El Torralavega tiene medio andado el camino hacia Asobal. Los cántabros solo habían perdido un encuentro en toda la temporada: el debut, el 27 de septiembre, en su visita al Antequera (27-26). Desde entonces, 17 victorias y dos empates. Sus 17 puntos –descontando al Barcelona B, ningún otro sumaba más de 11 hasta ayer–, en el traslado a la segunda fase, les conferían sensación de invulnerabilidad. Esa confianza les permitió sobrevivir al primer intento de ruptura del Acanor Novás Valinox y los impulsó en la segunda mitad. Del 18-13 escalaron hasta el 23-20. En ese instante, una doble exclusión de Trigo y Manu parecía abismar a los locales a la angustia. No sucedió. Los de Álvaro Senovilla resolvieron el trance con un parcial favorable de 2-0. Y aunque luego también ellos cometieron ese exacto pecado, el choque ya había quedado resuelto. El líder ha sucumbido. El Novás alimenta su sueño.

El Torrelavega, como tantos otros antes, viajó a O Rosal a por rosas y solo ha encontrado rosarios. En el pabellón vecino a la Praza do Calvario, en Sábado Santo, murieron los visitantes sin resurrección. Un extraordinario García Lloria, que detuvo seis penaltis amén de contragolpes y otros milagros, lideró a los rosaleiros. Triunfo de primera línea por la categoría del adversario y por cómo se sustanció. Faltó conexión con los extremos y el pivote. Abundaron, en cambio, los cruces elaborados por el centro. Manu Martínez y Aymerich se fueron relevando en la dirección. Martín Molina y Krook los acompañaron en la definición.

El partido tuvo distintas velocidades en su desarrollo y en el planteamiento de cada contendiente. Al rápido intercambio de goles del arranque le siguió una fase más espesa, sin anotación durante varios minutos. El Novás masticaba con lentitud cada ataque y el Torrelavega los quería gestionar a grandes tragos. Pero ambas defensas en 6.0 interrumpieron esos planes. Senovilla había adoctrinado a sus jugadores sobre la necesidad de detener las rápidas transiciones cántabras. El Torrelavega dispuso de su última ventaja con el 5-6.

A partir de ahí Lloria le echó cemento a las escasas grietas que sus compañeros dejaban en defensa. El Torrelavega empezó desperdiciando penaltis como si fuese un detalle anecdótico y acabó sudando, traumatizado, cada vez que debía enfrentarse al portero vigués desde los siete metros. Al descanso, un equipo que había anotado 30 goles en Alicante y 34 ante el Eivissa, en las dos primeras jornadas de la liguilla, solo era capaz de sumar una decena y agradecido.

El Novás hace tiempo que ha adquirido una tremenda consistencia. La goleada al Cajasur (33-21) no fue casualidad y la derrota en Antequera (31-29) debe interpretarse de la manera adecuada: ante otro de los claros favoritos, en el desplazamiento más incómodo y, según los rosaleiros, lastrados en la recta final por ciertas decisiones arbitrales. Así que el Torrelavega, aunque no lo supiese, tenía pocas posibilidades de sobreponerse, incluso aunque el marcador se estrechase hasta el 21-19. Senovilla manejó con pericia su banquillo, especialmente las combinaciones de jugadores en esa primera línea que el Torrelavega nunca supo descifrar. Aunque a veces amagaba con interrumpir el juego local, siempre al borde del pasivo, el Novás acababa por encontrar el hueco.

Triunfo mental

No solo dominaron los anfitriones sobre la cancha. También en ese duelo mental, interior, que es tan decisivo cuando las competiciones se asoman a su resolución. El Torrelavega, tal vez desacostumbrado a la derrota, a esa desagradable sensación de fragilidad, perdió el temple en los últimos minutos. Malgastó sus últimas opciones en ataques precipitados y roces que solo favorecían al Acanor Novás Valinox. Así concluyó el viacrucis torrelaveguense y así sigue tentando el club rosaleiro la gloria. Lo que parecía una quimera empieza a asentarse como una posibilidad cierta: ascender en cuerpo y alma a los cielos del balonmano español.