Después de haber acumulado tanto empeño en los intentos como críticas por los fallos, el día que eligió Vinicius para despegar como goleador no pudo ser más apropiado para el Madrid. El partido del brasileño en la ida de cuartos de final de la Champions, con su primer doblete desde que viste de blanco, será recordado como el día en el que se elevó de un driblador errático en la toma de decisiones a un goleador que dejó noqueado a un infausto Liverpool que se encontró, en los diez minutos que dominó, un gol que le deja un hilo de esperanza para la vuelta en Anfield.

Los goles de Vinicius fueron el resultado de un gran partido del Madrid, magistralmente planteado. Solo Zidane sabe si, además de la ausencia de Ramos, la baja de última hora de Varane, tras un positivo por COVID que le va a dejar fuera también para el clásico ante el Barça del fin de semana, fue determinante para desechar la idea de los tres centrales con la que había ensayado, pero el Madrid no sufrió ningún disparo en contra en el primer tiempo y, con su habitual sistema con tres atacantes, encontró a Asensio y Vinicius como los receptores ideales de los pases de Kroos.

Klopp sacrificó a Thiago para dotar a su centro del campo, con la entrada de Keita, de una dosis añadida de poderío físico para poner en liza una presión intensa que no incomodó como esperaba el nacimiento de la jugada del Madrid.

El equipo de Zidane salió al partido intenso y combinativo, con velocidad en el pase y en la ejecución, sin lugar a la especulación en su vocación ofensiva. Aunque el ritmo del partido era trepidante, pasaron más de 20 minutos sin ocasiones claras, hasta que Kroos tuvo un segundo para pensar y ejecutar un pase magistral a la carrera de un Vinicius que se ganó el espacio con el control para afrontar un mano a mano que resolvió con una definición rápida, sin pensar demasiado.

Siguió sin generar peligro el Liverpool, que pareció quedar noqueado y empezó a perder balones con asiduidad. Así llegó el segundo gol blanco, con asistencia involuntaria de Alexander-Arnold en el intento de cortar otro pase a Vinicius que dejó en ventaja a un Asensio.

El Madrid había encontrado una mina en los balones largos y tenía al rival tan tocado que Klopp no aguantó al descanso para cambiar a Keita por Thiago. A medio camino entre las urgencias del Liverpool y los deseos del Madrid de volver a encontrar los espacios a la espalda de la defensa rival, el equipo de Zidane se echó atrás tras el descanso y el centro de gravedad del partido se movió hacia las inmediaciones del área de Courtois. Antes de haberlo merecido, recortó distancias Salah.

Como espoleado por el gol en contra, el Real Madrid recuperó el control del balón y del partido. Se instaló en campo rival, volvió a terminar jugadas y, de nuevo Vinicius, encontró un disparo dentro del área con el que volvió a marcar para sellar un gran resultado.