Marc Márquez (Honda), el campeón de la década, el piloto que ha marcado la pauta a seguir en el Mundial de motociclismo desde su debut en 125cc (2008), su paso por Moto 2 (2011) y su explosión en MotoGP (2013), cuando logró su primera gran corona (la tercera de su brillantísima y casi única carrera) rompiendo todos los récords de precocidad, logró ayer, en el vestiginoso circuito de Portimao, una nueva gesta al concluir en séptima posición el Gran Premio de Portugal después de nueve meses sin subirse a su Honda de carreras y tres operaciones en su brazo derecho.

Márquez, que estalló a llorar al llegar al box del equipo Repsol Honda y recibir el aplauso unánime y emocionado de ingenieros, mecánicos, manager y su padre, reconoció que esa gesta era el inicio de su vuelta, que aún está lejana, “para ser el Márquez de siempre”. La reaparición del ocho veces campeón del mundo se produjo, tal vez como homenaje a su precocidad, determinación y pasión por las carreras, el día en que triunfaron tres llamados novatos, llamados a ser el futuro como son el francés Fabio Quartararo (Yamaha), ya líder de MotoGP tras enlazar su última victoria en Catar con la de ayer, de calle, de lujo, en Portimao; el jovencísimo Pedro Acosta, de 16 años, ganador, de nuevo, en Moto3, piloto revelación del año capaz de subirse al podio en las tres primeras carreras el año de su debut en el Mundial y el no menos atrevido Raúl Fernández, de 20 años, vencedor, el pasado año, en Portimao en Moto3 y que ayer, en su tercera carrera en Moto2, también logró la victoria en el sube y baja del trazado portugués.

MM93 logró ese impresionante sorprendente, trabajado, luchado, sacrificado y merecidísimo séptimo puesto antes de romper a llorar, cosa inusual en él. “Todo el mundo sabe que intento ocultar mis sentimientos pero he estallado al acabar la carrera y ver, no solo que he podido terminarla, sino la felicidad de toda mi gente, el orgullo que sentían de que hubiese podido cruzar la meta algo que, sinceramente, antes de empezar la carrera no pensaba que pudiese cumplir. Ha sido una nueva experiencia para mí, Me siento muy contento de todo lo que he vivido este fin de semana”.

MM93 ha reconocido, posteriormente, en una entrevista con Izaskun Ruiz, en DAZN: “He vuelto a llorar, han sido lágrimas de satisfacción, de emoción, de orgullo, no de dolor, ni de cansancio”. El ocho veces campeón del mundo considera que el secreto de la carrera, de poder acabar un GP que no creía poder concluir, “ha sido tener paciencia sobre todo en las primeras vueltas, cuando han abusado de mí y me han ido pasando pilotos. Ese ha sido el punto clave darme, cuenta de que no estaba en mi sitio, no era yo, no estaba jugando a mi nivel y debía dejarles pasar y hacer mi carrera”. Márquez ha reconocido que cuando mejor se encontraba, a mitad de carrera, “ha venido el hombre del mazo y me ha dicho ‘calmate o no acabarás”.