelley Cronau en la celebración de la Challenge Cup

Shelley Cronau en la celebración de la Challenge Cup

Han sido pareja sentimental durante una década y compañeros de equipo durante un lustro. El amor cambia y las etapas profesionales concluyen. Permanecen inalterables los recuerdos fuera y dentro de la cancha. Shelley Cronau y Agustín Alejos se han divorciado.

Cronau regresa a Australia tras divorciarse de Alejos - Su asociación deportiva ha escrito páginas de oro en el Iberconsa

Rompieron a comienzos de una temporada que se les ha hecho dolorosa, sin la distancia que necesitaban. La australiana regresa de manera inmediata a su país. El vigués probablemente renueve, aunque maneja otras ofertas. Ambos trascienden ya su intimidad. Son historia hermosa en el Iberconsa Amfiv y en el corazón de Vigo.

  • La mujer de hierro
    Cronau se ha convertido en una pieza esencial del Amfiv por su inteligencia y dureza - "Si necesito mandarle un 'recado' a un rival, se lo da Shelley", revela César Iglesias

El baloncesto en silla, aunque lo hayan sufrido por claustrofobia en los últimos meses, ha enriquecido sus vidas y los reunió en la encrucijada improbable de los grandes relatos. Agustín Alejos, que nació sin el gemelo de la pierna izquierda y se formó en el Amfiv, probó en 2010 la aventura australiana.

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La pareja de oro del Iberconsa se separa

En los Queensland Spinning Bullets conoció a Shelley Cronau, que había sufrido una severa lesión medular al caerse por unas escaleras y estaba empezando a jugar como progresión definitiva en su terapia. Aquel chico de Vigo y aquella chica de Brisbane, nacidos a 15.000 kilómetros de distancia, conectaron como amigos. Después cuajó el amor. En 2014 se casaron.

Posando con las camisetas de Celta y Manchester United para un reportaje en Balaídos Marta G. Brea

Viajar entre antípodas ha sido desde el inicio un componente indispensable de su relación. Shelley conoció Vigo en 2011 y lo frecuentó a partir de entonces en las vacaciones. Agustín y ella se ejercitaban con el Amfiv en sus visitas. Shelley ya se sentía una integrante más de esa familia cuando llegó la oferta del club en verano de 2016 que les permitiría conjugar también en Galicia, al menos durante algunos años, su combinación personal y profesional.

Contratar a Shelly no se entendió como un peaje por recuperar al prestigioso canterano internacional –poco después de la firma lograba la plata en los Juegos de Río–. Agustín Alejos es ciertamente un anotador prolífico, creativo en las asistencias, con manejo de silla.

Shelley tiene una puntuación de 2,5, que al jugar en baloncesto mixto se reduce a 1; así que en realidad es un punto bajo veloz para tal condición, muy dura a nivel defensivo y con excelente lectura táctica. “Si necesito mandarle un ‘recado’ a un rival, se lo da Shelley”, ha comentado en alguna ocasión César Iglesias. “Maneja bien la silla y es una computadora en el campo: qué hay que hacer, a quién hay que ayudar, cómo podemos atacar. Es tan vital en este equipo como Agustín”.

Tal ha sido su asociación: la pequeña australiana, de mirada angelical, abriendo espacio a cuchillo en la zona rival para que Agustín anotase. Una pareja clave en un periodo fructífero del Amfiv, que experimentó su culmen en una de las páginas más brillantes del deporte vigués: la conquista de la Challenge Cup el 30 de abril de 2017.

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El Amfiv inaugura su palmarés europeo con la Challenger Cup

Su éxito no se contuvo dentro del terreno de juego. Han sido portada de periódico, han protagonizado campañas de publicidad, han sido reclamados para participar en ceremonias... Shelley Cronau y Agustín Alejos han representado la diversidad, la superación, el compromiso... Todo era cierto. Pero también los seres humanos que sufrían a puerta cerrada por el deterioro de su relación y que el pasado mes de octubre decidieron separarse. Un hecho que hasta el momento se había reservado para los más próximos. “No mucha gente sabe que no estamos juntos, solo la más cercana, gente del equipo, nuestras familias, jugadores de otros equipos que son amigos”, enumera Agustín.

“Ahora muchos se sorprenderán. Sí que es verdad que la imagen que había era de una pareja en la que todo iba bien, que era espectacular, una pareja ideal. Es así, es lo que hay”

Agustín Alejos

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Shelley Cronau y Agustín Alejos en un viaje a Venecia

Shelley Cronau y Agustín Alejos en un viaje a Venecia

A Shelley le tributaron un homenaje el pasado sábado, en el partido contra el Burgos; su despedida de ese Pabellón Pablo Beiro de Bouzas que ha sido su casa. Tras cerrar la liga en Málaga, debe incorporarse a una concentración de la selección femenina australiana, perdiéndose la Copa del Rey. “Estoy un poco triste pero feliz también”, describe la jugadora. “Estoy triste por tener que irme a construir una nueva vida, pero contenta por dejar al equipo en buena situación y de buenas maneras. Tengo ganas de volver a Australia para estar con la selección otra vez. No he podido estar en mi país desde hace tres años”, recuerda. El COVID había imposibilitado un traslado que ya suele ser complejo.

Los dos, jugando y en Balaídos

Los dos, jugando y en Balaídos

Agustín y Shelley han transitado una última temporada desgarradora.Habían dejado de compartir piso, pero seguían compartiendo club; ya no la rutina cotidiana, pero sí la agenda acelerada del baloncesto. “Nos separamos en octubre. Compartir vestuario con tu exmarido o tu exmujer es bastante complicado”, conviene Agustín. “No es normal separarte de alguien y seguir viendo a esa persona. Mentalmente ha sido un año difícil para los dos. Ella ha preferido volver a Australia para prolongar su carrera con la selección al entrenar con ellos más tiempo. Al no estar juntos, la decisión más apropiada para ella era irse”.

“Vine aquí para jugar y estar con él; al no seguir juntos, me voy”.

Shelley Cronau

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Agustín se queda de momento a cargo de Mitchell, el perro de Shelley. Las autoridades australianas demandan requisitos muy exigentes respecto a vacunas y demás. Al menos seis meses de proceso. Shelley volverá a buscarlo en otoño. Después se irá definitivamente, sin fecha ni sitio de reencuentro. Ella puede imaginarse a ambos compartiendo equipo en el futuro. “Le llamo la fiebre de la línea blanca. Cuando entro en la pista no me importa nada de lo que pasa en el exterior”. A Agustín aún le cuesta: “Sí que me afecta. Supongo que una vez que pase el tiempo y tengamos nuestras vidas hechas por separado sí que no habría ningún problema”.

Empieza a sobresalir lo que persistirá: “Antes de estar juntos ya éramos amigos y siempre nos quedarán los recuerdos de todo lo que hemos vivido”, concuerdan. “Son muchas cosas juntos tanto en la vida privada como en la deportiva”. Shelley se despide: “Pocos australianos pueden permitirse el lujo de venir a España, viajar por toda Europa, disfrutar de estas experiencias, tener patrocinadores que te ayuden como Mais que Agua e Iberconsa, una foto mía de Más Visión en un escaparate de La Florida, la relación con el alcalde... Todas eso se queda conmigo”.

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