Diego Simeone regresó al pasado, recuperó su espíritu más defensivo y transformó a su Atlético de Madrid en un rival menor, sin ataque ni contraataque, sin más que un plan conformista, conservador e insuficiente, castigado por la chilena de Olivier Giroud que premió al Chelsea y demostró que jugar al 0-0 no garantiza el empate, menos en el rigor de la Liga de Campeones.

Es una competición que no espera a nadie. No admite matices. Necesita ambición. Si alguien la quiere, tiene que ir a ganarla. Esa premisa tan natural, tan ligada a la mentalidad ganadora que le ha dado Simeone, no lo fue tanto ayer. Si el técnico argentino salió a vencer su partido lo hizo en su manera más peculiar y más defensiva, más habitual en el pasado que en esta temporada, cuando el paso adelante generó tantos o más resultados.

Bucarest y el Chelsea son dos nombres que devuelven al Atlético de Simeone al origen. A aquella Liga Europa de 2012 que ganó en el estadio Nacional y a aquella Supercopa de Europa con la que apabulló al conjunto londinense en Mónaco. Era 2012. Son dos momentos imborrables. Pero son pasado. Sólo una parte –crucial– del relato.

La ambición del Atlético debe ir muchísimo más allá. No es aquel equipo que nada más iniciaba un recorrido impensable hacia su presente y que ni siquiera intuía, probablemente, que iba a alcanzar todo lo que ha alcanzado. Y, ni mucho menos, que iba a ser aspirante, con alguna presunción de favorito, cada vez que rebusca la deseada Liga de Campeones, hasta ahora un amor imposible. Por eso, el Atlético fue más que decepcionante.

Hasta el minuto 67, si el plan era el 0-0, le había salido bien, porque el Chelsea es lo que es. Pero jugar tanto a defender, a conservar, tiene un precio muy alto. No se juega con un marcador favorable, sino con un empate, siempre al filo de la derrota, del más mínimo detalle. Era el minuto 67, cuando un rechace lo remató de chilena Olivier Giroud. Pareció fuera de juego, lo revisó el VAR... No lo fue. El balón procedía de Mario Hermoso. Sólo por interés lo mereció el Chelsea, sólo por conformismo lo mereció el Atlético. Queda Londres. Al equipo rojiblanco sólo le vale ganar.