Si alguien anhelaba un mes tranquilo, que se apriete el cinturón. La derrota muestra la entereza del equipo que hizo acto de presencia desde el minuto cero en Ganzábal, del grupo que esta vez no estuvo en modo siesta. También esconde cierta impotencia en el remate, pero también ante la falta de recursos propios en la creación cuando el Langreo le abrió la puerta de par en par para ganar el partido y cuando se vio en los minitos finales ante una hipotética remontada.

El equipo coruñés fue poniendo el pecho para aguantar las primeras embestidas de un intenso y desafiante Langreo. Corría, golpeaba, buscaba ser un relámpago. Pulgada a pulgada, el Dépor acabó reduciéndolo en el primer cuarto de hora. Subía y subía la línea hasta hacerle la vida imposible, defendía casi en campo rival.

El Langreo, equipo con magníficas hechuras en el primer acto, fue poco a poco ajustándose hasta sacar mejor la pelota, hasta empezar a echar atrás al Dépor. Ya antes había avisado en una contra que olía a gol, pero que Borja Granero acabó cortando en un despeje con pirueta. No le sobró, en ese tramo, profundidad al conjunto local. Empujaba y empujaba y el equipo coruñés terminó por pasarlo mal.

La segunda parte amaneció igualada. Fue un espejismo. El Langreo pronto dimitió. El esfuerzo de los primeros 45 minutos pareció pasarle factura y se convirtió en un equipo errático y largo, que solo dependía de la inspiración y las cabalgadas de Allyson y de Ketu.

Entre unos y otros acabaron por resucitar al Langreo cuando ni él mismo se lo creía. Un balón al área, una peinada y una mal defensa de Borja Granero le regalaron un gol con el que no contaba, 1-0. Vuelven los problems y las cuentas.